La Desviación Esotérica del Islam

Umar Ibrahim Vadillo


Parte 2. El Fenómeno Esotérico


Pluralismo

El pluralismo considera que un sistema constitucional monista con crítica y oposición es el mejor garante de la libertad de la pluralidad étnica y las diversidades culturales del estado moderno. Cualquier alternativa sólo se ve como el caos. En este proceso, los individuos deben ganar primeramente su identidad a partir del estado, que demanda la abstracción del ser humano vaciado de cualesquiera otras identidades conflictivas que crearon las agrupaciones cohesionadas que compartían valores y creencias comunes, es decir, agrupaciones con un sentido de identidad diferenciada, como existieron en el pasado. En consecuencia esto implica que el estado es el primero que demanda lealtad, por encima de la religión, y el primero que otorga la identidad, también por encima de la religión. Al pluralismo también podría llamársele homogenización estatal, puesto que el estado cancela otras identidades para afirmar la suya propia. Bajo los regímenes pluralistas, las identidades religiosas se reducen a asuntos meramente personales y comunitarios que no involucran asuntos económicos o políticos en general.

Otro elemento fundamental de esta filosofía es la teoría de la personalidad ficticia de las corporaciones. Este fenómeno asociado con los principios de la propiedad mayoritaria (conforme con la fórmula política de la soberanía de la mayoría) permitió la formidable justificación del gobierno y el control de amplios sectores de la economía por parte de la minoría. Esta minoría es anónima y está oculta al público.

Cuando en nombre del pluralismo se suprimen las identidades económicas y sociales del individuo, éste queda reducido a un ser homogéneo. Sólo se le permite ser diferente en su comportamiento sexual o religioso (religioso tal como lo definen), pero no en su comportamiento económico. Se te permite cualquier diferencia en tanto que pagues tu impuesto y tu hipoteca. El pluralismo es homogeneidad. Este principio significa la imposibilidad de mantenerse firme y afirmar tu diferenciación y autonomía política. El pluralismo significa asimismo falta de discriminación lo que resulta en la incapacidad de identificar la verdadera minoría económica gobernante en medio de la no diferenciación.

De lo que se sigue que la idea de pluralismo islámico pertenece a la misma categoría que los bancos islámicos o los derechos humanos islámicos: son una contradicción en los términos. Nuestra lealtad e identidad musulmana pertenece a Allah y a Su Mensajero. Nuestra religión está por encima de cualquier otra identidad.

Los orientalistas y luego los modernistas han tratado de arreglárselas con esta imposibilidad de poner a los musulmanes bajo este paraguas humanista. Los orientalistas han visto en nuestra resistencia una suerte de arrogancia, mientras que los modernistas han visto allí las huellas de una enseñanza escolástica. Traemos al recuerdo los escritos de Charles Malik quien expresa que ningún docto musulmán en la historia ha escrito un 'auténtico' ensayo sobre el cristianismo, mientras que los doctores cristianos han escrito trabajos acreditados sobre el Islam y otras religiones. Sostiene que mientras los cristianos pueden identificarse con la cultura islámica, los musulmanes no quieren corresponder ya que tienen 'por superior a su religión' (171). Y debido a esta superioridad, en consecuencia, nosotros los musulmanes no podemos ingresar al moderno y 'civilizado' marco constitucional. Lo que esta manera de ver las cosas demuestra es que la religión cristiana ya se ha rendido a la visión del mundo y el modo de vida paganos que imperan hoy en día. Esto muestra el grado de esoterización a la que su religión está sujeta. Y muestra que a pesar de todas las dificultades que han encontrado los musulmanes y a pesar del intento de esoterizar el Islam, la posición predominante entre nosotros, a diferencia de los cristianos, permanece firme en la creencia de que el Islam es la religión final y verdadera.

Vemos el pluralismo como aquella abstracción del ser humano que surgió con la nación estado secular eclipsando las agrupaciones cohesivas previas y la participación común en valores y creencias así como el sentido de identidad y de comunidad tal como se fomentan, por ejemplo, en el Islam. El pluralismo es igual a la desintegración de la sociedad y la alienación del individuo en una sociedad que no se considera ya más como una sociedad con un propósito divino sino que simplemente es un proceso mecánico.

La genealogía de la nueva moral.

