


Jesus Profeta del Islam |
Capítulo
III
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Bernabé, o Bar Nabe, que significa "hijo del consuelo" o "hijo de la exhortación", era judío y había nacido en Chipre. Originalmente conocido como Joses o José, recibió su nuevo nombre de manos de los discípulos de Jesús, la paz sea con él y con ellos. A pesar de que en los cuatro Evangelios aceptados apenas se le menciona, si se toma la evidencia proporcionada por otros textos del Nuevo Testamento, Bernabé aparece como uno de los líderes de los discípulos después de la desaparición de Jesús. Fue él quien por encima de todos los demás se esforzó en aferrarse a la doctrina más pura de Jesús y se opuso contra todo innovador, especialmente Pablo de Tarso. Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, era el médico personal de Pablo, transmitiendo en consecuencia su punto de vista. Esto es lo que explica que Lucas sólo mencione a Bernabé cuando lo necesita para ilustrar algún pasaje de la historia de Pablo.
Desgraciadamente, libros como "Los Viajes y enseñanzas de los Apóstoles", fueron destruidos por la Iglesia Paulina una vez adoptada la Doctrina de la Trinidad y como parte de sus intentos por destruir toda narración que contradijera el nuevo dogma. Esta es la razón de que se perdiera mucho de lo que se sabía sobre Bernabé y los primeros cristianos. Este proceder de los Trinitarios es probablemente lo que explica la extraña ausencia de referencias sobre Bernabé en los cuatro Evangelios aceptados; y también el por qué, según dice Lucas, siendo Bernabé el discípulo más importante después de la desaparición de Jesús, deja de aparecer en las páginas de la historia cuando Pablo y él dejan de estar de acuerdo y se separan.
Bernabé permaneció con Jesús desde el comienzo de su misión. Su Evangelio muestra claramente la lealtad y el amor que sentía por Jesús. No sólo fue su constante compañero, sino que absorbió y retuvo de tal modo su enseñanza, que pronto se ganó la reputación, de sobra manifiesta en los "Hechos de los Apóstoles”, de persona con capacidad de transmitir lo que había aprendido de su maestro.
El nombre otorgado por el resto de los discípulos a Bernabé indica su poderío y elocuencia como orador, fuente de ánimo y consuelo. Bernabé era sincero y también generoso. Después de conocer a Jesús vendió todas sus posesiones y dio el dinero para que fuese utilizado por los seguidores de Jesús. El amor que Jesús y los discípulos sentían por él, queda manifiesto por el número de nombres diferentes con los que se conocía a Bernabé.
Cuando para reemplazar a Judas los apóstoles decidieron elegir a un nuevo apóstol de entre los que habían estado siempre con Jesús, "desde el momento de su bautizo a manos de Juan", seleccionaron a dos personas: "Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías" (Hechos, 1: 23). En el Nuevo Testamento no se menciona a ningún otro José que acompañara a Jesús durante su vida excepto al conocido popularmente como Bernabé. Así pues, aunque Clemente de Alejandría menciona siempre en sus escritos a Bernabé como un apóstol, existe sin embargo la posibilidad de que Barsabás -quien, según Goodspeed cuenta, en una ocasión bebió un veneno sin sufrir daño alguno fuese el mismo Bernabé.
Si
fuera este el caso, se confirmaría también que aunque Bernabé
no fuese uno de los primeros doce discípulos, sí fue uno
de los primeros setenta y dos; el hecho de que Bernabé fuese lo
suficientemente apreciado como para completar el número de los
doce primeros discípulos, está apoyado por la tradición
que cuenta que cuando María, la madre de Jesús, en su lecho
de muerte llamó a los apóstoles, Bernabé era uno
de los que acudieron.
Lo más probable sin embargo es que Bernabé fuera uno de
los primeros doce apóstoles, hecho que confirma él mismo
en su Evangelio cuando describe lo que hizo Jesús una vez finalizado
el periodo de cuarenta días de soledad en el desierto:
"Cuando Jesús volvió a la región de Jerusalén, la gente lo recibió con enorme alegría rogándole que se quedara a vivir con ellos; porque las palabras de Jesús no eran como las de los escribas sino que tenían poder: llegaban al corazón.
Al ver Jesús el elevado número de personas que deseaban seguir el camino de Dios, subió a la montaña y permaneció la noche entera en oración. Al amanecer, descendió de la montaña y escogió a doce, a los que llamó apóstoles y entre los que se encontraba Judas, el que iba a morir en la cruz. Sus nombres eran: Andrés y Pedro, su hermano, pescadores; Bernabé, el que esto escribe; Mateo, el funcionario público que recaudaba los impuestos; Juan y Santiago, hijos de Zebedeo; Tadeo y Judas, Bartolomé y Felipe; Santiago y Judas Iscariote, el traidor. A éstos Jesús les reveló los secretos divinos. Y Judas Iscariote fue nombrado por Jesús administrador de las limosnas, pero éste roba la décima parte de todo lo recibido" (El Evangelio de Bernabé: 14).
Es interesante comprobar que aunque los nombres de los apóstoles listados por Bernabé no corresponden a los mencionados en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, la misma observación puede hacerse con respecto a los tres grupos de nombres que aparecen en Mateo 10, 2-4, Marcos 3, 14-19 y Lucas, 13-16 respectivamente. Lucas no menciona a Tadeo mientras que Bernabé, Mateo y Marcos sí lo hacen. Tanto Mateo como Marcos no mencionan al otro Judas, el hijo de Santiago, pero Bernabé y Lucas sí lo mencionan. Mateo, Marcos y Lucas mencionan a Tomás y a Simón el Zaleote, pero Bernabé no. Mateo, Marcos y Lucas no hablan de Bernabé, pero éste sí lo hace. El Evangelio de Juan en su forma actual no da una lista completa de los doce apóstoles. Como suele ocurrir cada vez que uno se enfrenta a faltas o contradicciones, depende del lector decidir cuál de estos Evangelios en su forma presente está menos alterado y más inspirado por la Divinidad y, en consecuencia, ¡el más preciso y digno de confianza!
Como ya hemos visto, es más que probable que Jesús creciera en medio de la comunidad Esenia; hay una tradición que afirma que Bernabé era discípulo de Gamaliel, el maestro de judaísmo ortodoxo más prestigioso de la época. En ese caso, el encuentro entre Jesús y Bernabé significaba la fusión de lo mejor de las enseñanzas gnósticas de los Esenios y lo mejor del judaísmo ortodoxo del Templo de Jerusalén. Es indudable que esto contribuyó a la mutua y armónica comprensión entre Jesús y Bernabé. Y dado que este último era un Levita, era muy posible que también tuviera bajo su mando a una división de Zaleotes.
A pesar de saberse tan poco sobre Bernabé, las últimas investigaciones históricas están descubriendo poco a poco la relevancia de su figura mientras Jesús estuvo en la tierra. En nuestros días hay ya un acuerdo general entre los historiadores que afirman que la última Cena tuvo lugar en la casa de la hermana de Bernabé, a pesar de que como ya hemos visto, el propio Bernabé afirma que tuvo lugar en la casa de Nicodemo, junto al arroyo llamado Cedrón, situada a las afueras de Jerusalén. Sin embargo, Albert Schweitzer, que pudo no haber tenido acceso al Evangelio de Bernabé, escribe en su libro "El Reino de Dios y las Creencias Cristianas Originales”:
"Basándose en los Hechos de los Apóstoles, puede deducirse que los discípulos y creyentes de entre los Galileos se reunieron en la casa de la madre de Juan Marcos, discípulo que luego acompañaría a Bernabé y Pablo en el Primer Viaje Misionero (Hechos 12: 25)... El lugar de reunión de los creyentes fue la 'habitación de arriba', esto es, la habitación situada justo debajo del techo plano de la casa (Hechos 1: 12-14). Tenía que ser una habitación lo suficientemente grande como para albergar a todo el grupo. Esta era la habitación donde los creyentes 'al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar' (Hechos 2: l). ¿Cómo llegó a ser identificada como el lugar donde Jesús celebró la última Cena con sus discípulos?
