


Jesus Profeta del Islam |
Capítulo IIUna Relación Histórica de la figura de Jesús |
"Cada uno de los cuatro Evangelios contiene un gran número de descripciones referidas a sucesos que a veces se encuentran en uno de los cuatro, en varios o incluso en todos. Cuando aparecen sólo en uno plantean a veces dificultades. Así, en el caso de algún hecho de considerable importancia es sorprendente encontrar dicho suceso mencionado por un solo evangelista. Como ocurre con la Ascensión de Jesús a los cielos en el día de la Resurrección. En otras ocasiones hay númerosos acontecimientos descritos de forma diferente -a veces de forma muy diferente- por dos o más evangelistas. Los cristianos se asombran a menudo de la existencia de tales contradicciones en los Evangelios, siempre y cuando las descubran. Ello se debe a las repetidas veces que, con el mayor énfasis, se ha afirmado que los autores habían sido testigos presenciales de los sucesos que describen"(9).
Afortunadamente existen otras fuentes de información que hablan de Jesús, algunas de las cuales han sobrevivido a los repetidos intentos de la Iglesia establecida para suprimirlas o destruirlas:
"En los primeros días del Cristianismo circularon muchos escritos sobre Jesús. Posteriormente se consideró que algunos no tenían autenticidad suficiente y la Iglesia ordenó ocultarlos, de ahí el nombre de Apócrifos". Algunos de los textos contenidos en estas obras se preservaron bien puesto que 'se beneficiaban del hecho de ser apreciados por la mayoría de la gente' según se cita en la Traducción Ecuménica. Este es el caso de la "Carta de Bernabé" ; pero otros, desgraciadamente, fueron brutalmente rechazados quedando apenas algunos fragmentos de los mismos. Se les consideraba mensajeros del error y en consecuencia fueron apartados de los ojos de los fieles. Obras tales como los "Evangelios de los Nazarenos", los "Evangelios de los Hebreos" y los "Evangelios de los Egipcios", conocidos por citas extraídas de los Padres de la Iglesia, estaban sin embargo estrechamente relacionados con los Evangelios canónicos. Lo mismo puede decirse del "Evangelio de Tomás" y del "Evangelio de Bernabé".(10)
En
lo que respecta a otras fuentes, el descubrimiento de los famosos
Rollos del Mar Muerto ha arrojado una nueva luz sobre la naturaleza
de la sociedad en la que nació Jesús, a pesar de que algunos de sus contenidos
hayan sido suprimidos intencionalmente y el público en general
sólo pueda tener acceso a partes seleccionadas de antemano. El
"Evangelio de Bernabé" cubre la vida de Jesús
de forma más extensa y precisa que ningún otro Evangelio.
Y tanto el Corán como los hadices clarifican aún más
la imagen de quién era Jesús.
Si se consultan estas fuentes adicionales, surge entonces una imagen
de Jesús que en aspectos muy importantes es diferente a los mostrados
por las diferentes iglesias cristianas:
Descubrimos en primer lugar que Jesús, la paz sea con él,
no era el "hijo" de Dios en el sentido literal de la palabra
sino que, como Abraham y Moisés antes de él y Muhammad a
continuación, era un Mensajero de Dios, las bendiciones y la paz
sean con todos ellos, y que como todo ser humano tenía que alimentarse,
tema que dormir e iba al mercado.
Encontramos a un Jesús que inevitablemente se vio inmerso en una
batalla contra aquellos cuyos intereses entraban en conflicto con sus
enseñanzas. Era gente que o bien no aceptaba la guía que
Jesús había recibido o que sabiéndola verdadera elegían
ignorarla a fin de buscar el poder, las riquezas o la gloria ante los
ojos de los hombres.
Y lo que es más: en estas fuentes adicionales se descubre también
que la vida de Jesús en la tierra es parte integral de la historia
judía y que para comprender la historia de Jesús es necesario
tener en cuenta la histoña de los judíos. A lo largo de
su vida, Jesús fue un judío ortodoxo practicante y el hecho
de que viniera para reafirmar y revitalizar las enseñanzas originales
de Moisés, alteradas a los largo de los años, es algo que
no debe ser olvidado.
Por último, lo que descubriremos es que Jesús no fue crucificado
sino que lo fue alguien que se le parecía.
Lentulus, un funcionario Romano, describió a Jesús de la
siguiente manera:
"Sus cabellos son castaños, lacios hasta las orejas para luego formar rizos suaves con mechones exuberantes que llegan a la altura de los hombros.
El pelo está dividido con una raya en medio al estilo de los Nazarenos. La frente es clara y despejada y la cara sonrosada sin arruga ni imperfección alguna. La nariz y la boca son perfectas. Lleva barba cerrada y abundante del mismo color que el cabello y como éste, dividida al medio. Sus ojos son de un tono gris azulado y tienen una sorprendente capacidad para la variedad de expresión. De altura media, unos quince palmos y medio. A pesar de su seriedad es de carácter alegre. A veces llora y nadie le ha visto reír."
Por el contrario, una tradición oral musulmana (hadiz) lo describe de forma ligeramente diferente. Según ésta:
"Era un hombre rubicundo tendiendo a pálido. No tenía el pelo largo. Jamás ungía sus cabellos. Jesús solía andar descalzo y carecía de casa, adornos, bienes, ropas o alimentos excepto lo necesario para cada nuevo día. Iba despeinado y su rostro era pequeño. Era un asceta en este mundo, lleno de anbelo por el otro y entregado a la adoración de Dios" (Az-Za 'labi)
La
fecha exacta del nacimiento de Jesús no se conoce. Según
Lucas, estaría registrada en un censo realizado en el año
6 d.C., aunque también se dice que nació durante el reinado
de Herodes, muerto el año 4 a.C. Sin embargo, Vincent Taylor llega
a la conclusión de que la fecha de nacimiento podría remontarse
incluso al año 8 a.C.," puesto que el decreto de Herodes,
promulgado al oírse las noticias del nacimiento de Jesús
y en el que se ordena la muerte de todos los recién nacidos en
la ciudad de Belén, debía obviamente ser anterior a la muerte
de Herodes. Según Lucas, la discrepancia entre los dos versículos
del mismo Evangelio es de unos diez años. La mayor parte de los
comentaristas creen en el segundo versículo, lo cual implica que
Jesús nació el año 4 a.C., cuatro años "antes
de Cristo", es decir, cuatro años antes de la fecha de nacimiento
oficialmente aceptada.
La milagrosa concepción y nacimiento de Jesús han sido objeto
de abundante controversia. Algunos creen que Jesús no era más
que el hijo de José en cuerpo y sangre. Otros, aun creyendo en
la inmaculada concepción, declaran que era el "hijo de Dios",
pero se mantienen divididos cuando se trata de afirmar si este término
debe tomarse en sentido literal o figurado. Lucas, que de alguna manera
traza los orígenes de Jesús a través de José
afirmando al mismo tiempo que Jesús no tenía padre humano,
dice:
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, el ángel le dijo: 'Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo'. Ella se turbó por estas palabras tratando de saber el significado de aquel saludo. El ángel le dijo: 'No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz a un hijo a quien pondrás por nombre Jesús'... María respondió al ángel: '¿Cómo será ésto puesto que no conozco varón?'... El ángel respondió: 'Porque ninguna cosa es imposible para Dios'. Dijo María: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra'. Y el ángel, dejándola, se fue" (Lucas 1. 26-38).
En el Corán se describe la misma escena de la siguiente manera:
"Y cuando dijeron los ángeles: '¡María! Allah te ha elegido, te ha purificado y te ha escogido entre todas las mujeres de la creación. ¡María! Dedícate por entero al servicio de tu Señor y póstrate e inclínate con los que se inclinan'. (...) Cuando dijeron los ángeles: '¡María! Allah te anuncia una palabra procedente de Él cuyo nombre será el Mesías, Jesús hijo de Mariam; tendrá un alto rango en esta vida y en la Ultima Vida, y será uno de los que tenga proximidad (a Allah). En la cuna y siendo un hombre maduro, hablará a la gente y será de los justos'. Dijo ella: '¡Señor mío! ¿Cómo voy a tener un hijo si ningún hombre me ha tocado?' Dijo: 'Así será, Allah crea lo que quiere; cuando decide un asunto le basta decir: ¡Sé! Y es" (Corán 3. 42-4 7).
De los cuatro Evangelios, el de Marcos y el de Juan no mencionan el nacimiento de Jesús; el de Mateo lo menciona sólo de forma casual. Tanto Lucas como Mateo se contradicen entre sí al dar una genealogía humana paterna de Jesús, mientras que Marcos y Juan ni siquiera lo registran. Mateo da una lista de veintiséis nombres entre David y Jesús; la lista de Lucas tiene cuarenta y dos nombres. Hay una diferencia de dieciséis nombres entre ambas listas. Si consideramos como edad media de una persona los cuarenta años, descubrimos un agujero de ¡seiscientos cuarenta años entre las dos supuestas genealogías de Jesús! Sin embargo, tal y como indica el Dr. Maurice Bucaille:
"Desde un principio debe notarse que las genealogías masculinas no tienen relevancia alguna con respecto a Jesús. En el caso de atribuir una genealogía al único hijo de María, que carece de padre biológico, tendría que ser la de María, su madre"(2).
En la doctrina Coránica de la inmaculada concepción y el nacimiento milagroso de Jesús no existen tales contradicciones. Pero con todo, en el Corán -donde se confirma que el padre de María desciende de Salomón, hijo de David y se llama 'Imran- la divinidad de Jesús está rechazada categóricamente tal y como muestra esta descripción de lo ocurrido poco después del nacimiento de Jesús:
"Y llegó a su gente llevándolo en sus brazos, dijeron: ¡María! Has traído algo muy grave. ¡Hermana de Aarón! Tu padre no ha sido un hombre de mal ni tu madre una fornicadora. Entonces hizo un gesto señalándolo, dijeron: ¿Cómo vamos a hablar con un niño de pecho? Dijo: Yo soy el siervo de Allah. Él me ha dado el Libro y me ha hecho Profeta. Y me ha hecho bendito dondequiera que esté y me ha encomendado la Oración y el Zakat mientras viva. Y ser bondadoso con mi madre; no me ha hecho ni insolente ni rebelde. La paz sea sobre mí el día en que nací, el día de mi muerte y el día en que sea devuelto a la vida.
Ese es Jesús, el hijo de María, la palabra de la Verdad, sobre el que dudan. No es propio de Allah tomar ningún hijo. ¡Gloria a Él! Cuando decide algo, sólo dice: Sea, y es.
Y verdaderamente Allah es mi Señor y el vuestro, adoradle pues. Este es un camino recto" (Corán, 19. 2 7-36).
El nacimiento de Adán fue el mayor de los milagros puesto que nació sin padre ni madre. El nacimiento de Eva fue también un milagro mayor incluso que el de Jesús ya que Eva no nace de madre alguna. El Corán dice:
"Verdaderamente Jesús, ante Allah, es como Adán. Lo creó de tierra y luego le dijo: ¡Sé! Y fue" (Corán, 3. 59).
Es
muy importante examinar la vida de Jesús dentro del contexto definido
por los hechos sociales y políticos que se producían en
la sociedad que le vió nacer. Era esta una época de gran
agitación en el mundo judío.