Alguna gente defiende la idea de que el universalismo religioso transdenominacional, o simplemente universalismo -que atribuye el mismo valor a todas las religiones- es la reacción del protestantismo a la filosofía de la herejía que practicó la iglesia católica en los viejos tiempos contra todas las demás denominaciones no católicas. La Guerra de Independencia y el consecuente nacimiento de los Estados Unidos de América, así como la Revolución Francesa y el consecuente nacimiento de la República Francesa, fueron acontecimientos cruciales en la consolidación de esta idea dentro del nuevo orden legal. El nacimiento de los Estados Unidos fue en parte el trabajo de masones (172) instruidos en los principios esotéricos. George Washington, Benjamin Franklin y Alexander Hamilton eran todos iniciados. De hecho, defendieron una tradición esotérica 'pura' opuesta a aquellos elementos de la masonería europea que veían como responsables de pervertir la misma.

Al proceso de 'armonización religiosa' y 'libertad de religión' presentado bajo la bandera de los derechos humanos puede dársele cierta importancia, sin duda, pero sólo hasta cierto punto. Lo que es mucho más importante es la metamorfosis que instigaron las instituciones del gobierno mediante la revolución, por la cual tuvo lugar la simbiosis consciente del gobierno y la banca, dando nacimiento al estado moderno. Una institución mucho más importante que cualquier institución religiosa previa, que dio supremacía a la banca a cambio del poder técnico estatal casi ilimitado de sacar recursos de su gente. Este poder técnico ilimitado fue posible gracias a la pieza de papel del mago (172), el sistema del papel moneda, que fue la base sobre la que la banca emprendió la más extraordinaria revolución en el modo de vida de todo el mundo. Los derechos humanos fueron capaces de coexistir con la usura mientras que las leyes religiosas que habían existido antes, y que fueron en consecuencia liquidadas, habían impedido esa coexistencia. De lo que se sigue que la poderosa introducción del sistema bancario, un sistema usurero según los estándares islámicos, en el modo de vida de la gente así como el 'proceso de armonización religiosa' tuvieron el regocijo de la conveniencia mutua. La usura, en la forma de la banca, se instaló silenciosamente como la nueva religión universal de una humanidad unida.

La expresión 'libertad religiosa' presentada como la nueva moral no es lo que parece. Es una expresión que viene como resultado directo de la filosofía estatista. En el contexto de la ley estatista o constitucional, libertad significa 'no interferencia'. Y la interferencia y no interferencia del estado se entiende a partir del principio de que 'cuando mi acción sólo me afecta a mi mismo el estado no tiene el derecho a interferir con ella'. 'No estoy haciendo daño a nadie más' es una justificación completa. Así, la 'libertad de religión' debe interpretarse como la no interferencia con aquellos aspectos de tu religión que sólo te afectan a ti mismo. Todo lo demás no es asunto religioso. Se te permite tener una opinión (que sólo te afecta a ti mismo) pero la opinión del estado es la que importa. Siguiendo esta forma de pensar, la religión se reduce a lo personal. Expresiones morales parecidas a 'libertad religiosa' tales como tolerancia y pluralismo tienen la misma interpretación estatista y por lo tanto necesitan verse en términos de la convalidación previa del estado y naturalmente la banca.

Es verdad que el protestantismo adoptó prontamente un camino de continua reforma pragmática y de esta suerte abandonó y protestó en contra de la prohibición cristiana original de la usura. De manera paralela a la relajación de la moral económica y a una abierta tolerancia de la usura, el protestantismo se complació fervientemente en la acentuación desproporcionada de un pequeño conjunto de costumbres privadas puritanas de una orientación antinaturalmente rígida y predominantemente sexual. La moral puritana que surgió de esta convulsión religiosa cambió el foco de lo correcto y lo incorrecto. Los calvinistas abrazaron la usura y los protestantes en general tuvieron una actitud más relajada hacia la banca que los europeos católicos del sur. Esto creó una disparidad económica visible en Europa que puede explicarse en términos de la localización geográfica y el desarrollo de la extraordinariamente exitosa economía financiera. La usura fue rápidamente encubierta con una oportuna legitimidad moral de la riqueza que tenía poco respeto por la condena cristiana formal de los usureros y sus prácticas durante siglos. Aparecieron rápidamente expresiones tales como 'laissez-faire' allí donde previamente se habría aplicado el término crimen, del mismo modo que términos matemáticos neutrales tales como 'interés' reemplazaron el término consciente 'usura' e 'inflación' reemplazó a 'robo' y 'fraude'. Algunos dirían que la nueva moral estaba basada en argumentos teológicos en la medida en que estaban dirigidos contra la iglesia católica. Pero la nueva moral fue un triunfo del pragmatismo económico sobre la integridad religiosa. Este análisis queda confirmado por la transformación del comportamiento social que siguió. Por ejemplo, es difícil aceptar que la reforma anglicana fuera causada por argumentos teológicos contra Roma, cuando la misma se originó de una persona como era Enrique VIII, que según la mayoría de los estándares tenía poco interés en la religión. La confusión entre la causa y el efecto en este caso no es accidental. Surge del fracaso en reconocer la poderosa aparición de un nuevo dinamismo moral de una naturaleza pragmática 'no divina' que reemplazó la religión.

