


Una Crítica Islámica de la Economía
'Umar Ibrahim Vadillo
LA PLENA LIBERTAD DE COMERCIARLa plena libertad de comerciar consiste en una libertad, de competencia y concurrencia, existencial y no retórica, es decir, la capacidad de toda persona o colectivo de poder producir e intercambiar los bienes de su propiedad a un precio comúnmente aceptado y equitativo con cualquier otra persona o colectivo. Implica la eliminación de todos los controles del mercado que lo han transformado en un sistema usurero. El restablecimiento de un auténtico mercado libre consiste en: A) La libre elección de moneda La libre elección de moneda implica que son los ciudadanos como comerciantes quienes deciden cual es la mercancía que quieren utilizar como medio de cambio. Por tanto, es contraria a la imposición de una moneda artificiosa. Hoy en día los ciudadanos sufrimos la silenciosa imposición de una moneda estatal sin valor como mercancía, es decir, de unos trozos de papel cuyo derecho exclusivo de producción gozan, no sólo los bancos estatales, sino también los bancos privados, y cuyo valor legal establece compulsivamente el estado. Moneda es, o debe ser, cualquier mercancía libre y comúnmente aceptada como medio de cambio. Gracias a esta imposición de la moneda bancaria, los bancos gozan de un privilegio extraordinario: Pueden alterar el valor de la moneda que los usuarios ganamos a cambio de nuestro trabajo; pueden aumentar la cantidad de dinero en el mercado simplemente creando más dinero o más crédito de la nada. Para que esto funcione, los usuarios están forzados a aceptar esta moneda legal, impidiéndose, con múltiples mecanismos, el uso de ninguna otra moneda dentro de cada territorio estatal. Los bancos, así, tienen el privilegio único de poder prestar dinero en cantidad superior a lo que realmente tienen en efectivo(1). Ahora bien, cada vez que se crea más dinero, que estamos forzados a aceptar, se producen, seamos o no conscientes de ello, dos consecuencias inmediatas: 1.- ver apéndice B: "¿Cómo funciona un banco?” 1.- EL LENTO ROBO INFLACIONARIO Los usuarios a la fuerza del papel moneda estatal descubrimos que éste se devalúa continuamente. Es decir, el precio que pagamos para adquirir el papel es mayor que el que recibimos cuando lo gastamos. Este proceso se repite de una forma lenta pero contundente, robando a cada poseedor o ahorrador de esta moneda una porción de su ahorro, aunque éste sólo lo posea por un pequeño periodo de tiempo. Todas estas porciones sumadas unas con otras constituyen una inmensa cantidad robada. A este robo los economistas prefieren designarlo con el término neutro de inflación. Y aunque considerada como un problema, ésta adquiere la misma categoría moral que un desajuste cualquiera dentro de una ecuación matemática. Una de las consecuencias de este proceso es la creación de una nueva clase social totalmente desposeída: Los jubilados. Por otra parte el pago a esta masa mendicante, de cuya creación el estado es el único responsable, sirve de justificación perfecta para seguir hipotecando a la siguiente generación, la de los hijos. Los trabajadores retirados no entienden como a pesar de llevar una vida entera dedicada al trabajo, al final de su vida productiva se encuentran sin nada. Precisamente en esta edad, cuando deberían poder gozar de todo el esfuerzo realizado, tal como sucedía antiguamente, resulta que es cuando menos tienen. Los economistas nos han engañado con falsas excusas, como considerar éste un mal inevitable del progreso, o incluso cuando llegando a afirmar que quien se encuentra empobrecido al llegar a su jubilación es porque no ha tomado las suficientes precauciones. Mientras tanto, banqueros y políticos se regocijan públicamente de la “eficacia" de la moneda impuesta. 2.- LA ACUMULACION DE CAPITAL USURERO EN LOS BANCOS Los bancos ganan con el interés de los préstamos de un dinero que han sacado de la nada. El resultado es que los usureros, que no producen ningún beneficio a la sociedad, se enriquecen a costa del resto de la gente. Los políticos convierten al estado en el principal cliente de los banqueros por medio de la deuda, a cambio se respetan mutuamente. El timo del papel-moneda, convertido en una industria gracias al moderno sistema bancario, es un engaño conocido desde hace tiempo. Goethe perfectamente desveló el principio en que se sostiene el papel-moneda. En su obra "Fausto" escribió acerca de un emperador arruinado que encuentra una súbita forma de pagar sus deudas a través de la simple impresión de papel: “Sepa todo aquel que lo desee que esta cedulilla vale por mil coronas. En prenda cierta de ellos, asígnasele el incontable caudal que hay enterrado en los dominios imperiales. Habiéndose proveído convenientemente a fin de que en seguida que se haya exhumado el real tesoro sirva de compensación a este papel”.