Cuando Jesús envió a dos de sus discípulos de Betania a la ciudad con instrucciones de llevar a cabo los preparativos para la cena de la Pascua, les dijo que siguiesen a un hombre al que encontrarían llevando un odre con agua. Este les conduciría a una casa que disponía de una habitación en la planta superior cubierta de alfombras; allí era donde iba a tener lugar la cena. Esta importante información se la debemos al Evangelio de Marcos (Marcos 14: 13-15), que a su vez se basa en una tradición proveniente de Juan Marcos. Mateo por su parte sólo cuenta que Jesús envió a los dos discípulos con instrucciones de transmitir la información a alguien de la ciudad. 'El Maestro dijo: 'Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos'. (Mateo 26: 18). Theodore Zalin fue uno de los primeros en adelantar la idea de que, la casa en la que tuvo lugar la última Cena de Jesús con sus discípulos, era idéntica a la de la madre de Juan Marcos, lugar tradicional de reunión de los discípulos con los creyentes de Galilea" 28.
A pesar de que Schweitzer afirma que la casa era de la madre de Juan Marcos, lo que no menciona es que la madre de Marcos era hermana de Bernabé. Como para aquel entonces Bernabé había vendido todas sus posesiones, es más que probable que durante su estancia en Jerusalén se alojara en casa de su hermana, sobre todo si tenía una habitación lo suficientemente grande como para permitir las reuniones de los discípulos. Es probable que la razón de que nada de ello se mencione en el Antiguo Testamento, fuera el deseo por parte de los discípulos de mantener en secreto su lugar de reunión en una época en la que eran perseguidos por sus creencias.
Si la hipótesis de Albert Schweitzer es correcta, cabe preguntarse por qué no se menciona a Bernabé en ninguno de los cuatro Evangelios aceptados, habiendo sido el anfitrión de toda reunión de discípulos que sucedía en la casa de su hermana. 0 bien era mencionado, mención posteriormente eliminada, o bien no estaba presente. Es posible que no asistiera por encontrarse en prisión. Se ha transmitido que un grupo liderado por un hombre llamado Barrabás, había atacado a un grupo de judíos pro-romanos en una disputa que tuvo lugar poco antes de la fiesta de la Pascua. El líder de los judíos fue matado y Barrabás fue capturado y puesto en prisión. Heinrich Holtzman, historiador que ha examinado este episodio con todo detalle, afirma que entre los detenidos estaba "el famoso Barrabás, que era ciertamente un patriota y una especie de 'profeta' político que fue juzgado casi al mismo tiempo que Jesús". 29
Al ser Bernabé un Levita y uno de los principales discípulos de Jesús, es muy posible que fuera jefe de una de las divisiones de Zaleotes. Estas cuatro divisiones, como sabemos gracias a los "Rollos del Mar Muerto". Eran parte integral de la comunidad Esenia y habían jurado liberar su territorio de los invasores extranjeros y de todos aquellos que les prestaran ayuda. En esa época, los únicos capaces de llevar a cabo un ataque organizado contra los judíos pro-romanos eran los Zaleotes con lo que es muy posible que Barrabás y Bernabé fueran la misma persona. También es posible que junto con otras modificaciones de la Iglesia Paulina se eliminara, o al menos se alterase, el nombre de Bernabé cuando aparecía mencionado en conexión con un suceso que no formaba parte de la historia de Pablo. No podían practicar este procedimiento cada vez que Bernabé era mencionado en los libros del Antiguo Testamento, y además, tal y como indican los "Hechos de los Apóstoles", sin la ayuda prestada a Pablo por Bernabé en los primeros días de la Iglesia, Pablo no habría tenido lugar alguno en la historia del Cristianismo.
Existe escasa información acerca de lo ocurrido con los discípulos más cercanos a Jesús tras su desaparición. Parece ser que muchos se dispersaron después de la supuesta crucifixión. Pasado algún tiempo comenzaron a reagruparse en Jerusalén. No se sabe exactamente cuántos regresaron de los doce apóstoles o de los setenta y dos discípulos más cercanos. No obstante, lo cierto es que quienes lo hicieron eran hombres llenos de fe, sinceridad, valentía y de un gran amor por Jesús.
La preeminencia de Bernabé como persona cercana a Jesús, lo convertía en miembro destacado de este pequeño grupo de discípulos. Continuaron viviendo y practicando como Jesús les había enseñado; observaban la Ley de los Profetas que Jesús había venido "no a abolir sino a dar cumplimiento" (Mateo, 5: 17). Para ellos era inconcebible pensar que las enseñanzas de Jesús eran una nueva religión. Eran judíos practicantes y sinceros, y lo único que los diferenciaba de sus vecinos era su fe en el mensaje de Jesús. En aquellos días, los discípulos no se organizaron como un grupo separado de los demás ni tenían una sinagoga propia. En el mensaje de Jesús, tal y como ellos lo entendían, no había nada que exigiera una ruptura con lo que era claramente la afirmación continuadora y revitalizadora de la guía enseñada por Moisés.
El conflicto entre algunos de los judíos y los auténticos seguidores de Jesús, conflicto que ya había surgido en la época en la que Jesús, la paz sea con él, transmitía su mensaje, lo habían iniciado aquellos judíos que habían alterado y adaptado el mensaje de Moisés conforme a sus propios intereses, y que al mismo tiempo temían, no sin razón, que el apoyo a Jesús y a sus seguidores les haría perder la riqueza, el poder y la posición que disfrutaban. El pacto que los magnates judíos habían formalizado con los romanos, pacto destinado a salvaguardar los intereses y privilegios disfrutados durante siglos, exigía ahora un mayor distanciamiento de la guía mosáica.
Tras la desaparición de Jesús, este grupo de judíos continuó apoyando a los romanos en la persecución de aquellos cuyas acciones y palabras amenazaban desvelar lo que habían hecho. Esto daba lugar a que un seguidor de Jesús lo aceptara mientras que había judíos que lo rechazaban. No debió ser una época fácil para los primeros seguidores de Jesús. Por un lado eran perseguidos por los romanos, que los consideraban una amenaza ante su poder político; por otro, eran perseguidos por los judíos, que temían que su "autoridad religiosa" les fuera arrebatada.
En los años siguientes comenzó a aumentar el distanciamiento entre los judíos que se negaban a reconocer a Jesús y los que lo seguían. Durante el asedio a Jerusalén del año 70 d.C. -asedio que culminó con la destrucción total del Templo de Salomón a manos de los romanos- los seguidores de Jesús abandonaron la ciudad. Más tarde, cuando se produjo la rebelión de "Bar Koch'eba" en el año 132 d.C., se negaron a luchar en el bando judío. Estos dos grandes enfrentamientos ocurridos entre romanos y judíos demuestran la principal diferencia entre los judíos y los verdaderos seguidores de Jesús. Los primeros buscaban el poder político, los segundos querían vivir de manera que complaciera a su Señor. Aunque había judíos que luchaban para poder cumplir con su religión, libres de invasores extranjeros, hubo también seguidores de Jesús que se apartaron del resto de los judíos a fin de evitar la persecución dirigida específicamente contra los judíos en general.
Las preguntas sobre el origen de Jesús, su naturaleza y su relación con Dios, que posteriormente serían causa de grandes controversias, no existían entre los primeros seguidores de Jesús. Se aceptaba sin discusión alguna que Jesús era un hombre y un Profeta y que había sido favorecido sobremanera por Dios. No había nada en las palabras o acontecimientos de la vida de Jesús en la tierra que les hiciera abandonar esta convicción. Según Arístides, uno de los primeros apologistas, la adoración de los primeros cristianos era más monoteísta incluso que la de los judíos.
En este círculo de sinceros seguidores de Jesús es donde entró Pablo de Tarso. Jamás había conocido a Jesús ni tampoco se había relacionado con ninguno de los discípulos más cercanos. Gozaba de la reputación de ser uno de los enemigos más encarnizados en contra de Jesús. Había presidido la lapidación de Esteban, un "hombre lleno de fe y de Espíritu Santo" (Hechos, 6: 5), y formaba parte del creciente grupo de personas unidas a los seguidores de Jesús tras su desaparición. Cuando el maestro de Pablo, el conocido Gamaliel, trató de proteger a Esteban, fue también condenado a ser lapidado sin que Pablo intercediera por él.