El consentimiento pleno de este cambio histórico de los estándares morales todavía tiene manifestaciones hoy en día. Los musulmanes malayos designados oficialmente para ser los intelectuales del país confrontan el incómodo dilema de tener que acomodar el Din del Islam junto con los protocolos de las Naciones Unidas a los que el país tuvo que suscribirse a fin de convertirse en país, y que tratan sobre los derechos de un amplio número de minorías no musulmanas en Malasia (un problema diseñado y creado por los británicos). Un documento reciente escrito en Malasia sobre el tema de la apostasía (174), un tema que no ofrece dilema alguno en términos islámicos, niega la Ley Islámica a favor de lo que el autor ve como un argumento superior: "Lo último que necesitan los malayos es la falta de confianza de los inversionistas". La confianza de los inversionistas como argumento teológico de peso es ciertamente una sólida prueba de un cambio de estándares morales en los intelectuales malayos. Es una declaración superlativamente nihilista de valores.

Otro ejemplo de actitudes nihilistas llevadas al absurdo es la última tendencia de la así llamada economía islámica. Resulta innecesario decir que la economía islámica no tiene nada que ver con el Islam. Su referencia al Din, previamente sujeto a diversas capas de representación simbólica, sólo tiene un carácter estético. Aquí hay un divertidísimo ejemplo del prominente economista islámico Masudul Alam Choudhury:

"En vez de su configuración euclidiana de los axiomas en relación al espacio económico, cada uno de estos axiomas impacta sobre variables económicas de modo independiente y aditivo para conferirles significado ético. La ética sería entonces la resultante de esta relación vectorial independiente entre cada uno de los axiomas y las variables económicas tomadas de modo singular o en vectores y matrices" (175).

Hemos visto que declarar que todas las religiones tienen el mismo valor es equivalente a la abolición de la religión. La nueva moral pragmática que resultó de dicho acontecimiento ha sido moldeada según un molde económico. Puede decirse igualmente que el pragmatismo económico es el núcleo de la nueva moral que resultó de dar a todas las religiones el mismo valor. La moral religiosa sólo debe ser de una importancia secundaria ya que de otra manera la banca estaría prohibida. Esta es la moral de la gente que ha sucumbido al paganismo. Esta moral pragmática es agnóstica, aunque esta palabra pueda ofender a muchos de los que la defienden. ¿Thomas Paine, que escribió los Derechos del Hombre , era un ardiente deísta o un ardiente agnóstico, o acaso son la misma cosa?

La ley ha puesto fuera de moda a la moral religiosa. Desde que la Declaración de los Derechos del Hombre se hizo legalmente vinculante y se hizo legalmente iguales a todas las denominaciones religiosas, hablar acerca de la religión no ha sido lo mismo. Ésta no es simplemente una proposición intelectual; es una proposición legal. Los asuntos económicos se han mantenido cuidadosamente fuera del discurso religioso, de modo que la persona que quiera justicia para el mundo no encuentra instrumentos para ello entre lo que ha quedado de la moral religiosa. Necesita mirar hacia otro sitio. Por ejemplo, ¿qué es el dinero en nuestro bolsillo? conforme al modo dominante de pensar no es un asunto religioso. Pero esto es un asunto islámico. Declarar el crimen de la banca y el robo del papel moneda es un imperativo islámico. Quemar este pedazo de papel es una nueva comprensión de la rebelión contra el sistema bancario, porque en la Ley Islámica el papel moneda no tiene valor. Lo que esto significa es que el Islam escapa a los límites de lo que se entiende por religión desde la llegada de los derechos humanos. Significa también que el Islam subvierte el actual orden político y económico por su sola presencia.

