Pluralismo
El pluralismo considera que un sistema constitucional monista
con crítica
y oposición es el mejor garante de la libertad de la pluralidad étnica
y las diversidades culturales del estado moderno. Cualquier alternativa
sólo se ve como el caos. En este proceso, los individuos deben ganar
primeramente su identidad a partir del estado, que demanda la abstracción
del ser humano vaciado de cualesquiera otras identidades conflictivas que crearon
las agrupaciones cohesionadas que compartían valores y creencias comunes,
es decir, agrupaciones con un sentido de identidad diferenciada, como existieron
en el pasado. En consecuencia esto implica que el estado es el primero que
demanda lealtad, por encima de la religión, y el primero que otorga
la identidad, también por encima de la religión. Al pluralismo
también podría llamársele homogenización estatal,
puesto que el estado cancela otras identidades para afirmar la suya propia.
Bajo los regímenes pluralistas, las identidades religiosas se reducen
a asuntos meramente personales y comunitarios que no involucran asuntos económicos
o políticos en general.
Otro elemento fundamental de esta filosofía es la teoría de
la personalidad ficticia de las corporaciones. Este fenómeno asociado
con los principios de la propiedad mayoritaria (conforme con la fórmula
política de la soberanía de la mayoría) permitió la
formidable justificación del gobierno y el control de amplios sectores
de la economía por parte de la minoría. Esta minoría es
anónima y está oculta al público.
Cuando en nombre del pluralismo se suprimen las identidades económicas
y sociales del individuo, éste queda reducido a un ser homogéneo.
Sólo se le permite ser diferente en su comportamiento sexual o religioso
(religioso tal como lo definen), pero no en su comportamiento económico.
Se te permite cualquier diferencia en tanto que pagues tu impuesto y tu hipoteca.
El pluralismo es homogeneidad. Este principio significa la imposibilidad de
mantenerse firme y afirmar tu diferenciación y autonomía política.
El pluralismo significa asimismo falta de discriminación lo que resulta
en la incapacidad de identificar la verdadera minoría económica
gobernante en medio de la no diferenciación.
De lo que se sigue que la idea de pluralismo islámico
pertenece a la misma categoría que los bancos islámicos o los
derechos humanos islámicos: son una contradicción en los términos.
Nuestra lealtad e identidad musulmana pertenece a Allah y a Su Mensajero. Nuestra
religión
está por encima de cualquier otra identidad.
Los orientalistas y luego los modernistas han tratado de arreglárselas
con esta imposibilidad de poner a los musulmanes bajo este paraguas humanista.
Los orientalistas han visto en nuestra resistencia una suerte de arrogancia,
mientras que los modernistas han visto allí las huellas de una enseñanza
escolástica. Traemos al recuerdo los escritos de Charles Malik quien
expresa que ningún docto musulmán en la historia ha escrito un
'auténtico'
ensayo sobre el cristianismo, mientras que los doctores cristianos han escrito
trabajos acreditados sobre el Islam y otras religiones. Sostiene que mientras
los cristianos pueden identificarse con la cultura islámica, los musulmanes
no quieren corresponder ya que tienen 'por superior a su religión' (171).
Y debido a esta superioridad, en consecuencia, nosotros los musulmanes no podemos
ingresar al moderno y 'civilizado' marco constitucional. Lo que esta manera
de ver las cosas demuestra es que la religión cristiana ya se ha rendido
a la visión del mundo y el modo de vida paganos que imperan hoy en día.
Esto muestra el grado de esoterización a la que su religión está sujeta.
Y muestra que a pesar de todas las dificultades que han encontrado los musulmanes
y a pesar del intento de esoterizar el Islam, la posición predominante
entre nosotros, a diferencia de los cristianos, permanece firme en la creencia
de que el Islam es la religión final y verdadera.
Vemos el pluralismo como aquella abstracción del ser humano que surgió con
la nación estado secular eclipsando las agrupaciones cohesivas previas
y la participación común en valores y creencias así como
el sentido de identidad y de comunidad tal como se fomentan, por ejemplo, en
el Islam. El pluralismo es igual a la desintegración de la sociedad
y la alienación del individuo en una sociedad que no se considera ya
más como una sociedad con un propósito divino sino que simplemente
es un proceso mecánico.
La genealogía de la nueva moral.
Alguna gente defiende la idea de que el universalismo religioso
transdenominacional, o simplemente universalismo -que atribuye el mismo valor
a todas las religiones- es la reacción del protestantismo a la filosofía
de la herejía
que practicó la iglesia católica en los viejos tiempos contra
todas las demás denominaciones no católicas. La Guerra de Independencia
y el consecuente nacimiento de los Estados Unidos de América, así como
la Revolución Francesa y el consecuente nacimiento de la República
Francesa, fueron acontecimientos cruciales en la consolidación de esta
idea dentro del nuevo orden legal. El nacimiento de los Estados Unidos fue
en parte el trabajo de masones (172) instruidos en los principios esotéricos.
