Islam
en Andalus
Ahmad
Thomson & Muhammad 'Ata'ur-Rahim |
Capítulo
Dos
( Parte
I )
Los Musulmanes
en Andalus

Los
musulmanes llegaron a la orilla de África que están frente
a la Península Ibérica en una época en que la gran
mayoría de godos arrianos que alguna vez vivieron allí,
habían sido eliminados o expulsados del país por los católico
romanos. Además, en tal época, la persecución de
los judíos alcanzó su punto más elevado. Sólo
dieciocho años antes de que llegasen los musulmanes, una sublevación
judía fue despiadadamente aplastada por los gobernantes de Andalus,
que estaba siendo gobernada por un rey llamado Roderick con un sistema
feudal decadente que disfrutaba del apoyo de la Iglesia Católica
Romana oficial. Una gran parte de la población estaba extremadamente
descontenta con el statu quo existente. No sólo estaban preparados
para ayudar a los musulmanes una vez que estuviesen en la península,
sino que incluso sus jefes, en especial un hombre llamado Julián
(Ilyan), ayudaron activamente a los musulmanes a planear su estrategia
y a cruzar hacia la península.
Se
dice que Ilyan, que era a la sazón gobernador de Tanger y Ceuta
(en representación del rey Roderick), mandó a su hija a
Toledo para que fuese educada en dicha ciudad, que entonces era la capital
de los visigodos. Roderick se enamoró de ella, ésta le rechazó
y, por ello, la violó. Cuando Ilyan se cercioró de la verdad,
tomó el camino hacia Qairawan para encontrarse con Musa ibn Nusayr,
que era el gobernador de los musulmanes en el norte de África:
“Le
contó lo que le había sucedido a su hija y, ansioso por
vengar el ultraje de su enemigo, le propuso la conquista de Andalus,
empresa que se la presentó como de muy fácil realización.
Describió Andalus como un extenso reino, lleno de riquezas de
todo tipo, cuyas mujeres serían muy bellas esclavas, un país
donde abundaban las fuentes, jardines, ríos y una tierra que
sobrepasaba cualquier descripción de frutos y plantas. Musa,
que era hombre dotado de agudeza e ingenio y que tenía gran experiencia
en los asuntos de la guerra, le dijo al cristiano ‘No dudamos
de que nos digas la verdad, pero tememos por el bien de los musulmanes
y por los peligros que puedan encontrar. Deseas que invadan un país
del que no están mínimamente informados, y del que están
separados por un mar que se interpone, mientras que ustedes están
unidos a su rey por los lazos comunes de los idólatras, y están
unidos a las gentes de su país por las mismas costumbres y la
misma religión. Pero regresa a tu territorio, reúne a
tus vasallos y simpatizantes, cruza el Estrecho en persona y cuando
hayas hecho esto, empieza las hostilidades, que entonces será
el tiempo de que nosotros sigamos tus pasos, insh’Allah’”.
(1)
Ilyan
hizo como se le había pedido. Reunió un pequeño ejército,
cruzó hacia Andalus y volvió pronto cargado de cautivos
y botín. De esta manera no había ya posibilidad de reconciliación
entre él y el rey Roderick. Mientras tanto, Musa había escrito
al califa Al-Walid Ibn’ Abdu’l-Malik en Damasco y obtuvo el
permiso para seguir la propuesta de Ilyan, siempre que primero explorara
el terreno con un pequeño destacamento, a fin de poder juzgar la
fuerza real del ejército de Roderick y asegurarse de que los musulmanes
no serían traicionados.