El estado capitalista (el matrimonio institucional del capitalismo con el estatismo) requirió una cohesión social que no podía ser puesta en peligro por disparidades religiosas. Para garantizar la paz entre las diferentes religiones una moral sincretista subordina todas aquellas otras morales, religiosas o no, que se caracterizan por el exclusivismo, la intolerancia, el sectarismo o simplemente están gobernadas por la fe absoluta. Por otra parte, todo lo que integra las diferentes creencias y credos forma los 'valores positivos' de este conjunto de la moral pragmática. La base de esta moral sincrética fue el esoterismo.

El rechazo de la ley de la apostasía (176) es un elemento común del esoterismo. Es interesante notar que, hasta la actualidad, la Ley de Apostasía en el Islam permanece como el elemento de la Ley Islámica más inaceptable para los kuffar. De lo que se sigue que para que el Islam sea tolerado por los kuffar, debe negarse a sí mismo. Lo que es del todo natural porque así es como son los kuffar. Esto demuestra cómo la tolerancia está basada en la asimilación de la religión en una jerarquía superior de valores. Ser tolerado como musulmán no es igual a que a uno se le permita practicar el Islam. Ser tolerado significa someterse a aquel otro sistema de valores que se coloca por encima del Islam, por encima de lo que Allah ha ordenado. Esto es lo que los kuffar llaman libertad de religión.

La libertad religiosa, la libertad de expresión, la libertad de asociación y demás, fueron parte de una nueva definición de libertad que se fundó con base en las constituciones. Esa libertad se escribió sobre una pieza de papel y fue definida por esa pieza de papel. Pero como lo señala Burke, "la libertad racional no tiene existencia":

"La hacienda de Francia no gobierna Francia. Por supuesto, la hacienda se destruye y la libertad racional no tiene existencia. Todo lo que tienes en la actualidad es un papel en circulación y una constitución agiotista". (177)

La delineación por parte de Thomas Paine de lo que es libertad ofrecer una indicación clara de la naturaleza política de la nueva moral:

"Pero cualquiera que sea la manera en que se ordenen las partes separadas de una constitución, hay un principio general que distingue la libertad de la esclavitud, a saber, que todo gobierno hereditario sobre una población es para ellos un tipo de esclavitud; y el gobierno representativo es libertad". (178)

El nuevo rol de la religión

Lo interesante respecto a la libertad religiosa de hoy en día es que puedes seguir ésta o aquella religión, ser musulmán o ateo, pero lo que está garantizado es que tu modo de vida permanecerá siendo esencialmente el mismo. Ésta es una consecuencia directa de las doctrinas políticas esotéricas tal como se imponen en la actualidad. Si pensamos sobre la religión en la forma clásica como un modo de vida, nos encontramos irónicamente con que hoy en día no hay mucha elección al respecto. Nuestro modo ordinario de vida se ha convertido en una nueva ortodoxia, una religión en el sentido práctico, por encima del cuestionamiento o el escrutinio crítico. En consecuencia, difícilmente sorprende que las personas hoy en día sientan que la discusión sobre la religión es sólo palabras al aire, algo de poca consecuencia. Esto se debe a que en la época de la así llamada libertad de religión, todo esto tiene muy poco que ver con un modo de vida. La forma de vida permanece sin alterar, sin ser cuestionada. La única forma de cambiar esto es confrontar la forma en que vivimos y cambiarla. Con este interés en mente, el Islam aparece súbitamente con una fuerza extraordinaria.

Aquello mismo que los esoteristas querían lograr con su discurso universalista se ve destruido en el proceso de alcanzarlo. La religión se reduce a un conjunto de proposiciones de fe, haciendo posible comparar y diferenciar una religión de otra, pero sin mayor impacto en cuanto a diferenciar los asuntos fundamentales de la vida. Esto explica por qué aun cuando musulmanes, cristianos y budistas pueden identificarse con creencias completamente opuestas, viven fundamentalmente el mimo tipo de vida. La religión del siglo veinte es un sistema abstracto de doctrinas sin mayor correspondencia o relación con formas incorporadas de práctica.

La etapa final de este proceso vino con el intento de los legisladores de convalidar las doctrinas universalistas: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este nuevo estado de las cosas no es lo que dice ser. Las religiones fueron abolidas por el legislador que trató de hacer que todas tuvieran el mismo valor. Legalmente sujetas a dicha legislación, las antiguas religiones dejaron de existir y abrieron paso a la nueva religión emergente. El Islam, en particular, no puede existir bajo la convalidación legal de la DUDH. Son incompatibles.