A lo largo de su historia, los judíos han sufrido las consecuencias
de invasiones constantes que serán estudiadas en detalle a lo largo
de esta obra. Debido a las derrotas y a la impotencia provocada por éstas,
el fuego del odio seguía ardiendo en sus corazones. Pero incluso
en los días más negros de su desesperación, una gran
mayoría de los judíos mantuvo el equilibrio mental y siguió
esperando a un nuevo Moisés cuya venida estaba descrita en la Torá.
De él esperaban que bajo su mando conseguiría expulsar al
invasor, anunciando con esto el reino de Jehová. El nuevo Moisés
sería el Mesías, el Ungido.
Junto con este grupo coexistió, desde siempre, un sector de la
nación judía dispuesto a adorar a cualquier nuevo sol naciente
y a desplegar sus velas al viento dominante en cada situación para
así sacar partido de su mala situación. Con ésto
conseguían riqueza y posición, tanto temporal como religiosa,
pero se hacían odiosos al resto de los judíos que los consideraban
traidores.
Aparte de estos dos grupos, había un tercero que se diferenciaba
enormemente de los anteriores. Buscaban refugio en el desierto para practicar
allí sin cortapisas las enseñanzas de la Torá y prepararse
para combatir a los invasores cuando se presentara la ocasión.
Durante este período, los romanos fracasaron en sus intentos por
descubrir sus escondites y el número de estos patriotas continuó
aumentando. Josephus el Historiador describe a los tres grupos dándoles
los nombres de Fariseos, Saduceos y Esenios respectivamente.
De los Esenios se conocía su existencia pero sin que hubiera demasiados
detalles. En los Evangelios no se menciona ni una sola vez la existencia
de este grupo. Y es entonces cuando de forma repentina y sorprendente,
aparecen en las montañas de Jordania cerca del Mar Muerto los documentos
conocidos como los "Rollos del Mar Muerto". Este descubrimiento
sacudió los cimientos del mundo eclesiástico e intelectual.
La historia del descubrimiento es la siguiente:
En el año 1947, un muchacho árabe que cuidaba un rebaño
cerca de Qumran echó en falta una de las ovejas. A fin de buscar
al animal decidió subir a uno de los montes cercanos. Durante la
búsqueda llegó a la boca de una cueva donde pensó
podía hallarse la oveja perdida. Lanzó una piedra al interior
aperando oír el ruido de la misma al golpear contra el suelo. En
vez del sonido de piedra contra piedra ové un chasquido similar
al producido por la rotura de un recipiente de barro. La imaginación
del muchacho cobró alas. Pensé que quizás había
descubierto la morada de un tesoro. A la mañana siguiente regresó a
la cueva y con la ayuda de un amigo decidieron entrar.
En el interior encontraron varias vasijas de barro cocido rodeadas de
fragmentos de cerámica rota. Tomaron una de las vasijas consigo
y al llegar al campamento donde vivían descubrieron con desilusión
que todo lo que había en su interior era un rollo de cuero maloliente.
Lo desenrollaron hasta que llegó a abarcar el interior de la tienda
donde estaban. Era uno de los rollos que posteriormente se vendería
por un cuarto de millón de dólares. Los pastores lo vendieron
por unas pocas monedas a un sirio cristiano llamado Kando. Kando era un
zapatero remendón y pretendió mostrar interés en
el cuero para un posible uso en su profesión. Sin embargo Kando
se había fijado que el rollo de cuero estaba escrito con unos caracteres
que le eran desconocidos. Tras inspeccionarlo con más detalle decidió
mostrarlo al arzobispo sirio del Monasterio de San Marcos en Jerusalén.
Confiando ganar algún dinero, estos dos oscuros personajes llevaron
los rollos de un país a otro.
En el Instituto Oriental Americano de Jordania se descubrió que
los rollos eran la copia más antigua conocida del Libro de Isaías
del Antiguo Testamento. Siete años más tarde, el gobierno
de Israel decidió llevarlos a Jerusalén para guardarlos
en el Santuario del Libro.
A vista de pájaro hay unas seiscientas cuevas esparcidas por las
colinas que dominan las orillas del río Jordán. En estas
cuevas vivían los Esenios, una comunidad de gente que había
renunciado al mundo y al gobierno de Roma puesto que, según su
entendimiento, un judío auténtico sólo podía
obedecer la autoridad de Jehová y no podía regirse por ninguna
otra ley excepto la Suya. En consecuencia, y según sus creencias,
cualquier judío que admitiera y viviera bajo el Señorío
del Emperador Romano estaba cometiendo un pecado.
Cansados de las pompas y apariencias de este mundo y abrumados por las
incontrolables fuerzas que inevitablemente producen el conflicto y la
autodestrucción, los Esenios buscaban refugio en el silencio de
los acantilados que se alzaban en las orillas del Mar Muerto. Se retiraron
a la soledad de las cuevas para poder así concentrarse en una vida
de pureza y alcanzar la salvación. A diferencia de muchos de los
judíos del Templo no utilizaban el Antiguo Testamento para enriquecerse
sino que intentaban vivir siguiendo sus doctrinas. Al llevar este tipo
de vida esperaban alcanzar la perfección y la santidad. Su objetivo
era ser un ejemplo, ante el resto de los judíos, de cómo
abandonar el camino que llevaba a la destrucción, camino que los
Esenios veían demasiado cercano, a no ser que los judíos
siguieran la Palabra de Dios.
Los Esenios compusieron canciones gnósticas que embriagaban más
allá de lo que puede expresarse con palabras los corazones de quienes
las oían y cantaban. Una de las canciones dice que la vida de un
gnóstico es comparable a un barco en medio de la tormenta. Otra
describe al gnóstico como un viajero que atraviesa un bosque lleno
de leones cuyas lenguas son como espadas. Al comienzo del camino el gnóstico
experimenta los mismos dolores que la mujer primeriza que da a luz. Si
aguanta con éxito el sufrimiento recibe la iluminación que
procura la Luz perfecta de Dios. El gnóstico comprueba entonces
que el hombre es una criatura vana y vacía hecha de arcilla amasada
con agua. Al haber pasado con éxito por el crisol del sufrimiento,
aguantando los límites de la desesperación y la duda, obtiene
ahora paz en la agitación, alegría en la tristeza y una
nueva vida de felicidad en el dolor. Es entonces cuando se descubre rodeado
del amor Divino. En esta etapa de la existencia, lleno de profundo agradecimiento,
se da cuenta de que ha sido rescatado del pozo y elevado a las alturas.
Camina entonces bajo la Luz de Dios, erguido y sin doblegarse ante la
fuerza bruta del mundo.
Antes del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto se sabía
muy poco de los Esenios. Plinio y Josephus los mencionan, pero los historiadores
posteriores los ignoran casi por completo. Plinio los describe como una
raza aparte con características superiores a ninguna otra en este
mundo.
"No tienen esposas, renuncian al placer sexual, no tienen dinero... El número de adeptos crece paulatinamente debido a la gran cantidad de gente que es atraída por su forma de vivir.., de esta manera, su estirpe dura desde hace miles de años a pesar de que nadie nace en ella".
Josephus,
que empezó su vida como Esenio, relata que los Esenios
"creen que el alma (ruach) es inmortal. Es un regalo de Dios. Algunas
almas son purificadas por Dios para Sí mismo, eliminando todas
las imperfecciones de la carne. La persona así perfeccionada consigue
una santidad libre de toda impureza.
Estos habitantes de las cuevas proseguían su existencia sin ser
afectados por las olas de conquistadores que ya habían destruido
una vez el Templo de Salomón en el 586 a.C. -que volverían
a hacerlo en el 73 d.C.- y que habían conquistado a los judíos
una y otra vez. La vida de los Esenios en el desierto no significaba una
evasión de la responsabilidad de cada judío con respecto
a la lucha por conseguir la pureza de religión y la liberación
de Judea de las agresiones extranjeras. Paralelamente a las oraciones
cotidianas y al estudio de las Escrituras, algunos Esenios formaban parte
de una fuerza eficaz que no sólo predicaba la enseñanza
de Moisés sino que también estaba lista para luchar en defensa
de la libertad para poder vivir de la manera que indicaban sus enseñanzas.
De este modo, su lucha se justificaba como servicio a la causa Divina
y no como un medio de alcanzar el poder o logros personales.
El enemigo llamaba "Zaleotes" a los integrantes de este grupo
de combate. Los Zaleotes estaban agrupados bajo una bandera y cada tribu
tenía su propio estandarte. Estaban distribuidos en cuatro divisiones
al frente de cada cual había un jefe. Cada división estaba
formada por gentes de tres de las tribus de Israel. De esta manera las
doce tribus estaban organizadas bajo una bandera. El jefe tenía
que ser un Levita que no sólo era jefe militar, sino que también
enseñaba la Ley. Cada división tenía su propia Midrash
(escuela) y el jefe Levita tenía que, aparte de cumplir con sus
obligaciones como jefe militar, impartir darsh (lecciones) en la escuela.
Y así, viviendo en esas cuevas del desierto, los Esenios rehuían
la búsqueda del placer, desdeñaban el matrimonio y despreciaban
la riqueza. Formaban una sociedad secreta cuyos secretos jamás
se divulgaban a los que no eran miembros de la misma. Los romanos conocían
su existencia pero no podían penetrar el cerco de secretos que
los rodeaban. El sueño de todo judío dispuesto a la aventura
era llegar a ser miembro de esta sociedad ya que era el único medio
a su disposición para luchar contra los invasores extranjeros.
Los Esenios, como ya sabemos por las informaciones proporcionadas por
Plinio, rehusaban el matrimonio pero adoptaban los hijos de los demás;
cuando éstos eran aún dóciles y maleables, los aceptaban
como parientes y los moldeaban conforme a las reglas de su forma de vida.
Así era como, durante siglos y por imposible que parezca, la sociedad
Esenia se perpetuaba a pesar de que nadie naciera en el seno de la misma.
Y cuando Isabel, la esposa de Zacarías, el Sumo Sacerdote del Templo
de Salomón que había cuidado de María, madre de Jesús,
cuando ésta aún era una niña, tuvo un hijo a pesar
de su avanzada edad, Zacarías lo envió al desierto con
los Esenios para que su hijo creciera con ellos. La historia lo conoce
con el nombre de Juan el Bautista.
Ahora que ya conocemos la existencia en el desierto de la comunidad Esenia,
la acción de Zacarías es comprensible. No es que enviara
a su querido hijo a la soledad del desierto, sino que lo confiaba a la
comunidad más fiable, una comunidad cuyo objetivo era vivir de
manera agradable a ojos de Jehová.
María, que era prima o sobrina de Isabel, esposa de Zacarías,
fue criada por Zacarías puesto que María había sido
confiada al cuidado del Templo cumpliendo así una promesa hecha
por su madre llamada Hannah.
Este era el marco y el clima social y político en el que nació
Jesús.
Como ya hemos visto, entre los judíos existía una gran expectación
por la llegada del Mesías, el nuevo líder que iba a ser
bautizado y ungido como rey. El rumor que circulaba entre los judíos
sobre su inminente nacimiento es lo que motivó la decisión
de Herodes de matar a todos los recién nacidos de Belén
lugar en el que, según la tradición, iba a aparecer el Mesías.
La poderosa sociedad secreta de los Esenios se puso en movimiento por
Zacarías y María consiguió escapar de las garras
de los soldados romanos. Se trasladó con Jesús a Egipto,
lugar donde los Esenios tenían otra comunidad.