George Washington, Benjamin Franklin y Alexander Hamilton eran todos iniciados.
De hecho, defendieron una tradición esotérica 'pura' opuesta
a aquellos elementos de la masonería europea que veían como responsables
de pervertir la misma.
Al proceso de 'armonización religiosa' y 'libertad
de religión'
presentado bajo la bandera de los derechos humanos puede dársele cierta
importancia, sin duda, pero sólo hasta cierto punto. Lo que es mucho
más importante es la metamorfosis que instigaron las instituciones del
gobierno mediante la revolución, por la cual tuvo lugar la simbiosis
consciente del gobierno y la banca, dando nacimiento al estado moderno. Una
institución mucho más importante que cualquier institución
religiosa previa, que dio supremacía a la banca a cambio del poder técnico
estatal casi ilimitado de sacar recursos de su gente. Este poder técnico
ilimitado fue posible gracias a la pieza de papel del mago (172), el sistema
del papel moneda, que fue la base sobre la que la banca emprendió la
más extraordinaria revolución en el modo de vida de todo el mundo.
Los derechos humanos fueron capaces de coexistir con la usura mientras que
las leyes religiosas que habían existido antes, y que fueron en consecuencia
liquidadas, habían impedido esa coexistencia. De lo que se sigue que
la poderosa introducción del sistema bancario, un sistema usurero según
los estándares islámicos, en el modo de vida de la gente así como
el 'proceso de armonización religiosa' tuvieron el regocijo de la conveniencia
mutua. La usura, en la forma de la banca, se instaló silenciosamente
como la nueva religión universal de una humanidad unida.
La expresión 'libertad religiosa' presentada como la nueva moral no
es lo que parece. Es una expresión que viene como resultado directo
de la filosofía estatista. En el contexto de la ley estatista o constitucional,
libertad significa 'no interferencia'. Y la interferencia y no interferencia
del estado se entiende a partir del principio de que 'cuando mi acción
sólo me afecta a mi mismo el estado no tiene el derecho a interferir
con ella'. 'No estoy haciendo daño a nadie más' es una justificación
completa. Así, la 'libertad de religión' debe interpretarse como
la no interferencia con aquellos aspectos de tu religión que sólo
te afectan a ti mismo. Todo lo demás no es asunto religioso. Se te permite
tener una opinión (que sólo te afecta a ti mismo) pero la opinión
del estado es la que importa. Siguiendo esta forma de pensar, la religión
se reduce a lo personal. Expresiones morales parecidas a 'libertad religiosa'
tales como tolerancia y pluralismo tienen la misma interpretación estatista
y por lo tanto necesitan verse en términos de la convalidación
previa del estado y naturalmente la banca.
Es verdad que el protestantismo adoptó prontamente
un camino de continua reforma pragmática y de esta suerte abandonó y
protestó en
contra de la prohibición cristiana original de la usura. De manera paralela
a la relajación de la moral económica y a una abierta tolerancia
de la usura, el protestantismo se complació fervientemente en la acentuación
desproporcionada de un pequeño conjunto de costumbres privadas puritanas
de una orientación antinaturalmente rígida y predominantemente
sexual. La moral puritana que surgió de esta convulsión religiosa
cambió el foco de lo correcto y lo incorrecto. Los calvinistas abrazaron
la usura y los protestantes en general tuvieron una actitud más relajada
hacia la banca que los europeos católicos del sur. Esto creó una
disparidad económica visible en Europa que puede explicarse en términos
de la localización geográfica y el desarrollo de la extraordinariamente
exitosa economía financiera. La usura fue rápidamente encubierta
con una oportuna legitimidad moral de la riqueza que tenía poco respeto
por la condena cristiana formal de los usureros y sus prácticas durante
siglos. Aparecieron rápidamente expresiones tales como 'laissez-faire'
allí donde previamente se habría aplicado el término crimen,
del mismo modo que términos matemáticos neutrales tales como
'interés'
reemplazaron el término consciente 'usura' e 'inflación' reemplazó a
'robo' y 'fraude'. Algunos dirían que la nueva moral estaba basada en
argumentos teológicos en la medida en que estaban dirigidos contra la
iglesia católica.