Permítasenos empezar a partir de una proposición existencial: 'la práctica no es una proposición' o 'un acto no es una cosa o un objeto; sólo existe en su ejecución'. Esto nos pone sobre una base diferente, desde la cual podemos ver más allá del velo de las etiquetas y reconocer la naturaleza de nuestra nueva religión común. Esta forma de observar resulta más informativa acerca de cómo vive la gente que examinar cuáles son sus creencias. ¿Dónde queda una creencia religiosa contra la guerra si estás forzado a pagar impuestos al gobierno de los Estados Unidos? Desde una cruda perspectiva existencial, la religión no ha desaparecido (no puede hacerlo); solo ha sido reemplazada por otra. El marco legal provisto por la Declaración de los Derechos Humanos no ha eliminado las religiones; las ha reemplazado a todas a la vez.

El Islam no encaja en este estrecho marco de religión tal como lo entiende la Declaración. Islam está por encima de esto. De allí que la palabra árabe 'Din' refiriéndose al Islam difícilmente puede traducirse como 'religión' tal como ésta se entiende hoy en día. Din significa transacción. Entre el hombre y Allah. El Islam consiste en prácticas que no pueden cambiarse, imponiendo por tanto su autoridad sobre todas las demás prácticas, del mismo modo en que las prácticas bancarias son una ortodoxia incuestionable en la forma de vida moderna.

Sería un tremendo error no comprender que el Islam se refiere a un modo de vida diferente. Y el Islam es el único camino aceptable por Allah. Nuestro más grande error como musulmanes es tratar de acomodar de Islam al espacio que se ha dejado para la religión, es decir, transformar el Islam en una religión comparable al cristianismo, el judaísmo o el ateísmo. Éste fue el propósito de la modernización en el Islam. El esoterismo tiene el mismo objetivo, sólo que a un nivel metafísico.

La idea detrás de la tolerancia

Tal vez el argumento más familiar y repetido en contra de la mezcla de la política con la religión es la expresión intolerancia/tolerancia. Cualquier reivindicación de conocimiento absoluto de lo correcto o verdadero es intolerancia. La tolerancia juega un rol fundamental en el logro social del sincretismo. El significado oculto de la tolerancia religiosa radica en aquel comportamiento común al que se pretende proteger y al que no se le somete al escrutinio del debate o la opinión pública. En este discurso se encuentra el asunto de las relaciones minoría/mayoría y la aceptación radical de la diferencia/otredad que permite que comunidades dispares coexistan lado a lado. La nueva religión debe ser tolerante si las diferencias han de ser esclarecidas por la capacidad de amalgama de la ficción del estado.

La filosofía de la tolerancia al uso hoy en día pasa por alto ciertas situaciones estructurales en la que el individuo simplemente no tiene más opción que hacer cierta clase de cosas. Esta imposición sobre el individuo se mide conforme a un doble estándar: o bien se entiende como un asunto de opresión o bien como una cuestión de circunstancias. Si dichas acciones se llevan a cabo complaciente o reluctantemente es otro asunto. Lo crucial aquí es que uno está, en un sentido, obligado a hacer ciertas cosas en virtud de posibilidades y condiciones estructurales. Éste es un campo distinto al del modo de conciencia con el que uno las hace: el de si uno está contento o irritado de hacer lo que uno está obligado a hacer. Es decir, cuando se trata de la libertad existencial del individuo, los actos son más relevantes que los principios o las ideas. Bajo la filosofía de la tolerancia se nos anima a mirar las cosas equivocadas o se nos impide dirigir ese principio de aplicación hacia los aspectos más cotidianos de nuestra vida. Los actos no son objetos o ideas; los actos sólo existen en su ejecución. Por tanto, la vida consiste en actos que objetivamente no pueden sustituirse por principios o ideas. La tolerancia que se nos ofrece es una tolerancia esotérica que ignora o disminuye la importancia del comportamiento como campo de la libertad a favor de una tiranía de principios e ideas totalmente desprovistas de un genuino interés por la vida. Los principios, las ideas y las creencias adquieren un estatus esotérico al que el comportamiento, interpretado como lo exotérico, debe de someterse en un típico orden jerárquico esotérico. Lo que esta jerarquía revela es la genealogía común de esta filosofía moderna de la tolerancia con la moral esotérica de los derechos humanos del siglo dieciocho. Un enfoque de la libertad genuino y liberador tendría que mirar al comportamiento (que llamamos 'amal en árabe) y las circunstancias mediante las cuales las posibilidades de actuar se modelan y reconfiguran. Imam al-Ghazali, el famoso sufi, escribió que el 'Ilm al-mu'amala precede al 'Ilm al mukashafah ; en otras palabras, que el conocimiento de los actos y el comportamiento precede al conocimiento de los temas velados.