La repentina desaparición de Jesús y María y su exitosa
huida de las autoridades romanas había sido, hasta el descubrimiento
de los Rollos del Mar Muerto, un misterio que dio origen a muchas especulaciones.
Ninguno de los Evangelios describe el episodio en detalle. La existencia
de la comunidad Esenia muestra cómo fue posible para ellos evadirse
de sus perseguidores a pesar de la expectación que rodeaba el nacimiento.
En otras circunstancias, un niño que hablaba coherentemente y con
autoridad desde la cuna y que era visitado por pastores y Magos, no habría
podido desaparecer tan fácilmente.
En el año 4 a.C., según las fechas oficiales, cuando Jesús
tenía tres o cuatro años, Herodes muere. Con ello desaparece
el peligro inmediato que se cernía sobre la vida de Jesús
y éste ya puede moverse libremente. Se pone de manifiesto que Jesús
había sido educado bajo la dura disciplina de los maestros Esenios
y, al ser un discípulo inteligente, había aprendido la Torá
rápidamente. Al llegar a los doce años de edad, Jesús
es enviado al Templo de Salomón donde se descubre que en vez de
limitarse a repetir las lecciones, habla con autoridad y confianza.
Hay varias tradiciones orales musulmanas que mencionan los dones especiales
que Jesús había recibido desde temprana edad. Las siguientes
descripciones provienen de las Historias de los Profetas, de Az-Za'labi:
Dijo As-Sadi:
"Cuando Jesús, la paz sea con él. estaba en la escuela, solía decir a los otros muchachos lo que estaban haciendo sus padres respectivos. Decía: 'Vete a casa porque tu gente ha estado comiendo esto y lo otro y han preparado estas cosas para ti". El muchacho iba a su casa y comenzaba a protestar y llorar hasta que al fin le daban lo que Jesús había descrito. Su gente le preguntaba: '¿Quién te lo ha contado? y el muchacho respondía: 'Jesús". Su familia ordenaba entonces al muchacho y a otros de sus compañeros que se quedaran en la casa. Cuando Jesús vino a buscarlos dijeron: 'No están aquí'. Jesús dijo: '¿Quien está entonces en la casa? Contestaron: 'Cerdos'. Dijo Jesús: 'Pues cerdos sean. Cuando la gente abrió la puerta donde se supone estaban ¡eran cerdos! Los Hijos de Israel comenzaban a estar molestos con Jesús así que su madre, temerosa por él, lo subió a un burro de su propiedad y huyeron a Egipto."
Wahb dijo:
"El primer signo que vio la gente de Jesús, fue que su madre estaba viviendo en la casa del jefe de un pueblo de Egipto a la que José, el carpintero, lo había traído cuando le acompañó hasta esta tierra. Los pobres solían acudir a casa de este jefe del pueblo. En una ocasión, parte de su dinero fue robado pero el jefe no sospeché de los pobres. María estaba apesadumbrada por el suceso y por la pena que sufría el dueño de la casa. Cuando Jesús se dio cuenta de la desazón que afligía a su madre le dijo: '¿Madre, quieres que lo guíe hasta donde está el dinero?' María contesté: 'Sí hijo mío'. Jesús dijo: 'Dile que reúna a los pobres en la casa'.
María lo comunicó al dueño de la casa y éste así lo hizo. Cuando estaban todos reunidos, Jesús se dirigió hacia dos de ellos, uno de los cuales estaba ciego y el otro cojo, y colocando al cojo sobre los hombros del ciego dijo a éste último: 'Ahora levántate'. El ciego contestó: 'No soy tan fuerte como para poder hacerlo'. Jesús le dijo: '¿Cómo es que ayer sí pudiste?' Cuando oyeron las palabras de Jesús golpearon al ciego hasta que por fin se levantó, pudiendo verse entonces que el cojo llegaba hasta el lugar donde se guardaba el dinero. Jesús dijo entonces al dueño de la casa: 'así es como ayer atentaron contra tu propiedad. El ciego hizo uso de su fuerza y el cojo de sus ojos'. Entonces el ciego y el cojo dijeron: '¡Por Dios que ha dicho la verdad!' y devolvieron el dinero al dueño de la casa. Este, antes de guardarlo dijo: 'María, toma la mitad'. Contestó ella:
'No fui creada para esto'. Dijo el dueño: 'Entonces dáselo a tu hijo'. Dijo María: 'Su rango es superior incluso al mío'... En esa ocasión, Jesús tenía doce años."Ata dijo:
"Cuando María sacó a Jesús de la escuela, le hizo aprender varios oficios. El último que le quedaba era el de los tintoreros, así que María entregó a Jesús al maestro de este gremio para que aprendiera con él. En cierta ocasión, el maestro tenía que ir de viaje y antes de partir dijo a Jesús: 'Tú ya has aprendido este oficio y yo tengo que irme a un viaje del que no regresaré antes de diez días. Aquí hay artículos de diferentes colores que he marcado con el nuevo color al que deben teñirse. Quiero que los tengas listos para cuando yo vuelva'. Dicho esto, el hombre partió. Jesús, la paz sea con él, preparó un recipiente con un solo color, puso toda la ropa en su interior y dijo: 'Con el permiso de Allah, sed lo que se espera de vosotros'. Cuando regresó el maestro y vio toda la ropa en un único recipiente dijo: 'Jesús, ¿qué has hecho? Contestó: 'He terminado el trabajo'. Dijo el maestro: 'Adónde están las ropas? Contestó Jesús: 'En ese recipiente'. '¿Todas juntas? dijo el hombre. 'Sí' contestó Jesús. Y el hombre dijo: '¿Cómo es que están todas juntas en un solo recipiente? ¡Has estropeado los vestidos!'. Dijo Jesús: 'Levántate y mira'. El maestro se levantó y Jesús sacó un vestido amarillo, uno verde, otro rojo y así sucesivamente, cada uno con el color deseado. El tintorero se asombré y comprendió que era cosa de Allah, Grande y Glorioso que es. Entonces el maestro llamó a la gente y dijo: 'Venir a ver lo que ha hecho Jesús, la paz sea con él'. Y así, el maestro y sus compañeros y también los aprendices, creyeron en Jesús; y Allah, Grande y Glorioso, sabe mas."
Durante la adolescencia de Jesús, Juan dejó la comunidad Esenia y comenzó a vivir solo en el desierto. 'Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero con el que se ceñía, y su comida eran langostas y miel silvestre". (Mateo 3:4) Comenzó a enseñar a la gente y no ponía demasiado énfasis en el largo período de aprendizaje que era comúnmente necesario para todo aquél que deseaba ser miembro de pleno derecho de la comunidad Esenia. Esto dio lugar a un movimiento de carácter público. Exhortaba a todos a que se volviesen a Jehová, asegurándoles que el Reino de Dios sería pronto establecido ya que el Mesías prometido se daría a conocer en un tiempo no muy lejano.
En
relación con esto, es interesante leer en la historia escrita por
Josephus las referencias a otro ermitaño del que era discípulo
el mismo historiador. Josephus estuvo de asceta tres años en el
desierto. Durante ese tiempo permaneció bajo la guía de
un ermitaño llamado Bannus que se vestía con lo que crecía
en los árboles, comía alimentos silvestres y se disciplinaba
en la castidad a base de baños fríos. En consecuencia parece
evidente que Juan estab siguiendo una tradición común a
todos los eremitas.
El desierto había sido un lugar de refugio para David y otros Profetas
anteriores. Era un lugar donde los judíos podían estar a
salvo del dominio de los gobernantes extranjeros y de la influencia de
lo falsos dioses. En la atmósfera que propiciaba el desierto, solamente
existía la dependencia del Creador y la adoración debida
sólo a Él. Era la cuna del monoteísmo. La soledad
del desierto impedía la sensación de una falsa seguridad
y la persona aprendía a confiar solamente en la Realidad:
"En la desolación del desierto desaparece cualquier otra ayuda y uno se siente desnudo ante el Dios Único, el Poder, la Fuente Incesante de toda vida y la Base de toda seguridad."(3)
El
esfuerzo personal que tiene lugar en el desierto tiene dos aspectos:
en primer lugar, ocurre en el interior de los corazones de los hombres
que deben batallar contra sí mismos si quieren vivir de manera agradable
a su Señor. En segundo lugar, y como ya hemos comprobado, la elección
de este tipo de práctica entraba ineludiblemente en conflicto con
todos aquellos que querían vivir de otra manera. La primera lucha
era una cuestión de fe en Jehová y de incremento espiritual,
independientemente de que la segunda batalla se ganara o se perdiese.
La clara llamada de Juan empezó a atraer a una gran cantidad de
gente. Juan había dejado de observar una de las normas más
importantes del código Esenio de conducta, a saber: "No divulgar
secreto alguno incluso bajo tortura mortal". Al no seguir esta regla,
Juan posibilitó que los romanos infiltrasen espías dentro
del movimiento. No obstante y dada su visión profética,
era capaz de penetrar sus disfraces llamándoles "víboras"
(Mateo, 3: 7). Jesús era su primo más joven, miembro del
movimiento y probablemente uno de los primeros en ser bautizado. Es posible
que Bernabé, compañero íntimo de Jesús, fuera
bautizado al mismo tiempo que él, al igual que su otro compañero,
Matías.
Juan sabía que las "víboras" iban a salir victoriosas
antes de que pudiese empezar la batalla. El bautismo de Jesús le
proporcionó la satisfacción de saber que el movimiento continuaría
incluso después de su muerte. Como el mismo Juan había previsto,
el tetrarca Herodes lo hizo decapitar, con lo que su manto pasó
a hombros de Jesús.
Jesús tenía ahora treinta años. La misión
de Juan no había durado más de tres. Jesús fue consciente
de que su período de formación había finalizado.
Había dado comienzo la parte más importante de su vida.
A fin de poder valorar la importancia de esta época, debemos considerar
la vida de Jesús en el contexto histórico y más especialmente,
en la historia de los judíos. Ello clarificará aún
más la imagen que ya había comenzado a surgir: esto es,
que la existencia de la comunidad Esenia, las actividades de Juan y, finalmente,
el conflicto entre Jesús y los romanos, eran parte de un patrón
que se repite una y otra vez a lo largo de la historia de los judíos.
En todos y cada uno de los casos, lo que motiva la revuelta de los judíos
contra los invasores extranjeros era el intento por parte de éstos
últimos de hacerles asociar otros dioses con su Dios. Para los
judíos, el reconocimiento de la Unidad Divina y la convicción
de que Dios es el único objeto de adoración, era categórica.
Mientras que, como gobernantes, los judíos mostraban a menudo una
falta total de visión en el arte de gobernar, sometidos a la esclavitud
política sí solían prosperar. Durante el siglo XII
a.C. las Doce Tribus de Israel dirigidas por Moisés y su hermano
Aaron huyeron de Egipto. Una vez establecidos en la tierra prometida les
fueron enviados varios profetas sucesivamente con el fin de guiarlos y
mantener vivas las enseñanzas de Moisés, contenidas en la
Torá, que le había sido revelada en el Monte Sinaí.
Entre estos Profetas está David, a quien le fueron revelados los
Salmos, los Zabur, y su hijo Salomón, a quien se le dio un gran
conocimiento y un extraordinario dominio sobre la creación de Dios.
Se estima que David gobernó aproximadamente del 1.000 al 960 a.C.,
y que Salomón lo hizo a su vez del 960 al 922 a.C. Así pues,
y gracias al gobierno de ambos, la paz sea con ellos, las doce Tribus
de Israel estuvieron unidas durante casi un siglo en un solo reino y bajo
una dirección profética correctamente guiada.