(2)Mucha gente sigue pensando que detrás de los billetes que utilizamos existe algún respaldo físico. Para todos ellos les debe bastar con la siguiente comprobación: Que vayan a los bancos emisores a reclamar la promesa de pago de sus billetes (como ocurría en un principio). J. P. Proudhon propuso una solución para librarse de este ridículo sistema de promesas de pago. Para ello recomendaba la solución de “...un campesino que se acusaba en confesión de haber roto un documento en el que reconocía deber cien escudos. El confesor le dijo: Debes devolver esos cien escudos.- Eso no, respondió el campesino, sólo devolveré lo que valía la hoja de papel en que constaba la deuda. ".(3) 2.- “Fausto", Goethe, 1988, Madrid, pag. 196. 3.-"¿Qué es la propiedad?", Proudhon, 1983, Barcelona, pag. 101. El sistema de moneda impuesta lo mantenemos todos nosotros. Se mantiene gracias al valor que cada uno de nosotros damos a este papel cada vez que lo intercambiamos por una mercancía real. Nos han enseñado que el papel es la única moneda o la que mejor funciona, pero la elección de moneda no puede circunscribirse a términos de eficacia, como si no tuviera nada que ver con seres humanos. La elección de moneda es una cuestión que remite primeramente a la libertad de evaluación inherente a cada persona. Sabemos que cuando han existido tales condiciones de libertad personal, los mercados libres han elegido normalmente metales preciosos, que siendo raros, fácilmente identificables y divisibles, reúnen las más adecuadas características como medio de cambio. Quizás, si fuéramos libres, esta elección se repitiese. Liberalizar la moneda implica permitir que aquellos ciudadanos que no quieren seguir siendo timados, ni mantener con su esfuerzo la continuación de la estafa monetaria de los bancos, puedan elegir la moneda que mutuamente quieran para comprar y vender. B.- La eliminación de todos los impuestos La eliminación de todos los impuestos incluye también todos los impuestos sobre el comercio. El comercio no puede nunca ser materia de imposición, ya que no existe razón justificable por la cual quien comercie más deba pagar más; y contrariamente a lo que se piensa, gravar la actividad comercial, no implica que se esté imponiendo más a quien más riqueza tiene. Los impuestos comerciales inhiben el comercio. En consecuencia, producen una elevación artificial de los precios que, lógicamente, afecta más negativamente a quienes menos recursos poseen. El establecimiento de impuestos no se puede justificar como una forma de solidaridad social, ya que no es social, sino que es decidido y utilizado por una minoría; ni tampoco es solidaridario, sino que es impuesto por esta minoría. Los políticos se han auto-investido con la capacidad de comprar con el dinero de la gente y de pretender valorar "objetivamente" o adivinar los servicios y los medios que esta gente necesita. Pero establecer una valoración objetiva, lleva consigo el considerar al hombre como un objeto. El valorar, como toda acción, no es una cosa. Sólo se valora en el momento de comprar y vender. Para saber lo que la gente quiere, nadie mejor que la propia gente en el acto de intercambiar. El acto de valorar es propio de quien lo ejecuta y es inaprehensible por medio de representación numérica o estadística alguna. Si efectivamente los servicios y los medios que los políticos del estado ofrecen se corresponden con lo que la gente desea, no hay duda de que la gente decidirá comprarlos o producirlos, y si no fuera así, los políticos se habrán equivocado y la gente no los comprará o simplemente comprará otros. Puede que incluso un grupo de gente elija unos servicios y otros grupos elijan otros mucho más variados, o puede incluso que decidan agruparse espontáneamente de una forma para unas cosas y de otra forma diferente para otras. Las modernas estructuras del mercado y esto es también aplicable a la técnica y los productos tecnológicos que produce este mercado son el resultado del sistema usurero actuante, y de las imposiciones y restricciones que pretenden paliar los efectos desequitativos de la usura. Por ejemplo, la estructura actual de las ciudades es resultado de un desequilibrio o un desajuste en la forma misma en la que se desarrollan. El retorno a la equidad, la libre gestión y la agrupación espontánea, han dado en el pasado, y darán lugar en el futuro, a ciudades con una estructura y un aspecto muy distintos de los que hoy padecemos. La centralización de los impuestos, aún regionalmente, conlleva una desconexión artificial de la compra con su auténtico comprador -quienquiera que finalmente paga tal compra-, conlleva un gastar independientemente de la valoración real o vivida de la gente. Muchos economistas, por razones de mera eficacia, sostienen firmemente que muchos sistemas que en la actualidad son tan controlados, como las comunicaciones o la sanidad, tomarían las formas y las dimensiones más apropiadas a la valoración que de ellas hagan sus usuarios, si estuvieran libres de tales controles. Sin embargo, nosotros, que nos negamos a juzgar como economistas, consideramos que esta situación es ilegítima, no por razones de eficacia, sino porque en este valorar forzoso de unas personas