Al
enterarse de la exitosa incursión de Ilyan en Andalus, un pequeño
ejército de bereberes, al mando de una hombre llamado Tarif, cruzó
el estrecho y obtuvo un éxito similar. Ilyan fue donde Musa por
segunda vez y le urgió nuevamente a que emprendiera la conquista
de Andalus. Musa mandó llamar a su liberto Tariq Ibn Ziyad, lo
puso al frente de doce mil árabes y bereberes y le ordenó
que invadiese Andalus con la ayuda de Ilyan y sus tropas. Ilyan proporcionó
los barcos necesarios y, en un día de verano del año 711
AD (92 AH), izaron las velas rumbo a Andalus. En el camino, Tariq decidió dormir
un poco antes de llegar a su destino:
“Dicen que mientras navegaba a través de este brazo de
mar que separa África de Andalus vio en un sueño al Profeta
Muhammad, que la bendición y la paz de Allah sean con él,
rodeado de árabes de los Muhajirun y los Ansar, que Allah esté
complacido con ellos, quienes estaban de pie cerca de él con
la espada desenvainada y los arcos cargados, y que oyó al Profeta
decir: ‘Ten ánimo, ¡Oh Tariq! y cumple lo que estás
destinado a cumplir’; y que al mirar a su alrededor vio al Mensajero
de Allah, que la bendición y la paz de Allah sean con él,
que estaba entrando con sus Compañeros en Andalus. Entonces Tariq
despertó de su sueño y, encantado con este buen augurio,
se apresuró a comunicar la circunstancia milagrosa a sus seguidores,
quienes se sintieron complacidos y reconfortados. El mismo Tariq quedó
tan impresionado por el sueño que, a partir de ese momento, no
dudó en absoluto de la victoria”. (2)
Echó
anclas cerca de lo que es hoy conocido como Gibraltar, derivado del árabe
‘Jabal Tariq’, la montaña de Tariq. Entonces, al amparo
de la oscuridad, el ejército desembarcó sin que nadie se
apercibiera. Una vez el ejército en tierra, Tariq prendió
fuego a los barcos e informó a sus tropas de que su elección
era simple:
Debían
o conquistar Andalus o morir en el camino de Allah.
Después
de varias pequeñas escaramuzas en el sur, la presencia de los musulmanes
llegó a oídos de Roderick, quien había estado ocupado
combatiendo una sublevación de los vascos en el norte de la península.
Reunió a sus ejércitos y se dirigió a su encuentro
al frente de una caballería de cien mil hombres:
“El
tirano venía en una litera llevada por tres mulas en fila; un
palio abovedado, salpicado de perlas, rubíes y las más
ricas joyas, le cubría para protegerle de los rayos del sol;
iba vestido con una túnica hecha con cordones de perlas entretejidas
con seda y seguido por largas filas de mulas, cuya única carga
eran cuerdas para atar los brazos de los cautivos, porque no dudaba
que pronto haría prisioneros a todos los árabes ...
Roderick
marchó hacia Córdoba con su ejército, pensando
en atacar a Tariq. Cuando estuvieron cerca, Roderick escogió
de entre sus hombres a uno de conocido valor y experto en los asuntos
y estratagemas de la guerra. Roderick le ordenó que fuese bajo
cualquier pretexto al campamento de Tariq y observase los movimientos
de sus hombres, para poder informarle acerca de su número, aspecto
y presencia general ...
El
hombre hizo como se le había ordenado y se aproximó a
las tiendas de los musulmanes. Tariq, informado de ello, puso en práctica
la siguiente estratagema para impresionar a sus enemigos. Ordenó
que la carne de los cadáveres fuese cortada en pedazos y que
fuese preparada como para ser servida en la comida de los hombres. Los
hombres de Tariq hicieron como se les ordenó, cortaron los cuerpos
humanos y cocinaron su carne en grandes calderos. Cuando el mensajero
de Roderick vio esto, no dudó de que los musulmanes se alimentaran
de cadáveres. Sin embargo, Tariq, habiendo hecho enterrar secretamente
la carne humana durante la noche, puso buey y cordero en su lugar; cuando
por la mañana llamaron a los hombres a compartir su comida, el
mensajero de Roderick también fue invitado, y comió con
ellos.