El mito del nacionalismo y la prosperidad económica necesitan la sumisión de toda expresión ideológica. La mejor ilustración de este punto es la banca. Sus símbolos y rituales son defendidos por toda la sociedad y todas las sociedades incluyendo a gente de todas las denominaciones religiosas, y mientras que la intolerancia no puede aplicarse a la violencia de la represión hipotecaria, sí puede aplicarse a cualquiera que trata de desregular o privatizar la moneda y hacer regresar a la gente la posibilidad de optar. Cómo adorar a Allah puede ser cuestionado, pero el dinero que tienes en tu bolsillo es un dogma. El estado, la banca y la democracia son auto-evidentes y por tanto están más allá de la crítica.

La subordinación del Islam bajo estos dogmas religiosos sólo puede hacerse mediante la supresión de la Ley Islámica, o suplantándola, o disminuyéndola o posponiendo su aplicación. Aquí es donde términos como tolerancia, modernismo, esoterismo y mesianismo (mahdismo en la interpretación shi'a) hallan su terreno común. El problema viene cuando la tolerancia esotérica se vuelve el imperativo moral y la esencia inmutable de la vida. Entonces el Islam sí es aceptable, o para decirlo de otra manera, sólo en la medida en que encaja en una forma preformulada de sociedad. A todo lo demás se le tilda con un carácter patológico definido como literalismo del mensaje del Islam o lo que ahora se llama comúnmente islamismo. Lo más inaceptable respecto al Islam es que puede haber campos donde el debate, la reformulación y la acomodación con otras ideas es imposible. La necesidad de diferentes opiniones es asimismo crucial para la posibilidad de la democracia en sí misma. Se compara al Islam con la plantilla teórica de lo que debería ser una religión tolerante: el deísmo. El deísmo se asocia con la comprensión de la idea de divinidad, texto sagrado y principios morales generales, pero separados de los 'rituales exotéricos'. No es coincidencia que el autor de Los Derechos del Hombre, de quien vinieron los derechos humanos, escribiera: "Toda persona, de cualquier denominación religiosa que sea, en un Deísta en el primer artículo de su Credo. El Deísmo, que viene de la palabra latina Deus, Dios, es la creencia en un Dios, y esta creencia es el primer artículo del credo de todos los hombres" (179). Dentro de esta plantilla, las religiones son aceptables, pero todo lo que esté fuera es discutible. Discutible significa que no es esencialmente necesario. El nuevo imperativo moral insiste en que todas las religiones tienen el mismo valor, lo que en la práctica es equivalente a hacer del asunto de adoptar y cumplir una religión un asunto esotérico.

La tolerancia es también una herramienta para crear una opinión pública. Cuando uno examina por primera vez este asunto es claro que el uso que hacen los kuffar de este término es unidireccional. Sólo se aplica a los 'otros', especialmente a los musulmanes. Se le usa para sojuzgar el espíritu de los musulmanes; frecuentemente para reprocharnos algo que no hicimos. El proceso mediante el cual el mundo ha llegado a una homogeneidad de cultura, inducido por sistema económico homogéneo, no se ha examinado bajo el principio tolerancia/intolerancia. Por el contrario, cualquier resistencia al mismo se ha tildado de 'reaccionaria'. La asunción de que los modelos de sociedad en los que la usura y la imposición tributaria no sólo son tolerados sino que son necesarios y que son los únicos estándares por el que han de ser juzgadas e interpretadas todas las sociedades tolerantes tendría que poner en cuestión la validez o relevancia de la idea misma de tolerancia. La intención final de la tolerancia pierde cualquier integridad cuando se aplica a la gente musulmana. Escenas de un patrocinio económico y político del desdén, como se ha visto recientemente en Algeria, Bosnia y Turquía, contra los partidos democráticos musulmanes que intentan jugar con las reglas de la tolerancia, exponen el significado arbitrario de la tolerancia como una moral de conveniencia.

¿Qué significa, podríamos preguntar, la 'libertad de religión' cuando las religiones han sido reducidas a nada? ¿Qué significa ser 'tolerado religiosamente' si todos les han impuesto un sistema financiero y un sistema de medios de comunicación que no tienen la opción de elegir? Un test serio de tolerancia sería negarse a pagar impuestos sobre bases puramente religiosas: No puedo pagar impuestos a los Estados Unidos cuando están bombardeando a gente en todo el mundo. O podríamos decir igualmente: "No acepto pagar esta hipoteca porque el contrato sobre el que se basa es nulo y sin efecto conforme a la Ley Islámica, en la que todo lo que tienes que devolver es el dinero que fue prestado, pero no el interés". Allah dice en el Noble Qur'an:

¡Vosotros que creéis! Temed a Allah

y renunciad a cualquier beneficio de usura que os quede,

si sois creyentes.