Sin embargo, tras la muerte de Salomón el reino de las Tribus de
Israel se dividió en dos. La gente de la parte sur, basados en
Judá, comenzaron a ser llamados Judaitas y los del norte Israelitas.
Los Judaitas, que posteriormente llegaron a ser conocidos sencillamente
como "judíos", una abreviación de la palabra "judaitas"
o de la palabra "judeos", comprendían las tribus de Judá
y Leví y parte de la tribu de Benjamín. Se consideraban
a sí mismos como los auténticos herederos y defensores de
las enseñanzas de Moisés -a pesar de que varios Profetas,
entre los que se incluyen Elíjah y Elisha, fueron enviados por
Dios a las nueve tribus y media restantes situadas en el reino del norte,
Israel.
En el 722 a.C. el reino de los Israelitas fue invadido por los Asirios.
Según los historiadores Judaitas, las nueve tribus y media que
integraban Israel fueron aniquiladas casi por completo a excepción
de unos 27.000 prisioneros que fueron llevados a Nínive como esclavos.
Esta ciudad ya no existe en nuestros días pero estaba situada a
orillas del río Tigris, frente a la actual ciudad de Mosul, en
el norte de Iraq. Se dice entonces que los Israelitas "desaparecieron
de la historia" a pesar de que incluso la Biblia confirma que el
Profeta Jonás fue enviado específicamente a Nínive
para guiar a los Israelitas cautivos y, según el Corán,
"Y lo enviamos a un grupo de cien mil o más" (Corán:
37. 147), lo aceptaron y siguieron.
En el año 598 a.C. el Rey Nabucodonosor de Babilonia invadió
el reino de los Judaitas y tomó Jerusalén. El Templo de
Salomón quedó intacto pero los tesoros, tanto el del Templo
como el del Palacio Real, fueron expoliados por el nuevo gobernante, por
lo que los judíos no tardaron en rebelarse contra su nuevo señor.
Esto dio lugar a un nuevo ataque por parte de Nabucodonosor en el año
586 a.C., ataque en el que tanto el Templo como la ciudad fueron destruidos.
El resultado de ambas invasiones fue un gran número de Judaitas
llevados a Babilonia como esclavos, pero, a diferencia de lo ocurrido
con los Israelitas del reino del norte, los Judaitas no fueron borrados
de la historia.
La rueda de la fortuna dio un nuevo giro y los persas mandados por Ciro
conquistaron Babilonia -gracias en parte a las intrigas llevadas a cabo
por los judíos cautivos en beneficio de los nuevos invasores. Ciro
comprendió inmediatamente el peligro que suponía la existencia
de tantos extranjeros en Babilonia por lo que pidió a los judíos
que se fueran y regresaran a Jerusalén, donde se les permitiría
reconstruir el Templo.
La gran marcha con destino a Jerusalén constaba de 42.360 judíos.
Con ellos iban además 7.337 criados y mujeres, incluidos 200 hombres
y mujeres cantores. La caravana montaba 736 caballos, 245 mulos, 435 camellos
y 6.720 asnos. (Esdras 2: 64-69). A ello había que añadir
los animales que llevaban las riquezas que habían amasado durante
su estancia en Babilonia.
Al llegar a Jerusalén, los judíos comenzaron a planear la
reconstrucción del Templo reuniendo para este fin 61.000 dracmas
de oro y 5.000 libras de plata. A esto hay que añadir el tesoro
que habían traído con ellos desde Babilonia y que estaba
compuesto de treinta caballos cargados de oro y mil cargados de plata.
Había además 5.400 recipientes de oro y plata que se colocarían
en el Templo una vez terminado éste. (Esdras 1: 9-11). Los esclavos
que habían regresado a Jerusalén habían aumentado
en número y en riqueza.
No todos los judíos exiliados en Babilonia regresaron inmediatamente
a Jerusalén. A pesar de que la reconstrucción del Templo
finalizó en el año 515 a.C., algunos de los judíos
"Babilonios" no regresaron hasta el 458 a.C. Fueron conducidos
por Esdras a quien se le unió luego Nehemías, un judío
nombrado por los persas gobernador de Judá.
Se dice que una de las razones que retrasaron la vuelta de Esdras a Jerusalén
era que estaba ocupado en poner por escrito la Torá que había
sido destruida por las fuerzas de Nabucodonosor. Lo que Esdras escribía
era lo que había retenido en su memoria. Una mirada a los cinco
libros del Pentateuco (generalmente equiparados a la Torá revelada
a Moisés) nos muestra un grupo de relatos históricos que
narran lo que supuestamente ocurrió durante y después de
la vida de Moisés, sobre él la paz. De lo que se deduce
que no pueden formar parte de la revelación original de la Torá,
que fue revelada por Dios a Moisés antes de que estos hechos ocurrieran.
Como gobernantes de Jerusalén los judíos no disfrutaron
de paz por mucho tiempo. El siguiente invasor fue Alejandro Magno quien,
antes de morir, en el año 323 a.C., había llegado hasta
la India. Tras su muerte, sus generales dividieron el imperio. Ptolomeo
mandó en Egipto, cuya capital era Alejandría. El reino de
los Seleúcidas se dividió a su vez en dos partes: Antioquía
se convirtió en la capital del reino del norte y Babilonia quedó como
centro del resto del imperio Alejandrino.
Los gobernantes Tolemaicos y Seleúcidas tenían constantes
enfrentamientos y en una de esas primeras escaramuzas Jerusalén
cayó en manos de los egipcios griegos. Los nuevos gobernantes no
veían con buenos ojos tal concentración de judíos
en la zona por lo que trasladaron a un gran número de los mismos
a Egipto. Esto produjo lo que iba a ser la colonia más grande de
judíos fuera de Judá. En Alejandría establecieron
un contacto tan estrecho con la civilización griega que las escrituras
hebreas se tradujeron al griego entre los años 275 y 150 a.C.
Para los gobernantes Tolemaicos basados en Alejandría, Judá
era una colonia lejana y los judíos, una vez pagados los tributos
anuales, gozaban de una independencia casi total. En el 198 a.C. los Seleúcidas
arrebataron Jerusalén a los Tolemaicos. Para los Seleúcidas,
Jerusalén era algo más cercano y se interesaron mucho más
por los asuntos de los habitantes de la ciudad que los anteriores gobernantes.
El proceso de helenización, que se daba naturalmente bajo la hegemonía
Tolemaica, se aceleré bajo los Seleúcidas en un intento
deliberado de integrar a los judíos en su forma de vida. Este afán
forzado alcanzó su máxima expresión durante el reinado
de Antíoco Epeplianus. Antíoco llegó a cometer el
error de colocar una imagen de Zeus en el Templo de Salomón. Tal
hecho provocó las iras de los judíos, que se amotinaron
liderados por los Macabeos de Judá. La hoz y el martillo eran el
emblema de su revuelta. A pesar de que Antíoco Epeplianio había
saqueado Jerusalén y el Templo en 161 a.C., los judíos no
se rindieron y en último término los griegos fueron expulsados
de Jerusalén.
Los judíos victoriosos encontraron el Templo en ruinas, el santuario
desolado, el altar profanado y la puerta del Templo quemada. Reconstruyeron
el Templo según las descripciones de la Torá. Los nuevos
gobernantes eran tan queridos que pronto se transformaron en los sumos
sacerdotes del Templo y en los nuevos reyes de Israel. Con tal concentración
de poder en sus manos, los nuevos líderes se convirtieron en extremadamente
estrictos con el cumplimiento de la Ley y la gente comenzó a desear
la administración más benevolente de los gobernantes extranjeros.
Cuanto más grande era la insatisfacción provocada por su
gobierno, más altivos y arrogantes se volvían los Macabeos.
Y una vez más los judíos comenzaron a urdir intrigas contra
sus líderes, intrigas que en gran parte dieron paso al dominio
romano sobre Jerusalén. La ciudad cayó bajo control romano
en el 63 a.C.
En la época que nacía Jesús, cerca del año
4 a.C., los romanos cometían el mismo error que los gobiernos precedentes.
Habían erigido una enorme águila dorada en la puerta principal
del Templo. Una vez más los judíos enfurecidos se amotinaron
contra los romanos. Dos descendientes de los Macabeos fueron los primeros
en desplegar las banderas de la revolución. Su objetivo era la
destrucción del águila. Para los romanos se trataba no sólo
de un acto de sedición sino también de un insulto contra
su religión. Tras un gran derramamiento de sangre la revuelta fue
aplastada. Los dos líderes de la misma fueron apresados y quemados
vivos. Pero al poco tiempo los romanos tuvieron que enfrentarse a otra
rebelión. Dos mil judíos rebeldes fueron crucificados. El
resentimiento de los derrotados judíos estaba en su apogeo cuando
en el año 6 a.C. el Emperador Augusto ordenó llevar a cabo
un censo de la población judía a fin de facilitar la recaudación
de los impuestos.
Pagar impuestos al deificado emperador iba contra las enseñanzas
de la Torá. Los judíos reconocían a un solo rey:
Jehová. Nuevos altercados se sucedieron a los anteriores. Los elementos
más moderados de la población comprendieron que si la situación
empeoraba, el conflicto produciría una masacre completa de los
judíos, por lo que aconsejaron someterse y pagar los impuestos
a fin de evitar el suicidio sin sentido de la población. Los líderes
que compraron la paz a este precio carecían de la estima popular
y eran considerados traidores a la nación judía.
El nacimiento de Jesús ocurrió justo en medio de esta tensa
situación.
En este contexto histórico es fácil comprender la oposición
de los gobernantes romanos a la figura de Jesús; pero para comprender
por qué algunos de los líderes de los judíos también
mostraban oposición a Jesús, es necesario examinar brevemente
lo sucedido con la Torá durante los trece siglos transcurridos
desde su revelación.
Como ya hemos visto, la Torá original fue probablemente destruida
durante las invasiones lideradas por Nabucodonosor en el siglo VI a.C.
Durante el exilio de algunos judíos en Babilonia, Esdras intentó
poner por escrito la Torá que había memorizado, pero está
comúnmente aceptado que esta versión fue destruida a su
vez durante el saqueo de Jerusalén a manos de Antíoco Epeplianio
en el año 161 a.C. En su libro "Izhar-ul-Haqq", Maulana
M. Rahmatullahi Kairanvi cita a John Mill, erudito católico del
siglo diecinueve, cuando dice:
"Todos los eruditos están unánimemente de acuerdo a la hora de afirmar que la Torá original (Pentateuco) y el resto de libros originales que formaban el Antiguo Testamento fueron destruidos por las fuerzas de Nabucodonosor. Cuando Esdras compiló los nuevos textos, éstos fueron destruidos a su vez durante la invasión de Antíoco".
Durante
los cuatro siglos comprendidos entre el 450 y el 50 a.C., especialmente
después de la destrucción por Antíoco de los textos
de Esdras durante la invasión de Jerusalén ocurrida en el
161 a.C., el libro conocido como la Torá, -junto con los libros
adicionales que pretendían recoger la historia de las Tribus de
Israel tras la época de Moisés y que fueron a menudo escritos
y compilados de restos de fuentes siglos después de que ocurrieran
los sucesos que narran- siguió siendo revisada y reescrita, y lo
que iba a convertirse en la religión conocida como Judaísmo
tomó forma definitiva bajo la dirección de un fuerte sacerdocio
Levítico que se consideraba a sí mismo el auténtico
guardián del antiguo conocimiento. Cuando por primera vez la Torá
fue traducida al griego por setenta y dos eruditos de Alejandría,
aproximadamente entre el 275 y el 150 a.C., la versión hebrea ya
había sido reescrita dos veces "de memoria" introduciéndose
en ella cambios importantes durante el proceso.