por otras, hay una implícita usurpación real o robo a cada individuo. El mantenimiento del ejército, tampoco puede justificar la carga de impuestos sobre el "resto" de la gente. El guerrear es una acción que nos involucra de una forma tan "propia" a cada uno, como el hablar o el comer; y lo mismo que alguien se adecua del mejor modo que puede para llevar a cabo una tarea, igualmente sucede cuando alguien adquiere la responsabilidad de defenderse o guerrear. Este ejercicio no nos puede ser privado sino es por la fuerza impidiéndonos -con armas- la utilización de armas como nos sucede hoy en día. Para los atenienses de la época clásica la capacidad de llevar armas es tan importante, que una de las definiciones de esclavo era quien no estaba autorizado a llevar armas. Debe entenderse que el servicio del soldado y las armas que utiliza tienen necesariamente un propietario, que bien es el propio soldado, o bien es otra persona o personas. Cuando esta otra persona o grupo de personas compran el servicio de un ejército mercenario, disponen de su utilización de acuerdo a sus propios juicios; no importa quien sea el que ejecute la acción, ya que sólo quien decide es su propietario de hecho. Tanto si esta propiedad está en manos de un individuo o un grupo de políticos, no se altera el hecho de que toda estructura que utiliza la fuerza del ejército para obligar al pago de un impuesto, que servirá para mantener a este ejército o cualquier otro gasto, es una tiranía. Existe, no obstante, mucha gente que cree que este sistema moderno de tiranía es simplemente el más eficaz, y que su única alternativa es el caos. Sócrates ya señaló que todas las democracias son una forma evolucionada de tiranía. El hombre es amo y señor de su persona congénitamente, gracias al poder que Allah le ha conferido. Si se le priva de su autoridad y se le compele a desviarse de su elevado destino de señorío, se abandona a la degradación y pierde su vigor vital, hasta el punto de perder interés por su propia procreación(4). Toda población que opta por la humillación de pagar tributo en vez de afrontar la lucha contra el régimen coercitivo y opresor hasta la muerte si fuera necesario, es un conglomerado de seres que han perdido sus nobles cualidades y se han resignado a la degradación y la desintegración de su espíritu de solidaridad e independencia. Decidir guerrear como todo decidir es también privado y todo agruparse para guerrear implica un acuerdo previo de lealtad y compromiso que autoriza e instaura alguna forma de decisión (caudillo o emir). En el Islam, no hay estado (administración) sólo gobierno (emirato). La función del gobierno no es usurpar la riqueza de la gente sino por el contrario, garantizar que esta no sea usurpada, ni por la fuerza, ni por la usura. No hay impuestos en el Islam. Conocemos la exclamación del Profeta de Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean sobre él: “¡Allah nos preserve de los impuestos!”, y cuando le preguntaron porque hacía tal ruego, contestó:”El hombre que paga impuestos suele decir embustes; hace promesas por no tener otra posibilidad.”(5) La sumisión a las autoridades daña la autoestima de los ciudadanos y hace desaparecer en ellos la idea de valerse por si mismos.(6) 4 "Al Muqaddimah", Ibn Jaldun, 1977, México, varias paginas. 5 Ibid., pag. 300. 6 Ibid., pag. 272. El zakat -único pago obligatorio, en general, el 2,5% de la propiedad no utilizada y acumulada durante un año entero- es un acto de ibadat, como la oración, con una finalidad más allá de lo exclusivamente material. No es un impuesto administrable por los gobernantes al modo estatal; se recoge y distribuye en 24 horas, por tanto, no se acumula; y sus beneficiarios están ya claramente categorizados en la Ley Islámica ( Shariah). C.- La eliminación del control impositivo de los precios La eliminación del control impositivo de los precios implica que dentro del marco de la equidad estos se determinen únicamente por las naturales leyes del mercado de oferta y demanda. La imposicion de precios mínimos o máximos, o incluso peor, de precios únicos o fijos favorece a los productos de peor calidad en época de escasez ya que adquieren sin la valoración del mercado un valor artificial igual al de los de buena calidad; mientras que en época de abundancia acaba con ellos, aun, cuando hubiese gente dispuesta a pagar un precio más barato, ya que no pueden aceptar el mismo precio a cambio de una mercancía de calidad inferior. El control más patético es el que afecta a los salarios de los trabajadores, es decir, la imposición de salarios mínimos. Este se nos ha presentado como la solución al problema del infrasalario. Sin embargo, no es más que una medida que los políticos han adoptado, porque es más sencillo confrontar las presiones de los sindicatos (en su inmensa mayoría formados por trabajadores empleados) que tener que enfrentarse con las auténticas causas del masivo desempleo moderno, que fuerza a los empleados a aceptar unos salarios ínfimos. Por tanto, los términos en los que se presenta el conflicto de los políticos con los sindicatos, como veremos, no afecta a la raíz del problema, sino que por el contrario la oculta. 