La
comida acabó, el mensajero volvió a su señor y
le dijo: ‘Tu reino ha sido invadido por gente que se alimenta
de cadáveres; su descripción es como la que encontró
en el palacio sellado; han prendido fuego a sus naves, y parecen decididos
a conquistar o perecer’. Estas noticias llenaron a Roderick y
a sus hombres de una gran consternación, mas la conquista era
ya inevitable”. (3)
Los
dos ejércitos se encontraron a orillas del Guadalete; el de Roderick
comprendía unos cien mil hombres, el de Tariq constaba de doce
mil a diecisiete mil. Se dice que Tarik se dirigió a los musulmanes
con las siguientes palabras:
“¿A
dónde pueden escapar? El enemigo está al frente, y el
mar detrás. ¡Por Allah! No hay salvación para ustedes
sino en su coraje y en su perseverancia. Fíjense en su situación:
ustedes están aquí en esta isla como tantos huérfanos
lanzados al mundo; pronto se encontrarán con un enemigo poderoso
rodeándoles por todas partes como enfurecidas olas de un mar
tempestuoso, que enviará contra ustedes sus innumerables guerreros,
zambullidos en acero y provistos con cada pertrecho y cada descripción
que hay de armas. ¿Qué pueden oponerle? No tienen otras
armas que sus espadas ni más pertrecho que el que puedan arrebatar
de las manos de sus enemigos. Deben entonces atacarlos inmediatamente
o sus carencias aumentarán, los vientos de la victoria puede
que no soplen más en su favor y tal vez el temor que acecha el
corazón de sus enemigos pueda cambiarse en un valor indomable.
Destierren todo temor de sus corazones, confíen en que la victoria
será nuestra, y que el rey infiel no será capaz de resistir
el choque de nuestras armas. Aquí viene él a hacernos
señores de sus ciudades y castillos, y a entregar en nuestras
manos sus incontables riquezas, y si sólo cogieran la oportunidad
que se les presenta, tal vez sea la manera en que se conviertan en propietarios
de todo ello, además de salvar de una muerte cierta.
No
crean que les impongo una tarea de la que yo mismo huyo, o que trato
de ocultarles los riesgos de esta expedición. No: tienen ciertamente
mucho con lo que salir al encuentro, pero sepan que si sufren sólo
por un momento, al final recogerán una abundante cosecha de placeres
y disfrutes. Y no crean que mientras les hablo pienso actuar de modo
distinto a como hablo, porque mi interés en este asunto es mayor
que el suyo, por lo que mi comportamiento en esta ocasión sobrepasará
al de ustedes. Deben haber escuchado numerosos relatos de esta isla;
deben haber escuchado cómo las doncellas griegas, tan bellas
como las huríes, con sus cuellos brillando de perlas y joyas
innumerables, con sus cuerpos vestidos de túnicas de costosa
seda rociada de oro, están esperando su llegada, reclinadas en
suaves sofás en los suntuosos palacios de señores y príncipes
coronados.
Saben
bien que el Califa ‘Abdu’l-Malik ibn al-Walid les ha escogido,
como a muchos héroes, de entre los aguerridos; saben que los
grandes señores de esta tierra quieren hacerlos sus hijos y hermanos
por medio de matrimonios, si tan sólo se precipitan como verdaderos
hombres aguerridos al combate; saben que el premio de Allah les espera
si están preparados para defender Sus Palabras y proclamar su
Din en esta isla; y, por último, que todo el botín será
de ustedes, y de todos los musulmanes que puedan estar con ustedes.
Recuerden que Allah el Todopoderoso, según su promesa, seleccionará
a aquellos que se distingan más entre ustedes, y les garantiza
un gran premio, tanto en este mundo como en el otro. Y sepan igualmente
que yo seré el primero en darles el ejemplo, y en poner en práctica
lo que les recomiendo que hagan, pues es mi propósito, al encontrarse
los dos ejércitos, atacar al tirano cristiano Roderick y matarle
con mi propia mano, insh’Allah.
Cuando
me vean cargar contra él, carguen ustedes junto conmigo; si le
mato, la victoria es nuestra; si me matan antes de que le alcance, no
se angustien entre ustedes por causa mía, sino que peleen como
si aún viviera y estuviera entre ustedes, y cumplan mi deseo,
pues en el momento en que ellos vean a su rey que cae, esos infieles
seguramente se dispersarán. De cualquier modo, si yo fuera a
ser muerto, luego de dar muerte a su rey designen a un hombre entre
ustedes que tenga tanto valor como experiencia, y que les pueda dirigir
en esta emergencia, y pueda alcanzar el éxito. Si hacen caso
a mis instrucciones, ¡estamos seguros de la victoria!”.