Pero la nueva moral fue un triunfo del pragmatismo económico sobre la
integridad religiosa. Este análisis queda confirmado por la transformación
del comportamiento social que siguió. Por ejemplo, es difícil
aceptar que la reforma anglicana fuera causada por argumentos teológicos
contra Roma, cuando la misma se originó de una persona como era Enrique
VIII, que según la mayoría de los estándares tenía
poco interés en la religión. La confusión entre la causa
y el efecto en este caso no es accidental. Surge del fracaso en reconocer la
poderosa aparición de un nuevo dinamismo moral de una naturaleza pragmática
'no divina' que reemplazó la religión.
El consentimiento pleno de este cambio histórico de los estándares
morales todavía tiene manifestaciones hoy en día. Los musulmanes
malayos designados oficialmente para ser los intelectuales del país
confrontan el incómodo dilema de tener que acomodar el Din del Islam
junto con los protocolos de las Naciones Unidas a los que el país tuvo
que suscribirse a fin de convertirse en país, y que tratan sobre los
derechos de un amplio número de minorías no musulmanas en Malasia
(un problema diseñado y creado por los británicos). Un documento
reciente escrito en Malasia sobre el tema de la apostasía (174), un
tema que no ofrece dilema alguno en términos islámicos, niega
la Ley Islámica a favor de lo que el autor ve como un argumento superior: "Lo último
que necesitan los malayos es la falta de confianza de los inversionistas".
La confianza de los inversionistas como argumento teológico de peso
es ciertamente una sólida prueba de un cambio de estándares morales
en los intelectuales malayos. Es una declaración superlativamente nihilista
de valores.
Otro ejemplo de actitudes nihilistas llevadas al absurdo es la última
tendencia de la así llamada economía islámica. Resulta
innecesario decir que la economía islámica no tiene nada que
ver con el Islam. Su referencia al Din, previamente sujeto a diversas capas
de representación simbólica, sólo tiene un carácter
estético. Aquí hay un divertidísimo ejemplo del prominente
economista islámico Masudul Alam Choudhury:
"En vez de su configuración euclidiana de los axiomas en relación
al espacio económico, cada uno de estos axiomas impacta sobre variables
económicas de modo independiente y aditivo para conferirles significado ético.
La ética sería entonces la resultante de esta relación
vectorial independiente entre cada uno de los axiomas y las variables económicas
tomadas de modo singular o en vectores y matrices" (175).
Hemos visto que declarar que todas las religiones tienen el mismo valor es
equivalente a la abolición de la religión. La nueva moral pragmática
que resultó de dicho acontecimiento ha sido moldeada según un
molde económico. Puede decirse igualmente que el pragmatismo económico
es el núcleo de la nueva moral que resultó de dar a todas las
religiones el mismo valor. La moral religiosa sólo debe ser de una importancia
secundaria ya que de otra manera la banca estaría prohibida. Esta es
la moral de la gente que ha sucumbido al paganismo. Esta moral pragmática
es agnóstica, aunque esta palabra pueda ofender a muchos de los que
la defienden. ¿Thomas Paine, que escribió los Derechos del
Hombre , era un ardiente deísta o un ardiente agnóstico,
o acaso son la misma cosa?
La ley ha puesto fuera de moda a la moral religiosa. Desde que la Declaración
de los Derechos del Hombre se hizo legalmente vinculante y se hizo legalmente
iguales a todas las denominaciones religiosas, hablar acerca de la religión
no ha sido lo mismo. Ésta no es simplemente una proposición intelectual;
es una proposición legal. Los asuntos económicos se han mantenido
cuidadosamente fuera del discurso religioso, de modo que la persona que quiera
justicia para el mundo no encuentra instrumentos para ello entre lo que ha
quedado de la moral religiosa. Necesita mirar hacia otro sitio. Por ejemplo, ¿qué es
el dinero en nuestro bolsillo? conforme al modo dominante de pensar no es un
asunto religioso. Pero esto es un asunto islámico. Declarar
el crimen de la banca y el robo del papel moneda es un imperativo islámico.
Quemar este pedazo de papel es una nueva comprensión de la rebelión
contra el sistema bancario, porque en la Ley Islámica el papel moneda
no tiene valor. Lo que esto significa es que el Islam escapa a los límites
de lo que se entiende por religión desde la llegada de los derechos
humanos. Significa también que el Islam subvierte el actual orden político
y económico por su sola presencia.
El estado capitalista (el matrimonio institucional del capitalismo con el
estatismo) requirió una cohesión social que no podía ser
puesta en peligro por disparidades religiosas. Para garantizar la paz entre
las diferentes religiones una moral sincretista subordina todas aquellas otras
morales, religiosas o no, que se caracterizan por el exclusivismo, la intolerancia,
el sectarismo o simplemente están gobernadas por la fe absoluta. Por
otra parte, todo lo que integra las diferentes creencias y credos forma los 'valores
positivos' de este conjunto de la moral pragmática. La base de esta
moral sincrética fue el esoterismo.