Y si no lo hacéis, sabed que Allah y Su Mensajero os han declarado la guerra.

Pero si os volvéis atrás en arrepentimiento, conservaréis vuestro capital,

sin ser injustos ni sufrir injusticia 

(Qur'an 2, 277-278)

Nos hallamos de hecho con que la tolerancia y la intolerancia no significan nada. Lo que importa es nuestro modo de vida, particularmente la esfera de la economía diaria (no la economía académica figurativa), que se conserva a sí misma como una ortodoxia por encima de la religión. Esto no quiere decir que la economía tiene una posición ideológica fijada. Por el contrario, es la más irracional de todas las formas de pensamiento. Simplemente indica, en este mundo nacido de la Segunda Guerra Mundial, el hecho de que a ningún partido o religión se le permite nombrar, ni qué decir ya promulgar, la única batalla del futuro: "Lo bancos son instituciones usureras y por tanto criminales y tendrán que desaparecer". Contra este trasfondo es que miramos la cuestión del esoterismo: un trasfondo de silencio cómplice respecto a este mundo -que define un modo de vida- y respecto a una gente contra la que Allah ha declarado la guerra: la usura y los usureros. El objetivo es separar la vida de la ética, a fin de que uno se pueda sentir confortable una vez que se ha rendido a la pieza pagana de papel moneda bancario. La tolerancia y la intolerancia son una distracción esotérica para ocultar el crimen.

La tolerancia como asimilación

La tolerancia en realidad es el eufemismo moral para la asimilación. El examen histórico del rol de la tolerancia en Europa muestra que el principal propósito fue consolidar el nuevo estado que estaba siendo definido como una entidad capitalista.

Martín Lucero fue el primero en usar el término germano Toleranz en 1541, pero precisamente para rechazar la idea: "No puedo imaginar ni una sola razón que pueda por [el nombre de] Dios justificar la tolerancia". El trabajo de Erasmo y sus sucesores de preservar la unidad de la iglesia alzó el argumento de la tolerancia en términos de la concordancia de las diferentes creencias. La idea de concordancia religiosa tomó la forma de una simplificación de la religión: evitar sutilezas teológicas vistas como no importantes o artificiales y reducir los fundamentos de la religión a los puntos en común entre católicos y protestantes. Esta posición ocasionó la distinción entre dogmas fundamentales y cosas sin importancia. Esto implicó un cambio fundamental en la idea de la persona herética: ésta podría abandonar su error si pudiera descubrir los elementos fundamentales de la fe. Desde el principio ésta es la estructura esencial de la tolerancia: reunión de creencias, simplificación concordante y conversión forzada a la nueva fe.

La primera fase de la tolerancia culmina con el Edicto de Nantes que invitó en 1598 a los protestantes y a los católicos del reino a no renunciar a su fe y a vivir más bien como "hermanos, amigos y ciudadanos" (art. 2). Con esta fórmula de compromiso, el Edicto garantizo que la pertenencia del individuo al estado estaba por encima de la religión: el excomulgado no deja de ser un ciudadano. Las convicciones religiosas con personales y privadas, sometidas a la ciudadanía universal. La tolerancia es una raison d'Etat: el estado es el árbitro imparcial de todas las diferencias religiosas. En nombre de la liberación de la conciencia privada el estado se afirma a sí mismo como el Estado Absoluto, que gobierna sobre los asuntos públicos sin interferencia de ningún tipo, con una autoridad absoluta por encima de la religión. La religión, en consecuencia, se reduce a principios metafísicos en ese sentido etimológico que implica más allá del mundo natural, físico, que pertenece al estado.

El filósofo judío Espinoza, que fue excomulgado de la sinagoga en 1656, abordó la tolerancia desde el punto de vista de la consecución de la libertad fuera de controles externos o imposiciones en el sentido de un orden social en su Traité théologico-politique (1670): "En una República libre todo el mundo está autorizado a pensar lo que quiere y a decir lo que piensa". John Locke en su Carta sobre la Tolerancia (1689) va un paso más allá para refutar del todo la idea de una religión verdadera . Abrió un camino político a la tolerancia, esto es, el secularismo. El estado no tiene competencia para gobernar las creencias religiosas de sus súbditos. Esto es lo que Jefferson exigiría luego para establecer un muro de separación entre la religión y la política. Esta perspectiva define lo que es la creación implícita de una religión secular civil con supremacía absoluta sobre el individuo en términos de la libertad del individuo: libertad de conciencia. Locke niega la verdad a todas las religiones, excepto el estado. El estado fuerza una conversión mediante la eliminación de todas las alternativas.