El "Talmud", donde se pretende recoger las tradicionales orales
de Moisés, no apareció en forma escrita hasta diecisiete
siglos después de la muerte de Moisés y al menos nueve siglos
después de que la Torá hubiese dejado de existir en su forma
original. El "Mishnah", la forma escrita de las supuestas
tradiciones orales de Moisés, no se compiló en su forma
actual hasta comienzos del siglo III, d.C. Los dos comentarios sobre el
"Mishnah", el Jerusalén Cemara y el Babylonian Gemara,
no se completaron hasta los siglos V y VII d.C. respectivamente, y los
comentarios escritos sobre estos dos comentarios, la extensa literatura
Midrash, fueron escritos entre los años 400 y 1.200 d.C.
Tal y como señala el Dr. Maurice Bucaille en su obra, La Biblia,
El Corán y la Ciencia, cuando las Escrituras hebreas se tradujeron
al griego, ya no representaban las enseñanzas originales de Moisés,
ni lo habían hecho durante un periodo de tiempo considerable:
"El Antiguo Testamento es una colección de obras de longitud muy diferente y estilos también diferentes. Fueron escritas basándose en tradiciones orales, en varias lenguas y durante un periodo de más de novecientos años. Muchas de estas obras fueron corregidas y completadas según lo exigían acontecimientos o requisitos especiales y a menudo en períodos muy distantes unos de otros."
Como ya hemos visto, solamente los primeros cinco libros de esta colección, conocida generalmente con el nombre de Pentateuco, están directamente conectados con Moisés, aunque también está claro que no son la Torá que le fue originalmente revelada ni fueron escritos por él. Por lo que respecta incluso a esos primeros cinco libros, el Pentateuco, el Dr. Maurice Bucaille hace notar que con anterioridad a las versiones escritas durante y después del exilio de Babilonia -la primera de las cuales (compilada por Esdras) es comúnmente conocida como la version Sacerdotal- existían por lo menos tres fuentes: la versión Yahvista (donde Dios tiene el nombre de Yahvé), la versión Elohista (donde Dios se llama Elohim) y el Deuteronomio. Las tres versiones fueron utilizadas para producir la versión Sacerdotal, la que se enseñaba en el Templo tras su reconstrucción en el año 515 a.C. Las tres versiones han sido fechadas y localizadas en cuanto a tiempo y lugar:
1. La versión Yahvista procede del siglo IX a.C. (escrita en Judá).
2. La versión Elohista era probablemente algo más reciente (escrita en Israel).
3. El Deuteronomio procede según algunos del siglo VIII (E. Jacob) o de la época de Josiah (siglo VII a.C.) según otros (Padre de Vaux).
4. La versión Sacerdotal procede del período del exilio o de después del exilio (siglo VI a.C.).(6)
El Dr. Bucaille continúa diciendo:
"Podría parecer que la composición del texto del Pentateuco abarca al menos tres siglos. La cuestión es, sin embargo, bastante más compleja. En el año 1941, A. Lods distinguía tres fuentes en la versión Yahvista, cuatro en la versión Elohista, seis en el Deuteronomio, nueve en la versión Sacerdotal, 'sin incluir las adiciones repartidas a lo largo de ocho autores diferentes' como menciona el Padre de Vaux. Más recientemente se ha considerado que 'muchas de las leyes o constituciones contenidas en el Pentateuco tenían paralelo fuera de la Biblia y se remontaban en el tiempo mucho más que las fechas atribuidas a los documentos en si y que 'muchas de las historias del Pentateuco evidenciaban un escenario diferente, y más antiguo, que aquél del que se supone procedían estos documentos". Todo esto nos hace pensar en motivos interesados en la formación de las tradiciones'. Al llegar a este punto la cuestión se complica de tal manera que ya nadie sabe donde está.
La multiplicidad de estas fuentes trae consigo aparejada gran cantidad de desacuerdos y repeticiones. El Padre de Vaux da ejemplos de esta superposición de tradiciones en el caso del Diluvio, el secuestro de José y sus aventuras en Egipto; desacuerdos respecto a los nombres relacionados con un mismo protagonista además de descripciones diferentes de acontecimientos importantes.
De igual manera se muestra cómo el Pentateuco ha sido compuesto a partir de varias tradiciones reunidas por sus autores con mayor o menor pericia. En ocasiones, estos autores yuxtaponen unas recopilaciones con otras e incluso llegan a adaptar las historias en aras de la síntesis. Permitieron la introducción en los textos de improbabilidades y desacuerdos tales que han producido en el hombre moderno la exigencia de un estudio objetivo de las fuentes.
Por lo que respecta al estudio crítico de los textos, el Pentateuco ilustra lo que puede definirse como el ejemplo más evidente de adaptaciones hechas por la mano del hombre, adaptaciones hechas en diferentes épocas de la historia judía a partir de tradiciones orales y de textos procedentes de generaciones anteriores. Comienza su redacción en el siglo X o IX a.C. con la tradición Yahvista que toma la historia a partir de sus inicios. Esta tradición esboza el destino específico de Israel 'a fin de hacerlo encajar en el Gran Diseño Divino para la humanidad' (Padre de Vaux). Fue concluido en el siglo VI a.C. con la tradición Sacerdotal, sumamente meticulosa a la hora de mencionar fechas y genealogías"
Continúa diciendo el Dr. Bucaille:
"En el caso del Génesis, la división del Libro según tres fuentes de procedencia ha sido establecida categóricamente: En el comentario del Padre de Vaux a su traducción del Génesis, se proporciona una lista de pasajes y su relación respectiva con cada una de las fuentes de procedencia sobre las que se basan. A partir de estos datos es posible determinar la contribución hecha por cada fuente a cada uno de los capítulos. Por ejemplo: en el caso de la Creación, el Diluvio y el período comprendido entre el Diluvio y Abraham, que ocupan los primeros once capítulos del Génesis, puede distinguirse en el texto Bíblico la alternancia de una sección de textos Yahvista y de una sección Sacerdotal. En estos primeros capítulos no existen textos Elohistas, sin embargo la yuxtaposición de contribuciones Yahvistas y Sacerdotales es bastante evidente. Desde la Creación hasta Noé (primeros cinco capítulos), la disposición de los textos es sencilla: desde el inicio hasta el fin de la narración, un pasaje Yahvista se alterna con uno Sacerdotal. En el caso del Diluvio y especialmente en los capítulos 7 y 8, la relación del texto con cada una de las fuentes se minimiza a pasajes muy cortos o incluso frases aisladas. En el espacio de poco más de cien páginas de la versión inglesa, el texto cambia diecisiete veces. Esto es lo que da origen a las improbabilidades y contradicciones que encontramos en la versión que existe en nuestros días"
Es evidente en consecuencia, que la versión de la Torá existente en la época en la que Jesús vino a este mundo no era la Torá original que había sido revelada a Moisés en el monte Sinaí. Citando las palabras del Dr. Bucaille, era: "una colección de obras con contenidos muy dispares, escritas a lo largo de casi siete siglos y para las que, antes de ser amalgamadas en un único texto, se utilizaron fuentes extremadamente diversas".
Sin embargo sabemos por el Corán, que Dios no sólo dio a Jesús su propia revelación, el Inyil, sino que también le dio conocimiento de la Torá original revelada a Moisés (confirmando en cada uno de los casos el primero a ésta última). Jesús estaba pues en una posición privilegiada, guiado por la Divinidad, para poder ver cómo y dónde se habían alterado y distorsionado las enseñanzas originales de Moisés. Como veremos con más detalle más adelante, esto complicaba las cosas al sacerdocio judío que con anterioridad a la venida de Jesús se había arrogado, casi sin discusión alguna, la posición de ser los auténticos guardianes de las enseñanzas originales de Moisés. Esta pretensión era la base de su liderazgo y de sus medios de vida. Jesús desveló su hipocresía poniendo con ello en peligro la fuente de su riqueza y autoridad. De ahí nace la virulencia mostrada por el sacerdocio judío en su oposición a Jesús.
En el volumen segundo de su obra "Los Profetas en el Corán-Los Últimos Profetas", la Sra. Iftejar Bano Hussein dice:
"No existe copia conocida de la revelación original dada a sayyidina 'Isa (Jesús), la paz sea con él -el Inyil- lo cual explica en parte por qué sus enseñanzas han sido tantas veces re-escritas y redefinidas en los dos últimos milenios. Según el Evangelio de Bernabé, el lnyil jamás fue recogido en forma escrita -era como un pozo de sabiduría dentro de] corazón de Jesús del que se abastecía cada vez que era necesario- pero es evidente que además de hablar el arameo, sayyidina 'Isa conocía también el hebreo ya que su objetivo era restablecer entre las Tribus de Israel las enscñanzas originaIes de Moises, según la Torá. Este libro escrito en hebreo antiguo, había sido cambiado y corrompido hasta tal punto que cuando Jesús nació, ¡fue rechazado por la misma clase sacerdotal judía que se autoproclamaba guardiana celosa de las enseñanzas de Moisés!
Es posible que una de las razones principales por la que el sacerdocio judío se oponía a sayyidina 'Isa y deseaba su muerte, se debía a que Jesús conocía las partes de la Torá, revelada originalmente a sayyidina Musa (Moisés), que habían sido cambiadas posteriormente por los judíos, puesto que Jesús había recibido de Allah el conocimiento directo de la Torá.
Es también más que probable que sayyidina 'Isa estuviera al corriente de las distorsiones y correcciones contenidas en los textos adicionales que habían sido escritos tras la muerte de sayyidina Musa y en los que se pretendía recoger fielmente la historia de las Tribus de Israel a partir de ese entonces.
Dicho con otras palabras: con la llegada de sayyidina 'Isa, los cambios y distorsiones introducidos en las enseñanzas originales de sayyidina Musa, introducidos gradualmente por la clase sacerdotal judía durante los nueve siglos transcurridos desde finales del reinado de sayyidina Suleymán (Salomón), estaban ahora en grave peligro de ser desvelados y puestos de manifiesto; y con ello, la jerarquía sacerdotal quedaría destruida. Esta es la razón del rechazo contra sayyidina 'Isa, la paz sea con él, y de aquí la alianza del sacerdocio con los romanos con el fin de planear su muerte".
Volviendo
ahora a la narración histórica de la vida de Jesús,
debe recordarse la situación política y económica
existente en el momento del nacimiento de Jesús, además
de los acontecimientos que provocaron la muerte de Juan el Bautista. En
el punto en el que nos encontramos ahora, la totalidad del movimiento
de resistencia estaba concentrado en torno a la figura de un Jesús
dotado de inspiración divina.