El rechazo de la ley de la apostasía (176) es un elemento común
del esoterismo. Es interesante notar que, hasta la actualidad, la Ley de Apostasía
en el Islam permanece como el elemento de la Ley Islámica más
inaceptable para los kuffar. De lo que se sigue que para que el Islam sea tolerado
por los kuffar, debe negarse a sí mismo. Lo que es del todo natural
porque así es como son los kuffar. Esto demuestra cómo la tolerancia
está basada en la asimilación de la religión en una jerarquía
superior de valores. Ser tolerado como musulmán no es igual a que a
uno se le permita practicar el Islam. Ser tolerado significa someterse a aquel
otro sistema de valores que se coloca por encima del Islam, por encima de lo
que Allah ha ordenado. Esto es lo que los kuffar llaman libertad de religión.
La libertad religiosa, la libertad de expresión, la libertad de asociación
y demás, fueron parte de una nueva definición de libertad que
se fundó con base en las constituciones. Esa libertad se escribió sobre
una pieza de papel y fue definida por esa pieza de papel. Pero como lo señala
Burke, "la libertad racional no tiene existencia":
"La hacienda de Francia no gobierna Francia. Por supuesto, la hacienda se
destruye y la libertad racional no tiene existencia. Todo lo que tienes en
la actualidad es un papel en circulación y una constitución agiotista".
(177)
La delineación por parte de Thomas Paine de lo que es libertad ofrecer
una indicación clara de la naturaleza política de la nueva moral:
"Pero cualquiera que sea la manera en que se ordenen las partes separadas
de una constitución, hay un principio general que distingue la libertad
de la esclavitud, a saber, que todo gobierno hereditario sobre una población
es para ellos un tipo de esclavitud; y el gobierno representativo es libertad".
(178)
El nuevo rol de la religión
Lo interesante respecto a la libertad religiosa de hoy en día es que
puedes seguir ésta o aquella religión, ser musulmán o
ateo, pero lo que está garantizado es que tu modo de vida permanecerá siendo
esencialmente el mismo. Ésta es una consecuencia directa de las doctrinas
políticas esotéricas tal como se imponen en la actualidad. Si
pensamos sobre la religión en la forma clásica como un modo de
vida, nos encontramos irónicamente con que hoy en día no hay
mucha elección al respecto. Nuestro modo ordinario de vida se ha convertido
en una nueva ortodoxia, una religión en el sentido práctico,
por encima del cuestionamiento o el escrutinio crítico. En consecuencia,
difícilmente sorprende que las personas hoy en día sientan que
la discusión sobre la religión es sólo palabras al aire,
algo de poca consecuencia. Esto se debe a que en la época de la así llamada
libertad de religión, todo esto tiene muy poco que ver con un modo de
vida. La forma de vida permanece sin alterar, sin ser cuestionada. La única
forma de cambiar esto es confrontar la forma en que vivimos y cambiarla. Con
este interés en mente, el Islam aparece súbitamente con una fuerza
extraordinaria.
Aquello mismo que los esoteristas querían lograr con su discurso universalista
se ve destruido en el proceso de alcanzarlo. La religión se reduce a
un conjunto de proposiciones de fe, haciendo posible comparar y diferenciar
una religión de otra, pero sin mayor impacto en cuanto a diferenciar
los asuntos fundamentales de la vida. Esto explica por qué aun cuando
musulmanes, cristianos y budistas pueden identificarse con creencias completamente
opuestas, viven fundamentalmente el mimo tipo de vida. La religión del
siglo veinte es un sistema abstracto de doctrinas sin mayor correspondencia
o relación con formas incorporadas de práctica.
La etapa final de este proceso vino con el intento de los legisladores de
convalidar las doctrinas universalistas: la Declaración Universal de
los Derechos Humanos. Este nuevo estado de las cosas no es lo que dice ser.
Las religiones fueron abolidas por el legislador que trató de hacer
que todas tuvieran el mismo valor. Legalmente sujetas a dicha legislación,
las antiguas religiones dejaron de existir y abrieron paso a la nueva religión
emergente. El Islam, en particular, no puede existir bajo la convalidación
legal de la DUDH. Son incompatibles.
Permítasenos empezar a partir de una proposición existencial: 'la
práctica no es una proposición' o 'un acto no es una cosa o un
objeto; sólo existe en su ejecución'. Esto nos pone sobre una
base diferente, desde la cual podemos ver más allá del velo de
las etiquetas y reconocer la naturaleza de nuestra nueva religión común.