(4)
Entonces
los dos ejércitos, lenta y decididamente, avanzaron uno en dirección
del otro, acercándose el momento de la batalla:
“El
rey Roderick venía conducido en un trono, teniendo sobre su cabeza
un arreglo de seda abigarrada que le protegía de los rayos del
sol, circundado de guerreros forrados de acero brillante, con pendones
revoloteantes y una profusión de banderas y estandartes.
La
gente de Tariq estaba revestida de distinta manera. Sus pechos estaban
recubiertos con armaduras blindadas; usaban turbantes blancos en
sus cabezas; los arcos árabes colgaban sobre sus espaldas;
sus espadas estaban suspendidas sobre sus fajas, y sus manos agarraban
firmemente largas lanzas.
Dicen
que cuando los dos ejércitos estaban avanzado uno sobre el otro,
y los ojos de Roderick cayeron sobre los hombres de las primeras posiciones,
se quedó horrorizado, y se le escuchó gritar ‘¡Por
la fe del Mesías! Estos son los mismos hombres que vi pintados
en el rollo encontrado en la casa de la ciencia en Toledo’, y
desde ese momento el miedo entró en su corazón; y cuando
Tariq percibió a Roderick le digo a su gente ‘Éste
es el rey de los cristianos’, y cargó contra esos hombres,
siendo puestos en fuga y dispersados los guerreros que rodeaban a Roderick.
Al ver ello, Tariq se adentró en las posiciones enemigas hasta
que alcanzó al rey, le hirió en la cabeza con su espada
y lo mató en su trono. Y cuando los hombres de Roderick vieron
que su rey caía y que su guardia personal se dispersaba, la derrota
total se generalizó y los musulmanes obtuvieron la victoria”.
(5)
Se
dice que en la confusión general que se produjo, según que
los soldados cristianos que habían sido derrotados huían
por sus vidas, el cuerpo del rey Roderick desapareció:
“Estaban
siendo seguidos muy de cerca por los musulmanes, que dejaban muertos
entre sus bandas dispersadas y haciendo a muchos de ellos prisioneros.
Lo que fue de su rey, Roderick, nadie lo sabe. Ellos pretenden que,
al escapar de sus perseguidores, trató de ocultarse entre la
maleza a orillas del río, pero que llegó a un pantano
y se ahogó; en prueba de lo cual se dice que unos soldados hallaron
una de sus sandalias adornada con perlas y rubíes, con los cordones
aún puestos, que sin duda había caído de uno de
sus pies. Tan preciosos eran sus materiales que cuando se hizo la división
del botín, después de la batalla, fue valorado en cien
mil dinares. Por lo demás, los musulmanes saquearon completamente
el campamento de Roderick, y avanzaron a derecha e izquierda del país,
consiguiendo en todas partes un botín considerable, del cual
Tariq se encargó de separar un quinto para las arcas reales;
el resto lo distribuyó entre los que habían participado
en la batalla, con lo cual se llenaron las manos de sus hombres y, todos,
sin excepción, se enriquecieron.
Cuando
la gente de allende el estrecho conoció el éxito de Tariq
acudieron a él de todas partes, desde el este tanto como desde
el oeste. Musa mandó inmediatamente un mensajero al califa Al-Walid,
informándole de las victorias conseguidas por los musulmanes.
Tariq, entre tanto, se encaminó a Toledo y la tomó. Fue
entonces a un lugar más allá de la ciudad, en donde halló
en la iglesia principal la tabla de Sulayman, hijo de Da’ud, con
ellos sea la paz, la cual era tan hermosa de contemplar, que a cualquiera
que la veía se le desvanecía el mundo de sus ojos. Estaba
incrustada con piedras preciosas de varios tipos y matices, así
como con maderas aromáticas; además, estaba de lo más
hermosamente ornamentada con varias inscripciones en la lengua griega.
Pero ésta no fue la única joya que Tariq encontró; se
apoderó igualmente de veintiún copias de la Torah, los
Evangelios y los Salmos, así como de una copia del libro de Abraham,
y otra del de Moisés, que las bendiciones de Allah sean con ellos.