Antes de hacer ninguna otra cosa, Jesús tuvo que someterse a un
periodo de cuarenta días viviendo y rezando en el desierto. Ahora
ya tenía treinta años. Según la ley judía,
ésta era la edad en la que el hombre se liberaba del dominio ejercido
por el padre. A diferencia de Juan el Bautista, Jesús jamás
predicó en público la oposición abierta contra los
gobernantes romanos. Primero debían hacerse ciertos preparativos
con la máxima discreción. Los intentos anteriores habían
terminado siempre en el más absoluto desastre y la muerte de Juan
el Bautista aún estaba presente en la mente de Jesús. Con
prudencia y perspicacia Jesús empezó a preparar y organizar
a los judíos. No bautizó a ninguno. Esto habría atraído
de forma innecesaria demasiada atención por parte de los romanos
y convertía el bautismo en una práctica peligrosa. No era
posible detener la infiltración de las "víboras" en
el movimiento de resistencia.
Jesús nombró a doce discípulos, número tradicional
que representaba a las doce tribus de Israel. A continuación alistaron
a setenta y dos patriotas para que estuvieran a sus órdenes. Los
Fariseos habían preservado el Am Al-Arez, un grupo de judíos
dotados de buenas condiciones físicas, habitantes de los pueblos
y fáciles de contactar en caso de necesidad. Estos campesinos,
muchos de los cuales eran miembros de la comunidad Esenia, se convirtieron
en fieles seguidores de Jesús, dispuestos a entregar sus vidas
por la causa. Se los conocía con el nombre de Zaleotes. Según
la Biblia, al menos seis de los doce apóstoles eran Zaleotes.
Jesús, que había venido a confirmar las enseñanzas
de Moisés, lanzó la llamada del Antiguo Testamento: "Quienquiera
que sea fiel seguidor de la Ley y mantenga la Alianza, que me siga".
(Macabeos 2: 27-31). Pronto comenzó a alistarse un gran número
de personas, pero se mantuvieron ocultos y su adiestramiento se llevaba
a cabo en el desierto. Se les llamaba Bar Yonim, que significa "hijos
del desierto". A los que de entre sus filas habían aprendido
el uso de la daga se les llamaba Sicarios (los hombres del puñal).
Otro grupo cuidadosamente escogido constituía una especie de escolta
a la que se conocía como Bar Jesús, "los hijos de Jesús."
Hay fuentes históricas en las que se menciona a personas que formaban
parte de este grupo, pero les cubre un velo de misterio que impide se
sepa algo sobre ellos. Pertenecían al círculo más
íntimo de los seguidores de Jesús y sus identidades debían
permanecer ocultas a ojos de los romanos.
Jesús dijo a sus seguidores: "Pues ahora, el que tenga bolsa
que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y
compre una espada". (Lucas 22: 36). Alentados por las enseñanzas
y milagros de Jesús, el número de seguidores continuaba
aumentando. El resultado de todas estas preparaciones fue que el sucesor
de Pilatos, Sosiano Hierocles (citado por Lactanio, padre de la Iglesia),
dice que Jesús era el líder de una banda de salteadores
de caminos compuesta por unos novecientos hombres. Una copia medieval
en hebreo de una obra ya desaparecida de Josephus cita igualmente que
Jesús tenía de 2.000 a 3.000 seguidores armados.20
Jesús puso un énfasis especial en no apartarse de las enseñanzas
de los Esenios, hecho demostrable ya que "los ritos y preceptos de
los Evangelios y las Epístolas pueden encontrarse en cada una de
las páginas que forman la tradición escrita de la secta"21.
Sin embargo, durante su misión Jesús no llegó a desvelar
ha totalidad de su enseñanza a la mayor parte de sus seguidores.
La verdad, en su forma completa, sólo era conocida por unos pocos:
"Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir" (Juan 16: 12-14).
Es interesante resaltar que este pasaje está considerado como uno de los pocos en los que se menciona la venida del Profeta Muhammad, a quien Allah bendiga y le conceda paz, y que no ha sido eliminado de los cuatro Evangelios oficiales. El "espíritu de la verdad" citado en el versículo anterior se identifica con Juan el "Parácleto". La palabra griega para Parácleto es Parakletos o Parakleitos que significa el "Consolador" o el "Alabado". Su equivalente en árabe es Ahmad, que significa el "más digno de alabanza", el "que distingue entre la verdad y la mentira" y el "Consolador". Ahmad es uno de los nombres del Profeta Muhammad.
El Dr. Bucaille, tras considerar las cuatro alusiones al Parácleto del Nuevo Testamento (mencionadas únicamente por Juan) y tras considerar las variaciones del texto en varias versiones y los significados naturales del vocabulario utilizado, concluye diciendo:
"En consecuencia y según las reglas de la lógica, el Parácleto de Juan nos hace pensar en un Parácleto que es un ser humano como Jesús, poseedor de las facultades del oído y el lenguaje como ya se atisbaba en el texto griego de la versión de Juan. Así pues, Jesús predice que Dios ha de enviar un ser humano a la Tierra que desempeñará el papel definido por Juan: el de ser un Profeta que escucha la palabra de Dios y que luego repite este mensaje al ser humano. Esta es la interpretación lógica a la que se llega si en el texto de Juan se atribuye el significado correcto a las palabras en él contenidas"
Casi todas las fuentes de las que disponemos en la actualidad muestran de forma evidente la popularidad de Jesús entre la gente común, debida en gran parte a la extraordinaria pureza y compasión que se desprendía, no sólo de la sabiduría de sus palabras y la sencillez de su comportamiento, sino también de sus muchos milagros, posibles, como Jesús siempre decía, por la gracia de Dios.
Jesús
no buscaba el poder mundano, ya fuera como líder del país
o dentro de la cerrada jerarquía de los Escribas y Fariseos. No
obstante, la popularidad de la que gozaba y el gran número de seguidores
hacían temer a los romanos y a los sacerdotes, sus aliados, que
éstas eran sus verdaderas intenciones. Esta aparente amenaza a
su posición y poder fue lo que, como ya hemos afirmado, los incitaba
a eliminar a Jesús.
La única misión de Jesús era establecer la adoración
al Creador tal y como Él había ordenado. Jesús y
sus seguidores estaban dispuestos a enfrentarse a cualquiera que tratara
de impedirles vivir como su Señor quería que vivieran.
La primera batalla se entabló contra los judíos leales a
los romanos. Fue liderada por Bar Jesús Barrabás y consiguió
desmoralizar a dichos judíos al morir uno de sus líderes
en el enfrentamiento. Bar Jesús Barrabás fue arrestado.
El siguiente objetivo era el Templo. Los romanos tenían preparada
una fuerte guarnición cerca del Templo puesto que era la época
de las celebraciones anuales y se acercaba la fiesta de la Pascua. En
estas ocasiones, los romanos solían estar preparados para enfrentarse
a todo tipo de pequeñas escaramuzas, pero en esta ocasión
estaban aún más alerta. Además de la guarnición
estaba la policía del Templo, a cuyo cargo estaba el cuidado del
lugar sagrado. La entrada efectuada por Jesús estuvo tan bien planeada
que los romanos fueron completamente tomados por sorpresa y Jesús
se hizo con el control del Templo.
Esta anécdota se conoce como la "Purificación del Templo".
El Evangelio de Juan describe el suceso de la manera siguiente:
"Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas" (Juan 2:14-15).
Comentando las palabras, "látigo de cuerda", Carmichael dice:
"No cabe duda de que significan violencia; pero también es indudable que representan una suavización de lo que en realidad fue una tarea monumental. Si imaginamos el tamaño del Templo, los miles y decenas de miles de peregrinos entrando y saliendo, los cuidadores del mismo, la policía, los soldados romanos y las reacciones de los tratantes de ganado, por no mencionar siquiera a los cambistas de dinero, nos damos cuenta de que algo más que la mera sorpresa tuvo que intervenir. La escena real que se atisba tras esta narración fragmentada del cuarto Evangelio fue sin duda muy diferente. El cronista la ha suavizado 'espiritualizándola' por encima de la realidad."
Una
de las lecciones que aprende todo luchador por la libertad, es que
la policía local tiende a simpatizar con los patriotas más
que con la fuerza de ocupación. Este fue probablemente uno de los
factores que contribuyó al descalabro total de las defensas de
Templo.
Los romanos habían sufrido un revés local, pero su poder
no había sido mermado. Pidieron refuerzos y un contingente de nuevas
tropas empezó a avanzar hacia Jerusalén. La defensa de la
puerta de Jerusalén resistió unos días pero el ejército
romano era demasiado poderoso para los patriotas y los seguidores de Jesús
terminaron por desvanecerse en el aire. Incluso los discípulos
huyeron dejando solo a Jesús con unos pocos hombres a su alrededor.
Jesús decidió ocultarse y los romanos comenzaron una búsqueda
intensiva para encontrarle.
La "detención", el "juicio" y la "crucifixión"
están rodeadas de tal cantidad de contradicciones y falsas declaraciones
que es sumamente difícil atravesar esta maraña para averiguar
lo que realmente ocurrió. Lo que si está claro sin embargo,
es que el gobierno romano logró utilizar los servicios de una pequeña
minoría de judíos que tenían intereses personales
en la continuidad del mandato romano sobre Jerusalén.
Judas Iscariote, un discípulo de Jesús, fue comprado con
la promesa de recibir treinta monedas de plata si, con su ayuda, Jesús
era arrestado. A fin de evitar más problemas se decidió
intentarlo durante la noche. Al llegar al lugar donde Jesús estaba
con algunos de sus discípulos, Judas besaría a Jesús
para que los solados romanos pudieran identificarlo. El plan fracasó.
Cuando los soldados surgieron de la oscuridad, se formó un gran
tumulto. Los dos judíos, Jesús y Judas, se confundieron
en la oscuridad y los soldados arrestaron a Judas en vez de a Jesús,
logrando escapar éste último.
El Corán dice:
"Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron. Y los que discrepan sobre él, tienen dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó, sólo siguen conjeturas.Pues con toda certeza que no lo mataron. Sino que Allah lo elevó hacia Sí, Allah es Poderoso y Sabio" (Corán 4. 157-158).
No
está claro en absoluto si alguien se dio cuenta del "error"
cometido. Ninguna de las versiones actuales de los Evangelios oficiales
lo menciona. Si los romanos se apercibieron de la verdadera identidad
del prisionero cuando se le llevó frente a Pilatos el magistrado
romano en funciones, es posible que la dramática e inesperada situación
satisficiera a todo el mundo. Los romanos aún podrían dar
a alguien un castigo ejemplar, quienquiera que éste fuera, castigo
que con toda seguridad actuaría como elemento disuasorio. Y a su
vez, la mayor parte de los judíos estarían felices puesto
que, debido a un milagro, el que estaba en el patíbulo era el traidor
y no Jesús. Incluso los judíos pro-romanos estarían
contentos ya que con la muerte de Judas desaparecía el testigo
de su culpa. Y por último, con Jesús muerto oficialmente
sería más que improbable que se atreviera a mostrarse de
nuevo para molestarlos.
Sin embargo y dadas las descripciones de lo sucedido tal y como aparecen
en los cuatro Evangelios oficiales, esta explicación parece poco
probable. Es mucho más creíble asumir que todos creyeron
que Jesús era el arrestado a pesar de estar equivocados.
El papel jugado por Poncio Pilatos, el Magistrado romano, es difícil
de precisar. Su indecisión, tal y como aparece reflejada en la
Biblia, su parcialidad hacia los líderes judíos, junto con
su buena voluntad hacia Jesús, constituyen una historia difícil
de creer. Se ha sugerido que podría ser el resultado del intento,
por parte de los autores de los Evangelios, de distorsionar los hechos
a fin de hacer recaer la responsabilidad de la "crucifixión"
sobre la totalidad de la nación judía, exonerando así
a los romanos de toda culpa en la supuesta muerte de Jesús.24 La
única manera de que pudiera mantenerse una historia oficial de
la vida de Jesús bajo el poder romano, sería que no contuviese
agravio alguno en contra de los invasores, bien sea omitiendo, disfrazando
o incluso cambiando los detalles susceptibles de ofensa ante la autoridad
extranjera.