1.- LAS CAUSAS DEL INFRASALARIO NO SE ELIMINAN CON LA IMPOSICION DE SALÁRIOS MINIMOS Esta medida únicamente mejora, insolidariamente, la situación de quienes están empleados, a costa de producir más desempleo. El infrasalario se produce por el desempleo y la única causa del desempleo es la usura. Dicho de otra manera, la competencia ilegítima que el alquiler artificial del dinero establece con los negocios honrados es la causa de que la gente no encuentre ni pueda generar empleo. La institución usurera de hoy es el banco. Los bancos obtienen beneficios del alquiler de dinero a pesar de no haber nada en el dinero -como lo hay en un coche o en una casa- que lo haga alquilable(7). 2.- EL ESTABLECIMIENTO DE SALARIO MINIMO EMPEORA EL DESEMPLEO Toda la gente que preferiría emplearse aunque fuera a cambio de un pequeño salario antes que no hacer nada, o antes que dirigir un negocio propio (en el caso de un mercado no usurero que lo permitiera), no pueden hacerlo. Sin la imposición de salarios mínimos, muchos trabajos menores, por el tiempo requerido o por la misma naturaleza del trabajo, podrían ser creados. Tales empleos han satisfecho tradicionalmente una demanda natural entre quienes, por impedimentos físicos o por no disponer del tiempo necesario, no pueden o no quieren desarrollar otras actividades más complejas, o crear su propio empleo. 7.- ver apéndice A: "la alquilabilidad de las mercancías” La batalla sindical por la elevación de los salarios mínimos se revela pues, no sólo insolidaria,sino profundamente contraria a los intereses de los trabajadores. Los sindicatos, edificados sobre un pensamiento económico y dialéctico, sólo pueden servir para seguir perpetuando y manteniendo la opresión de sus supuestos enemigos. Por eso, no es extraño encontrarse a sindicalistas que trabajan en un banco, administrando usura a otros trabajadores. El pensamiento económico se fundamenta en una visión del hombre que lo reduce a un mero objeto económico o funcional, en lugar de considerar al hombre como un ser libre. El método dialéctico garantiza la imposibilidad de un examen fundamental de realidades y cosas. De hecho, todo pensamiento económico, ya sea de derechas o de izquierdas, permite la usura y legitima el estado (los impuestos estatales y la obligación de utilizar una moneda artificiosa). D.- La eliminación de todo tipo de monopolio La eliminación de todo tipo de monopolio implica la eliminación de todos los derechos exclusivos para la producción o venta de un determinado bien, ya sea a través de privilegios del estado, o bien por un acaparamiento de hecho del mercado. Esto significa la liberación de la producción de artículos con un claro beneficio para todos, productores y consumidores. El más importante monopolista moderno es el mismo estado. En el nombre del pueblo, los políticos se reservan los derechos exclusivos de producción y venta de los productos más vitales para el funcionamiento de la sociedad, y con ello deciden por nosotros tan importantes asuntos, al tiempo que establecen una compulsiva dependencia del estado. Esto sucede en mayor o menor medida con la energía: Gas, petróleo, electricidad, etc.; con el transporte (trenes), comunicaciones (radio, TV, servicios postales,...) y la seguridad armada, ya que en las sociedades estatales las armas sólo son poseídas por los criminales, la policía y el ejército, convirtiendo en fáciles víctimas a los ciudadanos indefensos que no pueden comprarlas, venderlas, ni poseerlas. No obstante, el más generalizado monopolio, es el derecho exclusivo de patente y copia. La idea de una mercancía no puede separarse de la misma mercancía, y por tanto se transfiere con la venta de ésta. Ninguna idea es suficientemente original como para decir que tiene un propietario, ya que se ha de considerar las otras muchas ideas en las que se basa y que el autor toma "prestadas". Este monopolio relativamente reciente, que hoy se acepta como algo normal, fue duramente criticado desde sus mismos orígenes. Cuando se trataba de que fuera aprobado por primera vez en el parlamento francés, el parlamentario J. P. Proudhon escribió en 1862 un libro con un título muy significativo: "Los derechos de autor, examen de un proyecto de ley para crear, en provecho de autores, inventores y artistas, un monopolio permanente”(8). A pesar de ello, el espíritu popular de rebeldía y el mismo desarrollo tecnológico ponen cada vez más al alcance de los usuarios la maquinaria de reproducción que permite esquivar con la natural pericia de la gente, los controles estatales, reproduciendo los productos que necesitan para su propio uso o introduciendo pequeñas variaciones en los mismos. 8.- “Les mayorats littéraire, examen d´un projet de loi ayant pour but de creer au profit des auteurs, inventeurs et artistes un monopole perpétuel”
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