Asimismo, encontró veinticinco diademas reales bellamente ornamentadas
con joyas; cada diadema por cada uno de los reyes que habían
gobernado sobre el país, pues era costumbre entre ellos que depositaran
por cada monarca, antes (sic) de su muerte, una corona de oro con una
inscripción indicativa de su nombre, su descripción personal,
la duración de su vida y su reino, y los hijos que tuvo.
Encontró
también varios libros que trataban acerca del uso de las plantas,
los minerales y los animales, de una manera beneficiosa para el hombre,
además de muchos talismanes maravillosos, los trabajos de filósofos
de la antigüedad, y otro trabajo acerca del gran arte y sus raíces
y elixires. Todos estos objetos preciados, así como una inmensa
cantidad de rubíes y otra gemas coloridas, almacenados en urnas
de oro y plata de hermosa confección, y adornados con grandes
perlas, fueron los frutos de la conquista de Tariq.
Luego
de penetrar muy dentro en el país de los cristianos, Tariq regresó
a Córdoba y allí fijó su residencia. Se narra que
hizo la guerra a los incrédulos hasta que ellos vinieron a él
como viene el ganado, así como muchas bestias domesticadas, y
ello hasta que sus propios hombres estaban exhaustos por la excesiva
marcha y sus cuerpos estaban secos por las privaciones y la fatiga.
Y le dijeron unánimemente: ‘¿No hemos conquistado
ya suficientes países, pues parece que no estás satisfecho?’,
y Tariq se echó a reír, diciendo: ‘¡Por Allah!
Si yo sólo hiciera caso a mis deseos, marcharía con ustedes
hasta que hubiéramos alcanzado los portones de Roma, o los de
Constantinopla, y hubiéramos tomado posesión de esas ciudades;
pero como parecen cansados y fatigados, será mejor que regresen’
”. (6)
Se
dice que cuando Musa supo del rápido triunfo de Tariq, empezó
a sentir envidia de él. Tariq, en principio, había recibido
orden de atacar Andalus y después retirarse. En tales circunstancias,
Tariq halló justificado aprovecharse de su ventaja después
de su primera gran victoria sobre Roderick, y su rápida conquista
de la parte central de Andalus lo confirmó. Sin embargo, Musa temía
que Tariq empezará a ganar importancia ante el califa de Damasco
y quizás fuera elevado a un rango superior al suyo. Musa, que a
la sazón tenía ochenta años, cruzó así
hacia Andalus con un gran ejército en el año 712. Después
de conquistar varias ciudades en el oeste, incluida Sevilla, se encontró
con Tariq en Córdoba, donde lo reprendió y humilló
públicamente por haber desobedecido sus órdenes iniciales:
“Le
dijo a Tariq: "Tráeme todo el botín que hayas tomado
y los tesoros que hayas encontrado". Tariq le obedeció y
le trajo todo lo que había obtenido, así como una mesa
muy valiosa, pero sólo con dos patas, pues la tercera previamente
la había arrancado y escondido, previendo lo que iba a suceder.
Musa tomó posesión de estos tesoros sin ni siquiera dar
las gracias a Tariq, que fue el primero en adquirirlos. Respecto a la
mesa, estaba hecha de una sólida pieza de esmeraldas, pero como
se ha dicho, le faltaba una de las patas y todo el borde; viendo esto,
Musa le dijo: "Y de esto ¿qué?". Y Tariq respondió:
"Así la encontré". Y Musa le creyó e
hizo que se trajese una pata de oro y se pusiese en lugar de la que
faltaba; entonces pidió que le diese un quinto de todo el botín
que se había tomado desde su llegada a Andalus. Tariq también
cumplió con esta demanda y, de este modo, Musa se convirtió
en poseedor de incontables tesoros. Después de esto, Musa se
fue de Córdoba y se instaló en Toledo y llegó más
allá de esta capital, reduciendo no menos de dieciocho ciudades
de importancia, consiguiendo más botín y un gran número
de prisioneros; después de lo cual se volvió, pero perseveró
todavía en hacerle la guerra a los incrédulos.” (7)
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