Y consta también que Pablo, entonces llamado Saulo, era responsable en aquella época de una gran persecución contra la Iglesia causando "estragos en la Iglesia; entrando por las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres, y los metía en la cárcel" (Hechos, 8. 1-3). El mismo Pablo lo admitía:
"Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres" (Gálatas 1.13-15).
Y también se relata en los Hechos 9. 1:
"Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén".
Fue precisamente en este viaje a Damasco donde se dice que Pablo se encontró con Jesús en una visión que tuvo como resultado su conversión en uno de sus seguidores.
Poco antes de estos acontecimientos se cuenta que Pablo había querido casarse con una mujer llamada Popea, la atractiva pero ambiciosa hija del Sumo Sacerdote de los judíos. Esta mujer estaba dotada de una belleza seductora y una mente proclive a las intrigas. A pesar de que Pablo le gustaba, rechazó sus propuestas de matrimonio y se fue a Roma para trabajar como actriz. Una vez iniciada en el escenario, fue subiendo paso a paso hasta alcanzar el lecho de Nerón. Finalmente se casó con él y llegó a ser la Emperatriz del Imperio Romano. No es de extrañar pues que Pablo tuviera sus razones para estar resentido tanto contra los judíos como contra los romanos. La conversión de Pablo coincidió con el rechazo de Popea. Es probable que en esa época Pablo se encontrara bajo una gran presión psíquica. Es posible que esta crisis en su vida influyera en ese cambio súbito que le hizo pasar de ser uno de los mayores defensores de la Ley judía, a ser uno de sus peores enemigos.
Una vez producida su conversión, Pablo permaneció con los discípulos que vivían en Damasco y "en seguida se puso a predicar sobre Jesús en las sinagogas: que él era el hijo de Dios" (Hechos, 9; 20). Sus palabras atrajeron sobre sí mismo la persecución en la que tan recientemente había estado involucrado. Es muy probable que el motivo de la ira de los judíos fuera el hecho de describir a Jesús como "hijo de Dios". La idea de que Dios tenía un hijo era aborrecible para los judíos ya que creían firmemente en la Unidad de Dios.
Pablo abandonó Damasco y entonces, en vez de buscar la compañía de los otros seguidores de Jesús, fue al desierto de Arabia donde permaneció oculto durante tres años. Bien pudiera ser éste el lugar donde se formara su versión de lo que Jesús había enseñado. Esta versión, además de rechazar explícitamente la Ley de Moisés, obviaba que Jesús, a lo largo de toda su vida, había sido un sincero practicante de la Ley de Moisés, procurando en todo momento defender las enseñanzas que Moisés había traído antes de él.
Fue precisamente después de este largo periodo de retiro cuando Pablo se presentó ante los discípulos de Jerusalén. La repentina llegada de Pablo provocó más recelo que sorpresa. Las historias de sus persecuciones contra los seguidores de Jesús aún estaban frescas en sus mentes. ¿Podía un leopardo cambiar sus manchas? Parece que los discípulos no tenían motivo alguno para aceptarle en su círculo. Pablo no sólo había sido su perseguidor de antaño, sino que ahora pretendía saber lo que Jesús había enseñado, a pesar de no haberlo visto jamás y de haber estado escaso tiempo, o más bien ninguno, con los que habían estado con Jesús. En vez de intentar aprender de los que habían estado cerca y conectados con Jesús durante su estancia en la tierra, Pablo quería ahora enseñarles. En su carta a los Gálatas trata de justificar esta actitud:
"Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo" (Gálatas 1: 11-12).
Así es como Pablo proclamaba tener un acceso a Jesús que les había sido negado a sus más cercanos seguidores durante su estancia en la tierra. La enseñanza que Pablo pretendía haber recibido no se correspondía con lo que los apóstoles habían oído de los labios de Jesús. Es comprensible pues que sospecharan de su conversión y consideraran sus "revelaciones" poco dignas de crédito. Incluso es probable que muchos sospecharan que Pablo fuese un espía que pretendía hacerse pasar por seguidor de Jesús. La disputa sobre si Pablo debía o no ser aceptado fue sin duda un tema amargo cuyo resultado era de preveer.
No obstante, Bernabé, que según la tradición había sido compañero de estudios bajo la dirección de Gamaliel, intervino en la discusión y se manifestó a favor de Pablo. A pesar de la casi unánime oposición, logró que Pablo fuera aceptado por lo seguidores de Jesús. Esto indica el grado de influencia que tenía Bernabé sobre los apóstoles, indicando también en consecuencia, el grado de proximidad que debía haber tenido con Jesús durante la permanencia de éste en la tierra.
Es probable que Pablo comprendiera que había sido aceptado debido
a la autoridad ejercida por Bernabé y no por sus propios méritos.
Este resultado le dejó sin duda insatisfecho. Esta pudiera haber
sido una de las razones que decidieran su regreso a Tarso, su ciudad natal,
aunque también se ha transmitido que lo hizo por estar su vida
en peligro.
La persecución de los seguidores de Jesús, instigada no sólo por los romanos sino también por los propios judíos, había obligado a dispersarse a muchos de ellos por toda Tierra Santa. Después del martirio de Esteban, algunos de los apóstoles se encaminaron hacia Antioquía, donde confiaban eludir las posibles persecuciones dirigidas por Pablo y sus seguidores. Ciudad fundada por Seleucus Necator, Antioquía había crecido hasta el punto de ser la tercera ciudad más extensa del Imperio Romano después de Roma y Alejandría. Antigua capital del reino griego, se había convertido en un importante centro de comercio. Con la acumulación de tanta riqueza, sus habitantes llevaban una vida de lujo y decadencia de forma que Antioquía tenía la reputación de ser una ciudad de vida fácil.
A esta ciudad llegó este pequeño grupo de extranjeros, vestidos con harapos y que practicaban una vida simple y honesta impregnada de temor de Dios. Algunos ciudadanos, hartos de llevar una vida inmoral, comenzaron a unírseles, pero la mayoría los consideraban con ridículo y desprecio llegando a ponerles el mote de "cristianos". Puede que para unos pocos este término significara respeto, pero para la gran mayoría era un sinónimo de odio y de abuso.
Hasta ese momento, los seguidores de Jesús habían sido conocidos como los Nazarenos. En hebreo, la raíz de esta palabra significa "mantener" o "guardar". El adjetivo indicaba pues el papel de los discípulos como mantenedores o guardianes de la guía traída por Jesús. Libanio cuenta que los judíos de Antioquía solían rezar tres veces al día pidiendo: "Que la maldición de Dios caiga sobre los Nazarenos". Proferio, otro historiador opuesto a los Nazarenos, describe su forma de vida como "una religión bárbara, nueva y extraña". Celso narra que según Jerome, a los cristianos se les llamaba "griegos impostores y mentirosos" debido a que utilizaban las mismas túnicas griegas que vestían los sacerdotes del templo griego.
A pesar de la oposición, la gente continuaba visitando a los extraños recién llegados y su número aumentaba. Animados con esta respuesta de la gente, los discípulos de Antioquía enviaron un mensaje a Jerusalén pidiendo a los apóstoles que enviaran a un hombre que ayudara a propagar la verdad y las enseñanzas de Jesús entre los paganos de Antioquía. Los discípulos eligieron a Bernabé como la persona más idónea para esa tarea. Bernabé se convirtió así en el primer misionero de la historia cristiana. Al llegar a la ciudad se encontró con un éxito inesperado. Debido a sus esfuerzos, "una considerable multitud se agregó al Señor" (Hechos 11: 24), porque "era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe".