Otra posible explicación es la que mantiene una tradición
que asegura que Pilatos fue "comprado" mediante un soborno importante.
Si es verdad lo que se describe en los Evangelios, es obvio que Pilatos
tenía un interés personal en el drama representado ese día
en Jerusalén.
Hay otro hecho interesante que es necesario resaltar: En los calendarios
santorales de la Iglesia Copta, tanto en Egipto como en Etiopía,
Pilatos y su esposa aparecen como "santos". Esto sólo
puede tener sentido si aceptamos que Pilatos, sabiendo de sobra que sus
soldados habían detenido a la persona equivocada, condenó
a Judas a sabiendas dejando que Jesús se salvara.
En la descripción proporcionada por Bernabé se nos cuenta que en el momento de la detención, ocurrida después de la Última Cena -que según Bernabé tuvo lugar "en la casa de Nicodemo junto al arroyo Cedrón" a las afueras de Jerusalén- Judas fue transformado por el Creador de forma que no sólo sus enemigos, sino que incluso su madre y sus amigos más cercanos, lo tomaron por Jesús:
"Saliendo de la casa, Jesús se retiró al jardín para rezar según su costumbre, inclinándose y postrándose cien veces. Al saber Judas el lugar en el que Jesús estaba con sus discípulos, se dirigió al sumo sacerdote y le dijo: 'Si me das lo prometido, esta noche te entregaré al Jesús que buscas ya que está solo con once de sus discípulos".
El sumo sacerdote preguntó: '¿Cuánto quieres?' Judas contestó: 'Treinta piezas de oro'. Sin más dilación el sumo sacerdote le dio el dinero y envió un fariseo al gobernador y a Herodes para traer soldados; éstos mandaron una legión porque temían a la gente. Tomaron las armas y con antorchas y fanales salieron de Jerusalén.
Cuando los soldados acompañados por Judas llegaron cerca del lugar donde se encontraba Jesús, éste oyó cómo se acercaba una gran multitud y volvió a la casa. Los once discípulos estaban durmiendo.
Y entonces Dios al ver el peligro que corría su esclavo envió a (los ángeles) Gabriel, Miguel, Rafael y Uriel, Sus embajadores, para que sacaran a Jesús del mundo.
Los sagrados ángeles vinieron y sacaron a Jesús por la ventana que da hacia el Sur. Y desnudándolo, lo colocaron en el tercer cielo en la compañía de los ángeles que alaban a Dios constantemente.
Judas se adelantó a los demás y entró impetuosamente en la habitación de la que Jesús había sido evacuado. Y los discípulos estaban durmiendo. Entonces Dios actuó de manera asombrosa. Judas sufrió una transformación asemejándose de tal manera en su rostro y forma de hablar a Jesús, que creímos que era el mismo Jesús. Judas nos había despertado y nos preguntaba dónde estaba Jesús. Nosotros maravillándonos dijimos: 'Tú, señor, eres nuestro maestro, ¿acaso nos has olvidado'? Judas sonriendo dijo: '¿Os habéis vuelto locos; no veis que soy Judas Iscariote'? Al finalizar estas palabras, los soldados entraron y al ver que se parecía en todo a Jesús, lo apresaron. Nosotros, al oír las palabras de Judas y ver la multitud de soldados, huimos a toda prisa. Y Juan que estaba dormido cubierto por una sábana de lino, despertó y comenzó a huir. Un soldado agarró la sábana y Juan se desembarazó de ella corriendo desnudo. Dios había oído la súplica de Jesús y salvó a los once de todo mal.
Los soldados apresaron a Judas y lo ataron entre bromas, puesto que éste seguía negando que era Jesús. Los soldados, burlándose de él dijeron: 'señor, no temáis. Hemos venido a proclamaros Rey de Israel y os atamos porque sabemos que rechazáis el reinado'. Judas contestó: '¡Os habéis vuelto locos! Habéis venido a detener a Jesús de Nazaret con armas y antorchas como (si fuera) un ladrón; y en vez de eso me habéis atado a mí que os he guiado y queréis nombrarme rey'! Los soldados perdieron la paciencia y con golpes y patadas condujeron con rabia a Judas hacia Jerusalén.
Juan y Pedro siguieron a los soldados desde lejos. Y cuentan a quien esto escribe, que presenciaron el examen que hicieron a Judas el sumo sacerdote y el concilio de los fariseos que estaban reunidos para matar a Jesús. Mientras tanto Judas dijo muchas locuras hasta el punto de que todos los presentes se desternillaban de risa puesto que creían que él era realmente Jesús y que por temor a la muerte quería hacerse pasar por loco. Los escribas pusieron una venda sobre sus ojos y burlándose dijeron: 'Jesús, profeta de los Nazarenos', puesto que así llamaban a los que creían en Jesús, 'dínos, ¿quién te ha abofeteado'? Y riéndose le daban bofetadas y le escupían en la cara.
Cuando llegó la mañana se reunió el gran consejo de ancianos y escribas del pueblo. Y el sumo sacerdote junto con los fariseos presentaron testigos falsos para acusar a Judas, a quien creían Jesús. Pero no encontraron lo que buscaban. ¿Y por qué digo que los sacerdotes creían que Judas era Jesús? Pues sí, todos los discípulos y el que esto escribe también lo creíamos; y más aún, la pobre virgen madre de Jesús, junto con sus familiares y amigos, también lo creían. Hasta tal punto era así, que la pena que todos sentían era insufrible. Juro por el Dios Viviente que el que esto escribe había olvidado lo que Jesús dijo: que sería sacado de este mundo, que sufriría a través de una tercera persona y que no habría de morir hasta el fin del mundo. Y que iría con la madre de Jesús y con Juan a la cruz.
El sumo sacerdote hizo traer atado a Judas ante él y le preguntó sobre sus discípulos y su doctrina.En sus respuestas, y como si diera prueba de su locura, Judas no hizo mas que divagar. El sumo sacerdote le hizo jurar por el Dios de Israel que confesara la verdad.
Judas respondió: 'Ya he dicho que soy Judas Iscariote, el que prometió entregarte a Jesús el Nazareno; y mientras tanto vosotros, por razones que desconozco, os habéis vuelto locos puesto que estáis convencidos de que yo soy Jesús'. A lo que contestó el sumo sacerdote: 'Oh tú, perverso seductor. Has engañado con tus milagros y doctrinas a todo Israel, desde Galilea hasta Jerusalén; ¿y acaso piensas que puedes librarte del castigo que mereces fingiendo estar loco? ¡Juro por Dios que no escaparás'! Y dicho esto, mandó a sus sirvientes que golpearan y abofetearan a Judas para hacerle entrar en razón. Las burlas que Judas tuvo que sufrir a manos de los criados del sumo sacerdote son imposibles de creer. Como querían ganarse las simpatías del Consejo inventaron todo tipo de chanzas. Lo vistieron de bufón, y tantas bofetadas y patadas le dieron, que incluso los mismos Cananitas se habrían apiadado de él. Pero era tal la animosidad de los sacerdotes, los fariseos y los más ancianos contra Jesús, que el espectáculo los llenaba de placer.Luego lo llevaron ante el gobernador de la ciudad, que por cierto amaba a Jesús en secreto. El gobernador, creyendo que Judas era Jesús, lo hizo entrar en sus habitaciones y comenzó a preguntarle la razón de todo lo ocurrido. Judas contestó: 'Si os digo la verdad no me habéis de creer; lo más probable es que seáis víctima del engaño, igual que los sacerdotes y los fariseos también lo han sido'. El gobernador habló a continuación (creyendo que la cuestión era un asunto de Ley): '¿acaso no sabes que yo no soy judío'? Pero los sacerdotes y los ancianos te han entregado a mí; dime pues la verdad para que pueda ser justo contigo. Puesto que tengo el poder de dejarte en libertad o condenarte a muerte'.
Judas contestó: 'Señor creedme; sí me condenáis cometeríais un gran error pues mataríais a una persona inocente. Yo soy Judas Iscariote y no Jesús que es un hechicero que con su magia me ha trasformado'. Al oír estas palabras el gobernador no pudo menos que asombrarse e intentó dejarle libre. Salió de la habitación y sonriendo dijo: 'Visto de una manera, este hombre no merece la muerte sino la compasión. Dice que no es Jesús sino un tal Judas que guió a los soldados con el fin de apresar a Jesús y que ha sido Jesús el Galileo quien con su magia lo ha transformado. En consecuencia, si esto es verdad, sería un gran error matarlo puesto que es inocente. Por otro lado, si realmente es Jesús pero insiste en negarlo, no cabe duda de que ha perdido el juicio y sería deshonesto matar a un loco'.
Entonces los sacerdotes y los ancianos, junto con los escribas y los fariseos, gritaron: 'Él es Jesús de Nazaret, nosotros lo conocemos; si no fuera así no lo habríamos puesto en tus manos. Ni tampoco está loco sino que es un perverso, ya que con esta argucia intenta librarse de vuestras manos; pero si logra escapar, la sedición que causaría sería aún peor que la anterior.
Pilatos (puesto que tal era el nombre del gobernador) a fin de desembarazarse del caso dijo: 'Es de Galilea y Herodes es el rey de esa zona. No me incumbe a mí juzgarlo, llevadle ante Herodes'. Así lo hicieron. Herodes había deseado durante mucho tiempo que Jesús fuera a su casa. Jesús nunca había querido ir puesto que Herodes era un gentil que adoraba los dioses falsos e impuros y en su vida seguía las normas impuras de los gentiles. Cuando presentaron a Judas ante él, Herodes le hizo muchas preguntas a las que Judas contestó con evasivas negando siempre que él fuera Jesús.
Herodes y toda la corte se burlaron, y vistiéndolo de blanco, como se viste a los locos, lo enviaron de nuevo a Pilatos diciendo: '¡Haz justicia al pueblo de Israel'! Herodes puso esto por escrito, puesto que los sacerdotes y los fariseos le habían dado una gran cantidad de dinero. El gobernador se enteró de ello por un criado de Herodes y a fin de obtener también él algún dinero, fingió querer poner a Judas en libertad. Pero antes ordenó azotarlo por sus criados que estaban pagados por los escribas para que lo matasen a latigazos. Pero Dios, que había ya decretado el asunto, reservaba a Judas para la cruz a fin de que así sufriera la horrible muerte a la que había intentado enviar a otro. Dios no quiso que Judas muriera a causa de los latigazos a pesar de que los soldados lo azotaron hasta el punto de que su cuerpo chorreaba sangre. Luego, para burlarse todavía más, lo cubrieron con una vieja túnica de color morado y dijeron: 'Nuestro nuevo rey merece ser vestido y coronado'. Y tomando una mata de espinos hicieron una corona similar a las que de oro y piedras preciosas llevan los reyes en sus cabezas. Colocaron la corona de espinos en la cabeza de Judas y poniendo en su mano una caña como cetro le hicieron sentarse en una posición elevada. Y los soldados se presentaban ante él, haciendo reverencias y saludos como si fuera el Rey de los judíos. Y extendían las manos para recibir regalos, como es la costumbre de los nuevos reyes. Al no recibir nada, golpeaban a Judas y decían: '¿Cómo es que te coronan, rey loco, si no pagas a tus soldados ni criados'?