Esta forma de observar resulta más informativa acerca de cómo
vive la gente que examinar cuáles son sus creencias. ¿Dónde
queda una creencia religiosa contra la guerra si estás forzado a pagar
impuestos al gobierno de los Estados Unidos? Desde una cruda perspectiva existencial,
la religión no ha desaparecido (no puede hacerlo); solo ha sido reemplazada
por otra. El marco legal provisto por la Declaración de los Derechos
Humanos no ha eliminado las religiones; las ha reemplazado a todas a la vez.
El Islam no encaja en este estrecho marco de religión
tal como lo entiende la Declaración. Islam está por encima de
esto. De allí que
la palabra árabe 'Din' refiriéndose al Islam difícilmente
puede traducirse como 'religión' tal como ésta se entiende hoy
en día. Din significa transacción. Entre el hombre y Allah. El
Islam consiste en prácticas que no pueden cambiarse, imponiendo por
tanto su autoridad sobre todas las demás prácticas, del mismo
modo en que las prácticas bancarias son una ortodoxia incuestionable
en la forma de vida moderna.
Sería un tremendo error no comprender que el Islam se refiere a un
modo de vida diferente. Y el Islam es el único camino aceptable por
Allah. Nuestro más grande error como musulmanes es tratar de acomodar
de Islam al espacio que se ha dejado para la religión, es decir, transformar
el Islam en una religión comparable al cristianismo, el judaísmo
o el ateísmo. Éste fue el propósito de la modernización
en el Islam. El esoterismo tiene el mismo objetivo, sólo que a un nivel
metafísico.
La idea detrás de la tolerancia
Tal vez el argumento más familiar y repetido en contra de la mezcla
de la política con la religión es la expresión intolerancia/tolerancia.
Cualquier reivindicación de conocimiento absoluto de lo correcto o verdadero
es intolerancia. La tolerancia juega un rol fundamental en el logro social
del sincretismo. El significado oculto de la tolerancia religiosa radica en
aquel comportamiento común al que se pretende proteger y al que no se
le somete al escrutinio del debate o la opinión pública. En este
discurso se encuentra el asunto de las relaciones minoría/mayoría
y la aceptación radical de la diferencia/otredad que permite que comunidades
dispares coexistan lado a lado. La nueva religión debe ser tolerante
si las diferencias han de ser esclarecidas por la capacidad de amalgama de
la ficción del estado.
La filosofía de la tolerancia al uso hoy en día
pasa por alto ciertas situaciones estructurales en la que el individuo simplemente
no tiene más opción que hacer cierta clase de cosas. Esta imposición
sobre el individuo se mide conforme a un doble estándar: o bien se entiende
como un asunto de opresión o bien como una cuestión de circunstancias.
Si dichas acciones se llevan a cabo complaciente o reluctantemente es otro
asunto. Lo crucial aquí es que uno está, en un sentido, obligado
a hacer ciertas cosas en virtud de posibilidades y condiciones estructurales. Éste
es un campo distinto al del modo de conciencia con el que uno las hace: el
de si uno está contento o irritado de hacer lo que uno está obligado
a hacer. Es decir, cuando se trata de la libertad existencial del individuo,
los actos son más relevantes que los principios o las ideas. Bajo la
filosofía de la tolerancia se nos anima a mirar las cosas equivocadas
o se nos impide dirigir ese principio de aplicación hacia los aspectos
más cotidianos de nuestra vida. Los actos no son objetos o ideas; los
actos sólo existen en su ejecución. Por tanto, la vida consiste
en actos que objetivamente no pueden sustituirse por principios o ideas. La
tolerancia que se nos ofrece es una tolerancia esotérica que ignora
o disminuye la importancia del comportamiento como campo de la libertad a favor
de una tiranía de principios e ideas totalmente desprovistas de un genuino
interés por la vida. Los principios, las ideas y las creencias adquieren
un estatus esotérico al que el comportamiento, interpretado como lo
exotérico, debe de someterse en un típico orden jerárquico
esotérico. Lo que esta jerarquía revela es la genealogía
común de esta filosofía moderna de la tolerancia con la moral
esotérica de los derechos humanos del siglo dieciocho. Un enfoque de
la libertad genuino y liberador tendría que mirar al comportamiento
(que llamamos 'amal en árabe) y las circunstancias mediante las cuales
las posibilidades de actuar se modelan y reconfiguran. Imam al-Ghazali, el
famoso sufi, escribió que el 'Ilm al-mu'amala precede al 'Ilm
al mukashafah ; en otras palabras, que el conocimiento de los actos y
el comportamiento precede al conocimiento de los temas velados.