Rousseau en El Contrato Social exigió para cada ciudadano el derecho a la libertad de conciencia y reconoció al mismo tiempo el privilegio del estado de determinar las formas exteriores de la religión cívica: "Hay una profesión de fe, puramente civil, según la cual pertenece al soberano fijar los artículos de la ley, no precisamente como dogmas religiosos sino como un sentimiento de sociabilidad, sin el cual es imposible ser un buen ciudadano o un súbdito leal; sin ser capaz de obligar a la gente a creer en ellos (los artículos de la ley) puede deportar del estado a cualquiera que crea [sic] en ellos, no como un infiel, sino como un insociable [.]". La tolerancia presentada como una actitud de humanidad de estar abierto a las opiniones de otros implica separar esotéricamente la religión de las formas exteriores (lo exotérico) que claudican a la religión civil pagana.

Voltaire (180), tal vez el escritor individual de la Ilustración más conocido se hizo de renombre tempranamente en 1923 como un prominente defensor de la tolerancia religiosa cuando publicó un largo poema acerca del rey francés Enrique IV y la guerra de religión de dieciséis años entre católicos y calvinistas. Durante su visita a Inglaterra y Holanda en los años 1920 comprendió el beneficio político de asimilar otras religiones, particularmente a los calvinistas que abrieron la puerta a los demás cristianos para aceptar la práctica de la usura. En su Tratado sobre la Tolerancia (1763) no sostuvo dar derechos políticos a los miembros de otras religiones; simplemente sostuvo las virtudes de mitigar la religión a favor del orden social:

"Tenemos judíos en Bordeaux y Metz y Alsacia; tenemos luteranos, molinistas y jansenistas; ¿acaso no podemos soportar y regular a los calvinistas básicamente en los mismos términos en los que los católicos son tolerados en Londres [que no disfrutaban derechos políticos pero podían practicar su religión]? A mayor número de sectas, menor es el peligro de cada una. La multiplicidad las debilita. Todas están restringidas por leyes justas que prohíben reuniones indisciplinadas, insultos y sedición, y que son hechas cumplir por la comunidad"

La fórmula 'tolerante' de Voltaire fue respaldada por el gobierno de Luis XVI, que pasó un nuevo Edicto de Tolerancia garantizando a los calvinistas algunos derechos civiles atenuados para practicar su religión, la usura, mas no derechos políticos:

"Artículo 3. No pretendemos sin embargo que aquellos que profesen una religión distinta a la religión católica puedan considerarse a sí mismos capaces de formar en nuestro reino cualquier organismo particular, comité o asociación, ni que sean capaces de formular bajo tal designación cualquier demanda colectiva, tener cualquier tipo de representación, deliberaciones o adquisiciones para llevar a cabo otros actos similares. Prohibimos con énfasis de modo expreso a cualquier juez, registrador, notario, abogado u otro funcionario público dar respuesta a, recibir o firmar tales demandas, representaciones, deliberaciones u otros actos bajo pena de suspensión; y prohibimos a cualquiera de nuestros súbditos reivindicar que se encuentran autorizados por las mencionadas comunidades o asociaciones bajo pena de ser considerados instigadores y protectores de asambleas y asociaciones ilegales y en tanto tal punibles conforme al rigor de las regulaciones". (181)

Desde entonces la tolerancia ha sido verdaderamente asimilación, lo que ahora se llama en Francia el 'modéle françcais d'integration'. El mismo consiste de la erosión gradual de las características peculiares que entran en conflicto con la religión civil. Por ejemplo los musulmanes en Europa tienen que confrontar la prohibición puritana e hipócrita de la poligamia. La tolerancia se invoca en este caso para pedirles a los musulmanes que abandonen lo que Allah ha hecho halal mientras que el kafir se complace en un comportamiento adúltero. Este conflicto muestra claramente la vocación religiosa del estado y el hecho de que no es posible una reconciliación de las dos posiciones.

Parte 2. El Fenómeno Esotérico.
(Dividido en 7 partes para facilitar la lectura)
Siete Notas