Pasado un año, Bernabé decidió que había llegado el momento de extender su actividad más allá de los confines de Antioquía. Estaba seguro de que Pablo sería una buena ayuda y con esta idea en mente fue a Tarso y trajo a Pablo con él. Así fue como Pablo vino a encontrarse cara a cara con algunos de los que habían sufrido la persecución que él mismo había instigado, enfrentándose de nuevo a la hostilidad y la oposición que ello causaba.
Una vez más se puede constatar la importancia y el respeto del que gozaba Bernabé puesto que logró su propósito y Pablo fue admitido en la comunidad. Es posible que Bernabé sólo quisiera fijarse en lo mejor de su antiguo compañero de estudios, confiando en que si la pasión y el entusiasmo de Pablo, que hasta ese entonces le habían convertido en un perseguidor despiadado, pudieran reconducirse a fines más elevados, ello le convertiría en uno de los mejores y más destacados seguidores de Jesús.
No todos los apóstoles compartían esta visión de las cosas y Pedro puso de manifiesto su oposición a Pablo. Además de la hostilidad que producía el recuerdo de las acciones pasadas de Pablo, había también diferencias de opinión sobre otras dos cuestiones. No había acuerdo sobre quién debería ser el destinatario de las enseñanzas de Jesús, y qué es lo que debería enseñarse. Pedro afirmaba que Jesús había venido a revivificar la guía dada a los judíos y que, en consecuencia, sus enseñanzas deberían ser transmitidas a los judíos solamente. Por otra parte, Pablo sostenía que la verdad debía ser comunicada a todo el mundo, judíos o gentiles, pero afirmaba al mismo tiempo que Jesús, tras su desaparición, le había dado instrucciones especiales. Pablo defendía la introducción de cualquier ajuste necesario para adaptar las enseñanzas a las exigencias de la época y a cada situación determinada.
Bernabé mantenía la postura intermedia. Decía que sólo debían enseñar lo que Jesús les había transmitido, pero también opinaba que debía llevarse la guía a todo aquél que pudiera beneficiarse y ser receptivo a ella, fuera judío o no.
Tanto Pedro como Bernabé consideraban la guía recibida como una continuación y extensión del judaísmo. Pero no aceptaban la enseñanza de Pablo en lo que difería de lo que ellos habían oído de Jesús. Ambos pensaban que la nueva doctrina de Pablo era una creación personal. En su libro "Pablo y sus Intérpretes" Albert Schweitzer dice que "Pablo jamás recurría a los dichos e instrucciones del Maestro" 32.
Es probable que Bernabé confiase en que se suavizaran las dos posturas extremas y que Pablo, al relacionarse con los seguidores de Jesús, llegaría a abandonar sus propias ideas para con ello asimilar el conocimiento de los discípulos en lo que respecta a lo que sena una comprensión lo suficientemente correcta de lo que Jesús había enseñado. En este punto es evidente la importancia del apoyo que Bernabé prestaba a Pablo, puesto que Bernabé lo defendía y lo protegía de la oposición unánime de los apóstoles. Quizás sea ésta la razón de que esta parte de la vida de Bernabé esté relacionada con sumo detalle en los "Hechos de los Apóstoles". La relación entre Bernabé y Pablo se describe en Hechos 13: 1-2:
"Había en la iglesia fundada en Antioquía profetas y maestros: Bernabé; Simeón llamado Níger; Lucio el cirenense; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes; y Saulo. Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado".
En
la lista de estos seguidores, Lucas menciona a Bernabé primero
y a Pablo el último. Al haber sido seleccionados para trabajar
juntos, partieron hacia Grecia, acompañados por Juan Marcos, sobrino
de Bernabé, para difundir la enseñanza de Jesús en
esas tierras. Santiago, que era pariente de Jesús por parte de
madre, quedó atrás a la cabeza de los seguidores de Jesús.
Pedro también se quedó.
Está registrado en los "Hechos de los Apóstoles"
que, a pesar de habérseles arrojado piedras en algunos lugares,
los tres misioneros tuvieron éxito. Su reputación de hombres
portadores de la Verdad se propagó a diestro y siniestro. Cuando
llegaron a Licaonia y curaron a un impedido en Listra, se rumoreó que:
“Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres. A Bernabé le llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra. El sacerdote del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas y a una con la gente se disponía a sacrificar. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de la gente gritando: 'Amigos, ¿por qué hacéis ésto? Nosotros somos también hombres, de igual condición que vosotros, que os predicamos que abandonéis estas cosas vanas y os volváis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay" (Hechos 14: 11-15).
Si tomamos como ejemplo esta reacción de los habitantes de Grecia, nos servirá de indicación sobre algunas de las dificultades a las que se enfrentaron Bernabé y Pablo. Un judío verdadero habría reconocido inmediatamente en la enseñanza de Jesús la confirmación de la enseñanza de Moisés. Pero para muchos de los paganos sin duda sonaba como algo nuevo y extraño y, probablemente, un poco complicado.
La mayoría de los paganos de Europa creían todavía en una pléyade de dioses que vivían entremezclados con los seres humanos en absoluta libertad, se apareaban con ellos y actuaban en todas las esferas de la vida humana. Para la gente de Grecia, cualquier descripción de Jesús debía sonarles a la descripción de alguno de sus dioses y es probable que, bajo este punto de vista, estuvieran dispuestos a aceptar a Jesús. Siempre había sitio para un dios más. Sin embargo, la enseñanza de Jesús, al afirmar la Unidad Divina, negaba todos los demás dioses. Y esto sí que no iba a ser del agrado de muchos de los idólatras.
Más aún: el código de comportamiento, parte integral de la enseñanza de Jesús, exigía un cambio profundo e inmediato en la forma de vida de quien decidiera seguir la enseñanza, a no ser por supuesto que dicha persona fuera ya un judío practicante, y los paganos no lo eran. Los judíos, considerados un pueblo de prestamistas, no eran del agrado de los no judíos. En su libro Los Nazarenos, Toland dice que:
"El odio hacia los judíos estaba tan arraigado entre los gentiles que la mera observación de cualquier norma, por razonable o necesaria que esta fuera, era motivo suficiente para que fuera rechazada por el gentil converso" 33.
Para alguien no tan sincero y perseverante como Bernabé, la tarea de establecer la forma de vida de Jesús en Grecia, sin aceptar ningún compromiso, podría sin duda parecer una empresa poco más o menos que imposible. A Pablo, que ya había mostrado su tendencia a cambiar lo poco que sabía de la enseñanza, le pareció ahora necesario hacer los ajustes pertinentes para que la enseñanza de Jesús fuera digerible por la gente. En esa época, Grecia formaba parte del Imperio Romano. Los dioses romanos se parecían bastante a los dioses griegos y la creencia en ellos sólo servía para alimentar las mismas falsedades que contenía la creencia en los dioses griegos. Pablo había vivido durante cierto tiempo en Roma y era además ciudadano romano. Es posible que su forma de pensar estuviera influenciada por el contacto con la forma de vida romana. Pablo era consciente de la enorme influencia que ejercían las religiones Greco-Romanas sobre la gente más sencilla. Parece evidente que Pablo no veía posible cambiar sus formas de vida sin al mismo tiempo hacer algunos cambios en la enseñanza. Bernabé, por el contrario y tal como se narra de Jesús en Mateo 5: 17-18, sabía que su Creador no quería que Su Ley fuera disminuida o alterada “ni una tilde ni un ápice". En consecuencia, Bernabé se mantenía firmemente aferrado a la guía que había recibido.
En esta etapa de la propagación del Cristianismo, el motivo principal de controversia no era de naturaleza metafísica. Los sutiles argumentos y las finas distinciones de los intelectuales iban a ser un desarrollo posterior. Los temas que eran causa de las disputas entre Bernabé y Pablo eran fundamentalmente los relacionados con la forma de vida y la existencia cotidiana. Pablo quería evitar introducir cambios demasiado profundos en las costumbres que los griegos tenían antes de la llegada a Grecia de ambos predicadores. Pablo quería dejar a un lado las instrucciones transmitidas por Moisés referentes a la carne que se podía comer y la forma de sacrificar al animal. Estaba también dispuesto a renunciar, donde fuera conveniente, al mandato establecido por Abraham que establecía la necesidad de circuncidar a los varones. Al enfrentarse a las dificultades de orden práctico que surgían a la hora de establecer y acatar estos aspectos de la enseñanza de Jesús, es más que probable que las diferencias entre Bernabé y Pablo se acrecentaran en vez de atenuarse.