El mito del nacionalismo y la prosperidad económica
necesitan la sumisión
de toda expresión ideológica. La mejor ilustración de
este punto es la banca. Sus símbolos y rituales son defendidos por toda
la sociedad y todas las sociedades incluyendo a gente de todas las denominaciones
religiosas, y mientras que la intolerancia no puede aplicarse a la violencia
de la represión hipotecaria, sí puede aplicarse a cualquiera
que trata de desregular o privatizar la moneda y hacer regresar a la gente
la posibilidad de optar. Cómo adorar a Allah puede ser cuestionado,
pero el dinero que tienes en tu bolsillo es un dogma. El estado, la banca y
la democracia son auto-evidentes y por tanto están más allá de
la crítica.
La subordinación del Islam bajo estos dogmas religiosos
sólo
puede hacerse mediante la supresión de la Ley Islámica, o suplantándola,
o disminuyéndola o posponiendo su aplicación. Aquí es
donde términos como tolerancia, modernismo, esoterismo y mesianismo
(mahdismo en la interpretación shi'a) hallan su terreno común.
El problema viene cuando la tolerancia esotérica se vuelve el imperativo
moral y la esencia inmutable de la vida. Entonces el Islam sí es aceptable,
o para decirlo de otra manera, sólo en la medida en que encaja en una
forma preformulada de sociedad. A todo lo demás se le tilda con un carácter
patológico definido como literalismo del mensaje del Islam o lo que
ahora se llama comúnmente islamismo. Lo más inaceptable respecto
al Islam es que puede haber campos donde el debate, la reformulación
y la acomodación con otras ideas es imposible. La necesidad de diferentes
opiniones es asimismo crucial para la posibilidad de la democracia en sí misma.
Se compara al Islam con la plantilla teórica de lo que debería
ser una religión tolerante: el deísmo. El deísmo se asocia
con la comprensión de la idea de divinidad, texto sagrado y principios
morales generales, pero separados de los 'rituales exotéricos'. No es
coincidencia que el autor de Los Derechos del Hombre, de quien vinieron los
derechos humanos, escribiera: "Toda persona, de cualquier denominación
religiosa que sea, en un Deísta en el primer artículo de su Credo.
El Deísmo, que viene de la palabra latina Deus, Dios, es la creencia
en un Dios, y esta creencia es el primer artículo del credo de todos
los hombres" (179). Dentro de esta plantilla, las religiones son aceptables,
pero todo lo que esté fuera es discutible. Discutible significa que
no es esencialmente necesario. El nuevo imperativo moral insiste en que todas
las religiones tienen el mismo valor, lo que en la práctica es equivalente
a hacer del asunto de adoptar y cumplir una religión un asunto esotérico.
La tolerancia es también una herramienta para crear
una opinión
pública. Cuando uno examina por primera vez este asunto es claro que
el uso que hacen los kuffar de este término es unidireccional. Sólo
se aplica a los 'otros', especialmente a los musulmanes. Se le usa para sojuzgar
el espíritu de los musulmanes; frecuentemente para reprocharnos algo
que no hicimos. El proceso mediante el cual el mundo ha llegado a una homogeneidad
de cultura, inducido por sistema económico homogéneo, no se ha
examinado bajo el principio tolerancia/intolerancia. Por el contrario, cualquier
resistencia al mismo se ha tildado de 'reaccionaria'. La asunción de
que los modelos de sociedad en los que la usura y la imposición tributaria
no sólo son tolerados sino que son necesarios y que son los únicos
estándares por el que han de ser juzgadas e interpretadas todas las
sociedades tolerantes tendría que poner en cuestión la validez
o relevancia de la idea misma de tolerancia. La intención final de la
tolerancia pierde cualquier integridad cuando se aplica a la gente musulmana.
Escenas de un patrocinio económico y político del desdén,
como se ha visto recientemente en Algeria, Bosnia y Turquía, contra
los partidos democráticos musulmanes que intentan jugar con las reglas
de la tolerancia, exponen el significado arbitrario de la tolerancia como
una moral de conveniencia.
¿Qué significa, podríamos preguntar, la 'libertad de
religión' cuando las religiones han sido reducidas a nada? ¿Qué significa
ser 'tolerado religiosamente' si todos les han impuesto un sistema financiero
y un sistema de medios de comunicación que no tienen la opción
de elegir? Un test serio de tolerancia sería negarse a pagar impuestos
sobre bases puramente religiosas: No puedo pagar impuestos a los Estados Unidos
cuando están bombardeando a gente en todo el mundo. O podríamos
decir igualmente: "No acepto pagar esta hipoteca porque el contrato sobre el
que se basa es nulo y sin efecto conforme a la Ley Islámica, en la que
todo lo que tienes que devolver es el dinero que fue prestado, pero no el interés".