Cuando los sacerdotes y los fariseos vieron que Judas no había muerto a causa de los latigazos, y temiendo que Pilatos lo pusiera en libertad, dieron una suma de dinero al gobernador que, al recibirla entregó a Judas a los escribas y fariseos declarándolo culpable y condenándolo a muerte. Junto con él, condenaron a dos ladrones a la muerte en la cruz.
Fueron llevados al Monte Calvario, lugar donde se ahorcaba a los malhechores y allí lo crucificaron desnudo para mayor ignominia. Y en verdad que lo único que Judas decía era: 'Dios, ¿por qué me has abandonado y dejas que el malhechor escape y yo muera injustamente?
Y en verdad yo digo que la voz, el rostro y la persona entera de Judas eran tan similares a la de Jesús que los discípulos y los creyentes pensaron que era él. Hasta tal punto fue así, que algunos abandonaron la doctrina de Jesús creyendo que Jesús había sido un falso profeta y que los milagros que había hecho se debían a la magia. Jesús había dicho que él no iba a morir hasta que estuviera cerca el fin del mundo y que en estos momentos presentes, sería sacado del mundo.
Pero a pesar de la pena sufrida por los que se mantenían firmes en la doctrina de Jesús, al ver que moría alguien que era exactamente igual a él, recordaron ahora las palabras que había dicho Jesús. Y acompañando a la madre de Jesús fueron al Monte Calvario y no sólo estuvieron presentes en la muerte de Judas, llorando sin cesar, sino que gracias a Nicodemo y a José de Arimatea lograron obtener permiso del gobernador para enterrar el cuerpo de Judas. Y así fue; bajaron el cuerpo de la cruz con tal llanto que, de seguro, nadie querrá creerlo, y tras ungirlo con cien libras de preciosos ungüentos lo enterraron en el sepulcro nuevo de José.
Luego cada uno volvió a su casa. El que esto escribe, acompañado de Juan y su hermano Santiago, fueron con la madre de Jesús de Nazaret.
Los discípulos que no temían a Dios fueron por la noche al sepulcro, robaron el cuerpo de Judas y lo escondieron, propagando al mismo tiempo el rumor de que Jesús había resucitado; ello dio lugar a una gran confusión. El sumo sacerdote ordenó entonces, bajo pena de excomunión, que nadie hablara de Jesús de Nazaret. Y de esta manera comenzó una terrible persecución en la que muchos fueron lapidados y azotados y otros desterrados al no poder permanecer callados con respecto a este asunto".
(El Evangelio de Bernabé: 214-218).
Según Bernabé, no fue sino hasta después de la supuesta muerte de Jesús, cuando éste se presentó ante María y algunos de los discípulos informándoles de lo que realmente había sucedido:
"Jesús vino, envuelto en un gran resplandor, a la habitación donde estaban María la Virgen con sus dos hermanas, y Marta y María Magdalena, y Lázaro, y el que esto escribe, y Juan, Santiago y Pedro. Cuando vieron esto les atenazó el miedo y cayeron al suelo como muertos. Jesús levantó del suelo a su madre y a los demás y dijo: 'No temáis pues soy Jesús; y no lloréis puesto que no estoy muerto sino vivo. Todos los presentes permanecieron en silencio durante largo tiempo sin dar crédito a lo que veían puesto que todos creían que Jesús estaba muerto. Y entonces la Virgen llorando, dijo: 'Dime hijo mío.¿cómo es posible que Dios que te había dado el poder de resucitar a los muertos ha hecho que tú mueras avergonzando así a tus parientes y amigos y a tu propia doctrina? Puesto que todos los que te aman han estado como muertos'.
Y Jesús, abrazando a su madre contestó: 'Créeme madre, puesto que en verdad te digo que no he muerto en absoluto; Dios me ha protegido hasta que el fin del mundo esté cercano'. Y dicho esto pidió a los cuatro ángeles que aparecieran ante todos y dieran testimonio de lo ocurrido.
Y los ángeles se manifestaron como cuatro soles radiantes, y los presentes atemorizados de nuevo, cayeron al suelo desvanecidos. Y entonces Jesús dio a cada uno de los ángeles cuatro lienzos de lino para que se cubrieran y así poder ser vistos y oídos por su madre y sus compañeros. Y tras haber levantado del suelo a cada uno de ellos los tranquilizó diciendo: 'Estos son los ministros de Dios: Gabriel, el que anuncia los secretos de Dios. Miguel, el que lucha contra los enemigos de Dios. Rafael, el que recibe las almas de los que mueren. Y Uriel, el que ha de llamar a todos al Juicio de Dios en el Ultimo Día'.
Y entonces los cuatro ángeles relataron a la Virgen cómo Dios había enviado a por Jesús, y cómo había transformado a Judas para que sufriera el castigo al que había vendido a otro". (El Evangelio de Bernabé: 2 19-220).
Según Bernabé, Jesús se quedó durante tres días con su madre y sus discípulos más cercanos para darles a ellos, y a algunos pocos discípulos más, la oportunidad de estar con él más tiempo:
"Y entonces Jesús nos ordenó llamar a sus discípulos más leales para que pudieran verlo. Santiago y Juan reunieron a los siete discípulos, a Nicodemo y José, y a muchos otros de los setenta y dos; y todos comieron con Jesús.
El tercer día dijo Jesús: 'Id al Monte de los Olivos con mi madre puesto que allí es donde ascenderé a los cielos y podréis ver quién me ha de ayudar'. Y todos fueron excepto veinticinco de los setenta y dos discípulos que habían huido a Damasco atemorizados. Y cuando estaban reunidos orando, a eso del mediodía apareció Jesús rodeado de una gran multitud de ángeles que alababan a Dios. Y el resplandor de su rostro les atemorizó enormemente cayendo al suelo con sus rostros contra la tierra. Pero Jesús los levantó y tranquilizó diciendo: 'No temáis, yo soy vuestro maestro.
Y reprendió a los que habían creído su muerte y posterior resurrección diciendo: '¿acaso me tomáis a mí y a Dios por mentirosos? Dios me ha concedido vivir hasta que el fin del mundo esté cercano. Y en verdad os digo que no fui yo quien murió sino Judas el traidor. Pero tened cuidado porque Satán hará todo lo posible por engañaros; pero vosotros seréis testigos ante todo Israel y ante el mundo entero de todo lo que habéis visto y oído'.
Dichas estas palabras, Jesús pidió a Dios por la salvación de los creyentes y la conversión de los pecadores. Acabada la oración abrazó a su madre diciendo: 'La paz sea contigo, madre mía, descansa en el Dios que nos ha creado a ti y a mí. Y luego se volvió a sus discípulos y dijo: 'Que la bendición y la misericordia de Dios sean con vosotros'.
Y fue entonces cuando ante los ojos de todos, los cuatro ángeles lo alzaron a los cielos.
Cuando Jesús se hubo ido, los discípulos se desperdigaron por las diferentes partes de Israel y del resto del mundo, y la verdad, tan odiada por Satán, fue perseguida como siempre lo ha sido, por la falsedad. Puesto que algunos hombres perversos, haciéndose pasar por discípulos, dijeron que Jesús había muerto pero no había resucitado. Otros dijeron que Jesús había muerto pero sí había resucitado. Y otros dijeron, y todavía lo dicen, que Jesús es el Hijo de Dios, y entre ellos está Pablo el engañado. Pero nosotros, como se ve en todo lo que he escrito, esto es lo que enseñamos a los que temen a Dios, para que así se salven en el Último Día del Juicio de Dios. Amen" (El Evangelio de Bernabé: 221-222).
A
pesar de que —como ocurre con todos los Evangelios— es imposible
verificar con absoluta certeza el contenido del Evangelio de Bernabé
al no existir un manuscrito anterior, original y auténtico, su
narración de lo ocurrido tiene sentido y explica la confusión
que rodea los acontecimientos sucedidos en la detención y posterior
crucifixión. Explica también por qué algunas narraciones,
escritas por personas que no estaban presentes en estos sucesos dan validez
a la creencia de que Jesús fue realmente crucificado. Lo más
importante quizás es que la versión de Bernabé no
contradice lo contenido en el Corán, que es la única declaración
al respecto que puede considerarse cierta en nuestros días.
Existen también varias fuentes históricas aparte de la Biblia
y el Corán que confirman el hecho de que muchos de los primeros
cristianos no creían que Jesús había muerto en la
cruz; donde no parece haber total acuerdo es sobre si fue o no el que
iba a traicionar a Jesús quien fue finalmente crucificado. Los
Cerinthias y luego los Basilidianos, por ejemplo, ambos grupos pertenecientes
a las primeras comunidades cristianas, negaban que Jesús fuera
crucificado pero creían que fue Simón de Cirenea el que
ocupó su lugar. Cerinthus, un contemporáneo de Pedro, Pablo
y Juan, negaba también la resurrección de Jesús.
Los Carpocratianos, otra de las primeras sectas cristianas, creían
que el crucificado no había sido Jesús sino uno de sus seguidores
que se parecía mucho a él. Plotinus, que vivió en
el siglo IV, nos narra que había leído un libro titulado
Los Viajes de los Apóstoles en el que se narran los hechos de Pedro,
Juan, Andrés, Tomás y Pablo. Entre otras cosas, el libro
afirma que Jesús no fue el crucificado sino otro en su lugar, riéndose
en consecuencia de los que creían haberlo hecho. Así pues,
a pesar de que está claro que Jesús no fue crucificado,
las fuentes difieren o no especifican quien ocupó su lugar; otras
opiniones, por el contrario, emitidas dos mil años después,
dudan del acontecimiento:
"Cuando se comprueba que la lista de ultrajes atribuidos a los soldados romanos repite casi verbalmente algunos pasajes del Antiguo Testamento... es cuando se empieza a sospechar que el episodio descrito no es más que una mera invención"
No hay ninguna otra descripción histórica conocida que describa lo ocurrido con Jesús después de la "crucifixión" excepto las contenidas en el Evangelio de Bernabé y en el Corán. Como ya hemos visto, ambas describen el episodio conocido como la "Ascensión" -cuando Jesús es sacado de este mundo- suceso que también está descrito en el Evangelio de Lucas y en los Hechos de los Apóstoles pero que, como señala el Dr. Maurice Bucaille, ni siquiera es mencionado en los otros tres Evangelios oficialmente aceptados:
"Los Evangelios de Mateo y Juan no hablan de la Ascensión de Jesús. El de Lucas la sitúa en el día de la Resurrección y cuarenta días después en los Hechos de los Apóstoles, de los que se afirma que Lucas es el autor. Marcos menciona el suceso (sin darle fecha) en una declaración que hoy no se considera auténtica. En consecuencia, la Ascensión carece de base sólida en lo que a las Escrituras se refiere. Sin embargo, los comentaristas tratan esta importante cuestión con increíble ligereza."
Por último y ya que Jesús aún no ha vuelto a este mundo, como él mismo prometió y como predijo el Profeta Muhammad, que Allah bendiga y conceda paz a ambos, es evidente que la vida de Jesús en este mundo aún no ha concluido y en consecuencia la narración histórica de las misma debe permanecer inconclusa a pesar de que, como veremos en el capítulo 10, existen ya algunas descripciones de sucesos de la vida de Jesús que tendrán lugar a su regreso.
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