Sin embargo, en esta etapa las diferencias entre ambos no debían ser muy marcadas. Tanto Bernabé como Pablo se enfrentaban al reto que suponía establecer la forma de vida de Jesús. La enseñanza de la afirmación de la Unidad Divina era parte esencial de la misma, pero primero era necesario establecer un patrón de comportamiento que difería en gran manera de aquel al que los paganos estaban acostumbrados. Evidentemente, la nueva manera de vivir sólo se podía aprender y asimilar de forma gradual dentro del marco de la vida cotidiana. Ninguna comunidad pagana podría aceptar de la noche a la mañana la forma de vida encarnada por Jesús.
Por lo que nos ha llegado a través de las escrituras, parece que Bernabé y Pablo nunca se detuvieron mucho tiempo en un mismo lugar. En cualquier caso sería imposible transmitir la totalidad de la enseñanza de Jesús en tan corto espacio de tiempo. Parece pues que enseñaron primero las partes consideradas más importantes y que tenían la intención de regresar después, momento en el que completarían la enseñanza. Mientras que Bernabé quería transmitir la enseñanza completa, Pablo estaba dispuesto a obviar muchos de sus contenidos ya que, según la nueva doctrina que él mismo concebía, ya no eran necesarios. Así pues, cuando volvieron a Jerusalén es posible que expusieran sus acciones basándose en razones diferentes. A pesar de las descripciones de los milagros que habían hecho juntos, las diferencias seguían existiendo y finalmente partieron por caminos distintos.
Se dice que la ruptura definitiva estuvo motivada al rehusar Pablo la presencia de Juan Marcos en futuras misiones; mientras que por su parte, Bernabé mantenía que debía acompañarlos. En los Hechos 15: 39-40 se dice que "se produjo entonces una tirantez tal que acabaron por separarse el uno del otro: Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre", lugar de nacimiento de Bernabé.
El hecho de que Marcos acompañara a Bernabé indica claramente que sus creencias estaban en consonancia con las de su tío. Puede que esta fuera precisamente la razón por la que Pablo no quería su compañía. Después de este episodio, el Nuevo Testamento apenas menciona ya a Bernabé.
Es interesante tener en cuenta que Bernabé, que como relatan los "Hechos" fue escogido por el Espíritu Santo, fuera rechazado por Pablo. Quizás Pablo sintiera que ya no lo necesitaba. En sus primeros días de cristiano nadie podía confiar en él puesto que era sabido que nunca había estado con Jesús. Pero ahora que se había convertido en una figura establecida y prominente dentro de la comunidad, ya no era lo mismo. La reputación de Pablo era tal, que al no tener a un Bernabé dispuesto a corregirle cada vez que se desviaba de las enseñanzas de Jesús, quizá llegó a pensar que podía predicar su doctrina sin temor a ser rechazado.
Pero aún hay más: Pablo era ciudadano romano y es probable que hubiese aprendido la lengua de Roma. Se sabe que hablaba griego, puesto que era la lengua oficial del lugar donde había nacido. Las epístolas que escribió más tarde a las comunidades cristianas de Grecia fueron probablemente escritas en su lengua natal. Esto significa que Pablo podía viajar por Grecia, y es posible que también por Italia, sin tener dificultades de lenguaje.
Bernabé, sin embargo, no hablaba ninguna de estas dos lenguas. Juan Marcos, que hablaba griego, le había acompañado en el primer viaje misionero a Grecia para actuar como intérprete. Si Bernabé hubiera ido solo, no habría podido hacerse entender. Así pues, el rechazo de Pablo a viajar con Juan Marcos pudo haber sido una forma encubierta de asegurar la negativa de Bernabé a acompañarlo en otros viajes. En su libro "Historia del Cristianismo en la Época Apostólica", MacGiffert comenta la separación y dice:
"Que Bernabé... cuyo derecho a trabajar entre los gentiles había sido reconocido en Jerusalén... se retirara llegando a separarse de ellos, es ciertamente extraño. Bernabé no estaba satisfecho con la doctrina de Pablo en la que el cristiano estaba totalmente libre de cualquier tipo de ley... La separación de Pablo y Bernabé se presenta por el autor de los "Hechos" como el resultado de una desavenencia relacionada con Marcos, pero el motivo real era más profundo... El hombre más cercano a Pablo y el que estaba más íntimamente relacionado con él durante los primeros años de su iniciación en el Cristianismo fue Bernabé; éste era miembro de la Iglesia de Jerusalén desde su fundación... Su amistad tenía gran importancia para Pablo y no cabe duda de que ésta contribuyó en gran medida a establecer su reputación e influencia ante los cristianos. Bernabé defendió en todo momento a Pablo cuando, en los primeros días de su aparición, el recuerdo de sus actividades persecutorias estaba todavía fresco en la memoria de la Iglesia” 34 .
El cambio de actitud de Bernabé con respecto a Pablo tuvo que estar motivado por el resultado de sus experiencias al viajar juntos. Cualquier esperanza de cambio en Pablo y en sus opiniones para así llegar a ser un verdadero seguidor de Jesús, parece que se esfumó debido a algo ocurrido en ese primer viaje. Puede que también Bernabé se diera cuenta de la imposibilidad de transmitir a los gentiles una guía que había sido concebida sólo para los judíos y, al ver el resultado de sus acciones, decidiera abandonar el intento.
Es posible que, antes de ponerlo en práctica, la propagación del mensaje de Jesús entre los gentiles pareciera una proposición viable. Pero, una vez intentado, la experiencia demostró que no era posible. Hay que tener en cuenta que la experiencia de Antioquía había sido exitosa porque en esta ciudad eran los gentiles quienes venían a ver a los seguidores de Jesús para ser aceptados como cristianos; por el contrario, cuando Bernabé, Pablo y Marcos fueron a Grecia, eran ellos los que tenían que pedir a los gentiles que se hicieran cristianos.
No queda constancia de lo ocurrido con Bernabé a su regreso de Chipre, pero se sabe que, como tantos otros que se aferran a las enseñanzas de un nuevo profeta, Bernabé murió mártir. A pesar de que la presencia de Bernabé aparezca sólo de soslayo en muchas páginas de la Biblia, es evidente que había llegado a obtener un puesto fundamental en la historia del Cristianismo, hecho éste que no puede ser olvidado. En los primeros días de la Iglesia siempre estuvo dispuesto a confirmar y enseñar lo que había aprendido de Jesús en una época en la que, incluso algunos de los más cercanos a Jesús, temían reconocer su relación con él. La lealtad de Bernabé hacia Jesús es un hecho aceptado tanto por amigos como enemigos. Y como ya hemos visto, es muy probable que fuera en la casa de la hermana de Bernabé donde Jesús celebrase su última Cena y que incluso siguiera siendo el lugar de reunión de los seguidores de Jesús una vez desaparecido éste. Más aún: la influencia de Bernabé sobre los apóstoles y otros seguidores de Jesús, es un hecho establecido en la misma Biblia. En ésta se le llama profeta, maestro e incluso el mismo Lucas le llama apóstol, a pesar de su lealtad incuestionable hacia Pablo. Pero sobre todo, Bernabé ha quedado en el recuerdo como un hombre que no estaba dispuesto a cambiar en lo más mínimo el mensaje de Jesús.
Tras la partida de Bernabé hacia Chipre, Pablo continuó el trabajo que había iniciado. Aunque había estado con muchos de los primeros cristianos el tiempo suficiente como para ser aceptado como uno más de ellos, todavía era consciente de la debilidad que entrañaba su posición. Puede que ahora lo llamaran apóstol de Jesús, pero eso no cambiaba el hecho de que durante su vida no había conocido a Jesús. Aunque declaraba haber tenido acceso a Jesús mediante la revelación, todavía necesitaba a alguien que hubiera convivido con Jesús para acompañarlo en sus viajes a tierra de gentiles. La compañía de un testigo presencial le iba a prestar un apoyo inapreciable, además de servirle como autoridad adicional a la hora de legitimar sus propios argumentos. Así que, en consecuencia, logró persuadir a Pedro para que lo acompañara.