Allah dice en el Noble Qur'an:
¡Vosotros que creéis! Temed a Allah
y renunciad a cualquier beneficio de usura que os quede,
si sois creyentes.
Y si no lo hacéis, sabed que Allah y Su Mensajero
os han declarado la guerra.
Pero si os volvéis atrás en arrepentimiento,
conservaréis vuestro capital,
sin ser injustos ni sufrir injusticia
(Qur'an 2, 277-278)
Nos hallamos de hecho con que la tolerancia y la intolerancia no significan
nada. Lo que importa es nuestro modo de vida, particularmente la esfera de
la economía diaria (no la economía académica figurativa),
que se conserva a sí misma como una ortodoxia por encima de la religión.
Esto no quiere decir que la economía tiene una posición ideológica
fijada. Por el contrario, es la más irracional de todas las formas de
pensamiento. Simplemente indica, en este mundo nacido de la Segunda Guerra
Mundial, el hecho de que a ningún partido o religión se le permite
nombrar, ni qué decir ya promulgar, la única batalla del futuro: "Lo
bancos son instituciones usureras y por tanto criminales y tendrán que
desaparecer". Contra este trasfondo es que miramos la cuestión del esoterismo:
un trasfondo de silencio cómplice respecto a este mundo -que define
un modo de vida- y respecto a una gente contra la que Allah ha declarado la
guerra: la usura y los usureros. El objetivo es separar la vida de la ética,
a fin de que uno se pueda sentir confortable una vez que se ha rendido a la
pieza pagana de papel moneda bancario. La tolerancia y la intolerancia son
una distracción esotérica para ocultar el crimen.
La tolerancia como asimilación
La tolerancia en realidad es el eufemismo moral para la asimilación.
El examen histórico del rol de la tolerancia en Europa muestra que el
principal propósito fue consolidar el nuevo estado que estaba siendo
definido como una entidad capitalista.
Martín Lucero fue el primero en usar el término germano Toleranz
en 1541, pero precisamente para rechazar la idea: "No puedo imaginar ni una
sola razón que pueda por [el nombre de] Dios justificar la tolerancia".
El trabajo de Erasmo y sus sucesores de preservar la unidad de la iglesia alzó el
argumento de la tolerancia en términos de la concordancia de las diferentes
creencias. La idea de concordancia religiosa tomó la forma de una simplificación
de la religión: evitar sutilezas teológicas vistas como no importantes
o artificiales y reducir los fundamentos de la religión a los puntos
en común entre católicos y protestantes. Esta posición
ocasionó la distinción entre dogmas fundamentales y cosas sin
importancia. Esto implicó un cambio fundamental en la idea de la persona
herética: ésta podría abandonar su error si pudiera descubrir
los elementos fundamentales de la fe. Desde el principio ésta es la
estructura esencial de la tolerancia: reunión de creencias, simplificación
concordante y conversión forzada a la nueva fe.
La primera fase de la tolerancia culmina con el Edicto de Nantes que invitó en
1598 a los protestantes y a los católicos del reino a no renunciar a
su fe y a vivir más bien como "hermanos, amigos y ciudadanos" (art.
2). Con esta fórmula de compromiso, el Edicto garantizo que la pertenencia
del individuo al estado estaba por encima de la religión: el excomulgado
no deja de ser un ciudadano. Las convicciones religiosas con personales y privadas,
sometidas a la ciudadanía universal. La tolerancia es una raison d'Etat:
el estado es el árbitro imparcial de todas las diferencias religiosas.
En nombre de la liberación de la conciencia privada el estado se afirma
a sí mismo como el Estado Absoluto, que gobierna sobre los asuntos públicos
sin interferencia de ningún tipo, con una autoridad absoluta por encima
de la religión. La religión, en consecuencia, se reduce a principios
metafísicos en ese sentido etimológico que implica más
allá del mundo natural, físico, que pertenece al estado.
El filósofo judío Espinoza, que fue excomulgado de la sinagoga
en 1656, abordó la tolerancia desde el punto de vista de la consecución
de la libertad fuera de controles externos o imposiciones en el sentido de
un orden social en su Traité théologico-politique (1670): "En
una República libre todo el mundo está autorizado a pensar lo
que quiere y a decir lo que piensa". John Locke en su Carta sobre la Tolerancia (1689)
va un paso más allá para refutar del todo la idea de una religión
verdadera . Abrió un camino político a la tolerancia, esto
es, el secularismo. El estado no tiene competencia para gobernar las creencias
religiosas de sus súbditos. Esto es lo que Jefferson exigiría
luego para establecer un muro de separación entre la religión
y la política. Esta perspectiva define lo que es la creación
implícita de una religión secular civil con supremacía
absoluta sobre el individuo en términos de la libertad del individuo:
libertad de conciencia. Locke niega la verdad a todas las religiones, excepto
el estado. El estado fuerza una conversión mediante la eliminación
de todas las alternativas.
Rousseau en El Contrato Social exigió para cada ciudadano
el derecho a la libertad de conciencia y reconoció al mismo tiempo el
privilegio del estado de determinar las formas exteriores de la religión
cívica: "Hay una profesión de fe, puramente civil, según
la cual pertenece al soberano fijar los artículos de la ley, no precisamente
como dogmas religiosos sino como un sentimiento de sociabilidad, sin el cual
es imposible ser un buen ciudadano o un súbdito leal; sin ser capaz
de obligar a la gente a creer en ellos (los artículos de la ley) puede
deportar del estado a cualquiera que crea [sic] en ellos, no como un infiel,
sino como un insociable [.]". La tolerancia presentada como una actitud de
humanidad de estar abierto a las opiniones de otros implica separar esotéricamente
la religión de las formas exteriores (lo exotérico) que claudican
a la religión civil pagana.
Voltaire (180), tal vez el escritor individual de la Ilustración más
conocido se hizo de renombre tempranamente en 1923 como un prominente defensor
de la tolerancia religiosa cuando publicó un largo poema acerca del
rey francés Enrique IV y la guerra de religión de dieciséis
años entre católicos y calvinistas. Durante su visita a Inglaterra
y Holanda en los años 1920 comprendió el beneficio político
de asimilar otras religiones, particularmente a los calvinistas que abrieron
la puerta a los demás cristianos para aceptar la práctica de
la usura. En su Tratado sobre la Tolerancia (1763) no sostuvo dar
derechos políticos a los miembros de otras religiones; simplemente sostuvo
las virtudes de mitigar la religión a favor del orden social:
"Tenemos judíos en Bordeaux y Metz y Alsacia; tenemos luteranos, molinistas
y jansenistas; ¿acaso no podemos soportar y regular a los calvinistas
básicamente en los mismos términos en los que los católicos
son tolerados en Londres [que no disfrutaban derechos políticos pero
podían practicar su religión]? A mayor número de sectas,
menor es el peligro de cada una. La multiplicidad las debilita. Todas están
restringidas por leyes justas que prohíben reuniones indisciplinadas,
insultos y sedición, y que son hechas cumplir por la comunidad"
La fórmula 'tolerante' de Voltaire fue respaldada por el gobierno de
Luis XVI, que pasó un nuevo Edicto de Tolerancia garantizando
a los calvinistas algunos derechos civiles atenuados para practicar su religión,
la usura, mas no derechos políticos:
"Artículo 3. No pretendemos sin embargo que aquellos
que profesen una religión distinta a la religión católica
puedan considerarse a sí mismos capaces de formar en nuestro reino
cualquier organismo particular, comité o asociación, ni que
sean capaces de formular bajo tal designación cualquier demanda colectiva,
tener cualquier tipo de representación,
deliberaciones o adquisiciones para llevar a cabo otros actos similares.
Prohibimos con énfasis de modo expreso a cualquier juez, registrador,
notario, abogado u otro funcionario público dar respuesta a, recibir
o firmar tales demandas, representaciones, deliberaciones u otros actos bajo
pena de suspensión; y prohibimos a cualquiera de nuestros súbditos
reivindicar que se encuentran autorizados por las mencionadas comunidades
o asociaciones bajo pena de ser considerados instigadores y protectores de
asambleas y asociaciones ilegales y en tanto tal punibles conforme al rigor
de las regulaciones".
(181)
Desde entonces la tolerancia ha sido verdaderamente asimilación, lo
que ahora se llama en Francia el 'modéle françcais d'integration'.
El mismo consiste de la erosión gradual de las características
peculiares que entran en conflicto con la religión civil. Por ejemplo
los musulmanes en Europa tienen que confrontar la prohibición puritana
e hipócrita de la poligamia. La tolerancia se invoca en este caso para
pedirles a los musulmanes que abandonen lo que Allah ha hecho halal mientras
que el kafir se complace en un comportamiento adúltero. Este conflicto
muestra claramente la vocación religiosa del estado y el hecho de que
no es posible una reconciliación de las dos posiciones.
Parte
2. El Fenómeno Esotérico.
(Dividido en 7 partes para facilitar
la lectura) |
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Siete |
Notas |