Quizás sea sorprendente que estos dos hombres, que tan vehementemente se habían enfrentado en el pasado, decidieran ahora viajar juntos. Sin embargo, la situación había cambiado. Ahora Pablo era aceptado por muchos como cristiano y ya no se le consideraba un posible espía o incluso perseguidor Celso, un filósofo griego y feroz crítico de los cristianos, dijo que la causa de la disputa protagonizada por ambos en Antioquía habían sido los celos experimentados por Pablo ante la popularidad de Pedro. Obviamente, estos celos habían disminuido ahora gracias al auge de popularidad que experimentaba el primero de ellos, especialmente entre los gentiles.
La persecución de los primeros cristianos jugó un papel importante en el acercamiento entre Pedro y Pablo. En esa época, la persecución instigada por los romanos, y los judíos que los apoyaban, era bastante severa. Pedro había dado muestras de debilidad cuando se vio enfrentado a una situación de peligro inmediato: llegó a negar que era un compañero de Jesús cuando éste se enfrentaba a la supuesta crucifixión. Es probable que ahora quisiera alinearse con la visión que Pablo tenía del mensaje de Jesús, dado que admitir algunos cambios podría disminuir el enfrentamiento con las costumbres establecidas y, en consecuencia, sufrir menos persecución.
Así pues, la situación en esos días era tal que parecía propiciar en algunos la introducción de cambios y adaptaciones en el mensaje de Jesús no sólo para que fuera aceptado por los que no eran judíos, sino también para no ofender o amenazar a los que detentaban el poder. Esta política de obediencia indiscriminada a los gobernantes, estuvieran o no sus leyes de acuerdo con las del Creador del Universo, es evidente en la primera Epístola de Pedro:
"Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana: sea al rey, como soberano, sea a los gobernantes, como enviados por él para castigo de los que obran el mal y alabanza de los que obran el bien. Pues esta es la voluntad de Dios: que obrando el bien, cerréis la boca a los ignorantes insensatos. Obrad como hombres libres y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios. Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey. Criados, sed sumisos, con todo respeto, a vuestros dueños, no sólo a los buenos e indulgentes, sino también a los severos" (1 Pedro 2: 13-18).
Pablo viajó con Pedro hacia Occidente. Sin la sinceridad y la influencia restrictiva de Bernabé, es posible que ahora encontrase poca resistencia a sus nuevas doctrinas y a las nuevas formas adaptadas de conducta y comportamiento. En Romanos 15: 2021, dice refiriéndose a Isaías 52: 15:
"Teniendo así, como punto de honra, no anunciar el Evangelio sino allí donde el nombre de Cristo no era aún conocido, para no construir sobre cimientos ya puestos por otros, antes bien dice la Escritura: 'Los que ningún anuncio recibieron de él, lo verán, y los que nada oyeron, comprenderán".
Si Pablo hubiese estado propagando la enseñanza original de Jesús,
entonces "los cimientos de otra persona" habrían sido
los mismos que los suyos. Ambos estarían construyendo la misma
estructura. La gente que oía hablar por primera vez de Jesús,
o más bien de Cristo, de labios de Pablo, no tenían posibilidad
alguna de comparar sus relatos con los de los apóstoles que aún
se mantenían dentro de la enseñanza de Jesús. La
versión de Pablo era la única a la que tenían acceso.
En la propagación de su mensaje, Pablo fue ayudado en gran manera por un judío erudito de Alejandría llamado Appolos, que tuvo mucho éxito al predicar las ideas de Pablo entre la gente. Se decía que Pablo plantaba y Appolos regaba. Pero en última instancia, incluso el mismo Appolos no pudo transigir con todas las innovaciones de Pablo Y. como había hecho antes Bernabé, le abandonó.
Pablo se desviaba cada vez más de la enseñanza original que Jesús había encarnado, y ponía todo su énfasis en la figura de Cristo el cual, según sus propias declaraciones, se le había mostrado en sus visiones. La defensa esgrimida por Pablo ante los que le acusaban de alterar la guía traída por Jesús, era que su enseñanza estaba basada en la revelación directa recibida de Cristo. Esto, de hecho, otorgaba a Pablo autoridad divina. En base a esta autoridad, Pablo afirmaba que las bendiciones del Evangelio no estaban limitadas a los judíos, sino a todo el que creía. Más aún: según él, las ordenanzas de la Ley de Moisés no sólo eran innecesarias sino incluso contrarias a lo que Dios le había revelado. De hecho, llegó a decir que eran una maldición.
De este modo Pablo se atrajo las iras de los seguidores de Jesús y las de los mismos judíos, puesto que ahora estaba contradiciendo a sus dos Profetas, Jesús y Moisés. Ahora está claro por qué decidió predicar su enseñanza entre la gente que odiaba a los judíos y no había oído la verdad sobre Jesús.
Pablo justificaba su nueva doctrina mediante la siguiente analogía:
"¿0 es que ignoráis, hermanos, -hablo a quienes entienden de leyes- que la ley no domina sobre el hombre sino mientras vive? Así, la mujer casada está ligada por la ley a su esposo mientras éste vive; mas una vez muerto el marido, se ve libre de la ley del esposo. Por eso, mientras vive el marido será llamada adúltera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de la ley, de forma que no es adúltera si se casa con otro. Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquél que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios" (Romanos 7: 1-4).
El uso de esta analogía indica claramente que Pablo hacía una distinción entre Jesús y "Cristo". Según este razonamiento, la ley vinculante sobre Jesús y sus discípulos ya no era necesaria, puesto que Jesús había muerto. Ahora ya no estaban "casados" con Jesús sino con Cristo, portador de una ley diferente. En consecuencia, era necesario seguir a Cristo y no a Jesús. Y todo aquél que persistiera en aferrarse a la enseñanza original de Jesús se había extraviado.
El uso de razonamientos tan falsos como éste fue lo que permitió a Pablo elaborar su Doctrina de la Redención y la Expiación, teorías éstas que Jesús jamás había enseñado. No obstante, el éxito era rotundo puesto que, dicho con pocas palabras, lo que predicaba era que una persona podía hacer lo que quisiera y no enfrentarse a las consecuencias inevitables de sus acciones, siempre y cuando, a fin de cuentas, dijera: "Yo creo en Cristo".
Sin embargo, la premisa fundamental sobre la que se basaba el razonamiento de Pablo es totalmente falsa, ya que Jesús ni fue crucificado ni resucitó de entre los muertos. Las doctrinas Paulistas de la redención y la expiación son una falacia manifiesta y sólo conducen al extravío.
Las teorías de Pablo tuvieron dos consecuencias importantes: no sólo añadían más cambios a lo que Jesús había enseñado, sino que además prepararon el camino para cambiar la visión de la gente sobre quién era Jesús en realidad. En esta trayectoria, Jesús pasó de ser considerado un hombre a ser imaginado como un concepto en la mente de las personas. Como ya se ha señalado, algunos de los que se habían maravillado ante las palabras y milagros de Jesús, le habían atribuido la divinidad incluso estando aún en la tierra, y llegaron a considerarle como algo más que un Profeta.
Algunos enemigos de Jesús habían comenzado a extender el rumor de que era el "hijo" de Dios, esperando con ello fomentar en contra suya las iras de los judíos ortodoxos por haberse permitido Jesús asociarse con Dios de esta manera. Antes incluso de la desaparición de Jesús, existía esa tendencia a obscurecer su verdadera naturaleza y atributos y a imputarle el rango divino. Esta imaginaria figura de Cristo, con poder para anular lo que Jesús había enseñado previamente, era diferente a la del común de los mortales e, inevitablemente, fue confundida por muchos tanto con Jesús como con el mismo Dios. Fue cuestión de tiempo el que esta figura imaginaria y sobrehumana se convirtiera en objeto de adoración y fuera también asociada con DIOS.
El cambio de la figura humana de Jesús a la nueva imagen divina de Cristo, permitió a los intelectuales de Grecia y Roma la asimilación en su propia filosofía de las enseñanzas de Pablo y sus seguidores. Su visión de la existencia era tripartita y, partiendo de las declaraciones de la Iglesia Paulina sobre "El Dios Padre" y el "Hijo de Dios", sólo faltaba la inclusión del "Espíritu Santo" para así obtener una Trinidad similar a la suya. Con el paso del tiempo, las dos trinidades (Pagana y Paulina) se unieron en una sola, naciendo así la Doctrina de la Trinidad.
No fueron solamente las ideas filosóficas predominantes en la Grecia de la época las que sirvieron para colorear la enseñanza de Pablo, sino que incluso el propio lenguaje griego influenció la expresión de dicha enseñanza, recortando y limitando su significado. El griego podía contener la filosofía de los griegos pero no era lo suficientemente amplio ni sutil como para expresar el significado de lo que Jesús había enseñado. Hasta tal punto era así, que un verdadero seguidor de Jesús que hablase griego a la perfección no podría haber expresado la totalidad de la enseñanza de Jesús en esta lengua. Tenía que ser re-fraseada, y en este proceso la introducción de cambios era inevitable. Cuando se tradujeron los Evangelios hebraicos al griego estas limitaciones quedaron definitivamente fijadas, mientras que casi todos los Evangelios restantes escritos en hebreo o en arameo fueron destruidos.
A pesar de que Pablo jamás enseñara la divinidad de Jesús ni la doctrina de la Trinidad, su forma de expresión y los cambios introducidos, franquearon la puerta a ambas desviaciones, al tiempo que se preparaba el camino para convertirlas en doctrinas establecidas a su llegada a Europa. Estas doctrinas fueron las que llevaron a María a ocupar la imposible posición de ser considerada "madre" de Dios, a pesar incluso de que la mayor parte de los cristianos de todas las épocas que han pronunciado en un momento dado el "Dios te salve María, madre de Dios", a continuación y con el mismo énfasis, se han apresurado a afirmar que Dios no tiene principio ni fin, ni tampoco madre.
Parece ser que Pablo racionalizaba sus teorías arguyendo que no existía conexión alguna entre el período en el que había vivido Jesús y el que ahora él vivía. Los tiempos habían cambiado y las condiciones existentes eran tales, que la enseñanza de Jesús estaba desfasada y ya no se podía aplicar. Era pues necesario encontrar una nueva base sobre la que asentar la ética y el comportamiento humano. Pablo hizo inventario de las condiciones existentes en su época y enseñó lo que parecía ser necesario creer:
"Todo me es lícito, mas ¡no me dejaré dominar por nada!".
(1 Corintios 6: 12).
De esta manera, Pablo no sólo rechazaba la Ley Divina que tanto Moisés como Jesús habían seguido humildemente, la paz sea con ellos, sino que llegaba a afirmar que él era su propia ley. Obviamente, los seguidores de Moisés y de Jesús no podían aceptar tal cosa. Pablo respondió declarando que Dios no mide la corrección de una persona fijándose en lo mucho o poco que sigue y obedece los mandamientos Divinos al seguir a Sus Profetas y Mensajeros, sino que lo hace comprobando si esta persona pone o no su fe en Jesucristo:
"Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo, conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado" (Gálatas 2: 15-16).
Y sigue diciendo Pablo:
"Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo". (Gálatas 3: 25).
Si nos fijamos en esta declaración anarquista, parece que el fundamento de los argumentos de Pablo es la pretensión subyacente, pero nunca claramente expresada, de que de entre todos los judíos y cristianos presentes en dicha época en Tierra Santa, sólo Pablo sabía lo que Dios quería:
"Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley" (Romanos 3: 28).
Si se asume que esta concepción era correcta y que además el fin justifica los medios, lo que parece haber pensado Pablo, es que su visión de las cosas debía ser aceptada por Dios, a pesar de que había negado casi por completo, y de forma bastante burda, Sus mandatos y Sus Profetas:
"Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios" (Romanos 5: 1-2).
La actitud de Pablo con respecto a la Ley de Moisés es, hasta cierto punto, comprensible y a veces incluso loable, puesto que, como ya hemos visto, cuando Jesús comenzó su misión los judíos ya habían reescrito y redefinido la Ley de Moisés en más de una ocasión, transformándola en otra religión más acorde con sus deseos. No es de extrañar pues que Jesús les hubiera reprochado, utilizando términos para nada ambiguos y al referirse a Isaías 29:13, que presentaran como "Ley de Dios" sus propias interpretaciones e incluso sus propias leyes:
"¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres". (Mateo 15: 7-9).
Esta es una de las principales razones que propiciaron los planes de los Fariseos y los Saduceos para matar a Jesús. Demasiado bien sabían lo mucho que habían cambiado la enseñanza original de Moisés. No obstante, durante su estancia en la tierra Jesús consiguió restaurar esta enseñanza alentando de nuevo en ella la misericordia y la justicia de las que había sido privada.
Es sumamente importante constatar que mientras Jesús rechazaba la ley reescrita de los judíos, afirmando al mismo tiempo la Ley original de Moisés, Pablo, por su parte, rechazaba tanto la ley de los judíos como la de Moisés. Si utilizamos la frase bien conocida de "tirar el agua del baño junto con el niño", pretendiendo que este era el deseo de la madre, podríamos aplicarla a lo que hizo Pablo; mientras tanto los seguidores, creyendo erróneamente que estaban siguiendo a Jesús, cuando en realidad seguían a Pablo, ¡están pagando por ello desde entonces!
Pablo creó una religión que abarcaba elementos diferentes y contradictorios. Tomó el Unitarismo de los judíos y lo añadió a la filosofía de los paganos. Esta mezcla fue aderezada con parte de lo que Jesús había enseñado y parte de lo que Pablo declaraba le había sido revelado por Cristo. La teología de Pablo estaba basada en su experiencia personal interpretada a la luz del pensamiento griego contemporáneo. Jesús fue deificado y en su boca fueron puestas las palabras de Platón.
La teoría de la Redención era la invención de Pablo, creencia ésta desconocida para Jesús y sus discípulos. Estaba basada en las creencias erróneas del "pecado original", la "crucifixión" y la "resurrección", ninguna de las cuales enseñó Jesús. Lo que se produjo fue una religión prefabricada: el Cristianismo: matemáticamente absurda, históricamente falsa y sin embargo psicológicamente impresionante al garantizar de forma simultánea, la compatibilidad entre la culpa más absoluta junto con la exención de cualquier pena merecida por su causa.
En este magnífico templo de la religión que Pablo ayudó a erigir con tanto celo, se pusieron puertas por todos lados. El resultado fue que la gente que se encontraba por primera vez con la forma de Cristianismo Paulino y entraban en este templo, tenían la impresión de estar honrando la misma deidad que habían adorado hasta entonces, ya hubieran sido judíos o gentiles. Conforme se desarrollaban y establecían los errores introducidos por Pablo, muchos de los que creían seguir a Jesús, estaban siguiendo a Pablo sin ni siquiera saberlo.
En consecuencia, las palabras de Heinz Zahrnt describiendo a Pablo como "corruptor del Evangelio de Jesús" 35 y de Werde que le llama "segundo fundador del Cristianismo" no están exentas de justificación. Werde dice que debido a Pablo:
La discontinuidad entre el Jesús histórico y el Cristo de la Iglesia se hizo tan enorme que cualquier unidad entre ambas es escasamente reconocible” 36.
Y Schonfield concluye diciendo:
La herejía Paulina se convirtió en fundamento de la ortodoxia cristiana mientras que la Iglesia legítima era repudiada por herética" 37.
Y así fue corno Bernabé, que era considerado por los discípulos de Jesús como uno de sus seguidores más veraces, se convertía ahora en archi-herético y, como veremos con detalle más adelante, los seguidores de Pablo no escatimaron esfuerzo alguno para destruir sus escritos y disminuir su influencia.
Así fue como, inmediatamente después de la desaparición de Jesús, surgió una amarga controversia seguida de una separación, entre los verdaderos seguidores de Jesús y los entusiastas seguidores de Pablo. El resultado final fue la guerra sin cuartel entre lo que se convertiría en la Iglesia Unitaria por un lado y la Iglesia Trinitaria por otro.
Para los seguidores de Jesús, el camino de la Verdad, como cualquier línea recta geométrica, tenía longitud pero no anchura. No estaban dispuestos a cambiar la enseñanza de Jesús por la mera razón de hacerla parecer más conveniente. Lo que Jesús había enseñado era para ellos la verdad y nada más que la verdad. Bernabé y sus seguidores continuaron enseñando y practicando el Cristianismo que habían aprendido de Jesús. Siempre fueron, y todavía lo son, una fuerza reconocida. De entre ellos surgieron muchos santos y eruditos respetados por todas las sectas de la Cristiandad.
Los verdaderos seguidores de Jesús y Bernabé jamás crearon una organización centralista y sin embargo, debido a la devoción que sentían por la verdad cada uno de sus líderes, consiguieron incrementar su número rápidamente. Estos líderes eran personas sabias y eruditas que amaban y temían a Dios. Se retiraban a los desiertos y a las montañas. En torno a cada santo se establecieron pequeñas comunidades que eran independientes entre sí debido principalmente a lo agreste del terreno que les rodeaba. Su carencia de organización estructurada fue un factor que contribuyó a darles más fortaleza, ya que no era fácil para sus perseguidores el poder localizarlas o aniquilarlas.
Mientras la versión Paulina del Cristianismo se extendió hacia el norte por Grecia e Italia y luego Europa, estos hombres de Dios -los cristianos "auténticos" propagaron su conocimiento hacia el oriente y hacia el sur y, finalmente, a lo largo del norte de África. La comunidades que formaban mantenían la forma de vida de Jesús. Llegado el momento comenzaron a recoger por escrito la enseñanza de Jesús, aunque los que la encarnaban siguieron transmitiéndola de persona a persona. El comportamiento era imitado y la doctrina de Jesús se transmitía oralmente. Todos ellos continuaban afirmando la Unidad Divina.
Hay datos de varias sectas que vivieron en los primeros siglos posteriores a la desaparición de Jesús; por ejemplo: los Ebonitas, los Cerinzias, los Basilidianos, los Carpocratianos y los Hypisistarians. Todos ellos rehusaban adorar al Dios padre. Lo adoraban como el Señor Todopoderoso del Universo, el Ser Supremo que no admite igual.
Con el paso del tiempo comenzaron a aparecer y a utilizarse varias versiones escritas de la vida de Jesús, algunas claramente más fiables que otras. Jesús había hablado en arameo, un dialecto del árabe que no se escribía. Los primeros Evangelios fueron en consecuencia y por lo general, escritos en hebreo. La decisión sobre qué libros utilizar correspondía al líder de cada comunidad cristiana. Dependiendo de quién habían recibido la enseñanza, cada secta o comunidad recurría a una fuente diferente. Los que seguían el ejemplo de Bernabé utilizaban una fuente y los seguidores de Pablo otra muy distinta.
Así pues, al poco tiempo de haber desaparecido Jesús de la faz de la tierra, existía una definida y creciente divergencia entre los seguidores de Jesús y los miembros de la Iglesia Paulina; ésta última es la que más adelante llegaría a conocerse como la Iglesia Católica Romana. Las diferencias entre ambas no sólo eran evidentes en las creencias y forma de vida, sino que también tenían una clara demarcación geográfica.
Conforme se producía el establecimiento de la Iglesia Paulina aumentaba también la hostilidad hacia los seguidores de Jesús. La Iglesia Paulina comenzó a alinearse cada vez más con los gobernantes del Imperio Romano y las persecuciones, que en sus orígenes habían estado dirigidas a todos los que se proclamaban cristianos, tenían ahora como objetivo a los que afirmaban la Unidad Divina. Se hicieron intentos para cambiar sus creencias y erradicar por la fuerza a los que se negaban a ello junto con los libros que utilizaban. La mayor parte de los primeros mártires fueron Unitarios. Cuanto más se aceptaban las doctrinas de Pablo, más se oponían sus seguidores a los que afirmaban la Unidad Divina. Cuando llegó al poder el emperador Justiniano, estas luchas internas habían llegado a un punto tal que llegó a decir: "No hay bestia salvaje que sea tan hostil hacia el ser humano como lo son las sectas cristianas entre sí".
Es natural que los que se habían desviado de las enseñanzas de Jesús estuviesen también dispuestos a cambiar las Escrituras e incluso a introducir falsos escritos que confirmaran sus opiniones. En su libro 'Los Nazarenos". Toland recoge las siguientes palabras de Iraneo, uno de los primeros mártires Unitarios:
"A fin de asombrar a los más simples y a los que desconocen las Escrituras de la Verdad, imponen sobre éstos una inexpresable multitud de escrituras apócrifas y falsas inventadas por ellos mismos".
Toland continúa diciendo:
"Ya sabemos hasta qué punto iban parejas la credulidad y el engaño en los primeros tiempos de la Iglesia cristiana; los primeros estaban tan ansiosos de recibir como los últimos de falsificar los libros... Este mal aumentó y se hizo aún mayor que cuando los monjes eran los únicos transcriptores y guardianes de los libros, ya fueran buenos o malos; con el paso del tiempo, fue absolutamente imposible distinguir la historia de la fábula, el error de la verdad en lo que respecta a los comienzos y los monumentos originales de la Cristiandad...
¿Cómo es posible que los sucesores de los apóstoles pudieran confundir de forma tan grosera la enseñanza genuina de sus maestros con lo que ahora se les atribuía? Y si desde tiempos tan tempranos estaban ya sumidos en tal oscuridad con respecto a estas cuestiones, ¿cómo iban a venir otros que los siguieran con mejor luz? Además de poder observar cómo los Padres ponían a menudo dichos libros apócrifos al mismo nivel que los libros canónicos, citándose a estos primeros como si fueran Escrituras Divinas cuando a veces, y según hemos podido observar, lo divino era anulado por éstos. Yo me atrevo a formular las siguientes dos preguntas: ¿Por qué todos los libros citados como genuinos por Clemente de Alejandría, Orígenes, Tertuliano y el resto de autores similares, no deben considerarse también auténticos? ¿Y qué validez debe otorgarse al testimonio de los citados Padres que no sólo se contradicen entre sí sino que también carecen de consistencia en sí mismos cuando tratan los mismos hechos?
Toland continúa diciendo que cuando se hacen estas preguntas a los "sacerdotes de madera e hijos de la divinidad", en vez de responder a los argumentos esgrimidos, reaccionan calificando a los que hacen dichas preguntas de "herejes o ateos encubiertos". Sigue diciendo:
"Esta conducta hace pensar que todos son falsos e impostores, ya que las personas tienden a gritar cuando se les toca algún punto débil... Nadie se enfada ante una pregunta que puede responder".
Por último, Toland pregunta de nuevo:
Dado que los historiadores aceptan unánimemente a los Nazarenos y Ebonitas como a los primeros cristianos, o los que creyeron en Cristo de entre los judíos con los que, su propia gente, vivió y murió, siendo además testigos de sus acciones y apóstoles suyos... si tenemos esto en consideración yo me pregunto ¿cómo es posible que sean ellos los primeros de todos (puesto que fueron los primeros en ser tachados de herejes) a la hora de formar concepciones erróneas de las doctrinas y designios de Jesús? ¿Y cómo es también posible que los gentiles que creyeron en él, después de su muerte y gracias a la predicación de personas que jamás lo conocieron, tengan nociones más ciertas de estos asuntos ... ? ¿De dónde podían haber obtenido la información a no ser de los judíos creyentes"? 38
Exactamente, ¿cómo o de dónde si no?
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